viernes, 13 de marzo de 2015

La etapa sin Philip


El canal TCM le rinde homenaje estos días a Paul Thomas Anderson con motivo del estreno de Puro Vicio. En su honor se emiten Punch Drunk Love, Magnolia y Boogie Nights, película –esta última– que me viene a la cabeza tras ver el cartel de la última cinta del director. Puede que sea sólo por el entorno setentero y por el colorido, aunque el título también promete otros paralelismos, quién sabe.




Mientras miro los horarios de su última película en la cartelera pienso en la pereza que me da estos días meterme en los cines con un solito primaveral sevillano que cada vez es más duradero y que invita más a la cerveza al aire libre que al celuloide. La pereza aumenta al ver el escaso 6,2 que le otorgan los espectadores en Filmaffinity. Creo que es su nota más baja junto con The Master, la cual ya se me hizo bastante larga y tediosa en su momento. El tercer pilar de la pereza infinita que me provoca Puro Vicio no tiene nada que ver con la meteorología o las referencias, es más bien una ausencia: Philip Seymour Hoffman. Poco se sabía del actor neoyorkino hasta que Paul nos lo presentó y de su unión salieron dos prósperas carreras. Del amor hacia su actor predilecto ha hablado el director en más de una ocasión (aquí el enlace de la prueba) y salvo en Pozos de Ambición,  nos tenía acostumbrados a traérselo a la sala de cine. Ahora se hace raro. Creo que me resistiré unas semanas más a la película, aunque sólo sea para hacerme a la idea de que Puro Vicio inaugura otra etapa en la filmografía del director. La etapa sin Philip.