domingo, 29 de diciembre de 2013

Paradies: Hoffnung. El tercer y último paraíso.


Cuando esta entrada se publique yo andaré por Flandes comiendo gofres como si no hubiese un mañana. Adelantándome a ese hecho que será inevitablemente consumado, he planeado inaugurar el 2014 con una entrada dietética. Nada más propio para esta embaucadora época de propósitos ficticios. Cierro, además, un ciclo, porque tras el paraíso de la Fe y el del Amor, el que me quedaba era éste, el de la Esperanza.




Volvemos así a la obra de Ulrich Seidl. Contextualizando esta parte del discurso, nos encontramos a la devota Annamaria (protagonista de Paradies: Glaube) llevando a su sobrina a un campamento veraniego mientras la madre de ésta (Paradies: Liebe) anda por Kenya buscando el amor –o lo que sea– entre los salerosos hombres de la zona. Y así llega Melanie a un singular centro donde le van a enseñar a perder las lorzas y, de paso, muchas otras cosas. Sin gymkanas, pero con gimnasia, la joven pasará unos días luchando de forma férrea contra las calorías. Aunque el espíritu rebelde del adolescente tienda casi siempre a alejarse de la disciplina y se acerque más al desfase y al incumplimiento.




No puede negar esta entrega la relación con sus predecesoras. Con sus planos estáticos y simétricos y sus personajes castigados, la firma del director austríaco es evidente. Y quizás sea por lo dietético, pero en esta ocasión parece que todo tiene menos chicha y la juventud termina ofreciendo un resultado menos bizarro a un espectador ya extrañamente acostumbrado a la peculiaridad de esta familia. O será que albergaba yo muchas esperanzas en esta película con un nombre –a su vez– tan esperanzador.




Me atrevo a decir (sin peso de por medio) que Melanie no baja ni un gramo, aunque conoce el amor verdadero. Y si el camino a la Fe de Annamaria era bastante discutible y Teresa allá por Kenya termina perdiendo un poco el norte (nunca mejor dicho), la experiencia de la sucesora no es mucho más positiva. Si atendemos a la trilogía de este director, supongo que deberíamos sacar como conclusión que la juventud es un asco, pero que ésta es sólo la antesala de todos los ascos que nos quedan por vivir. Pero eso sería hacerle mucho caso al austríaco. Siempre punzante; a veces entretenido, otras cansino. En cualquier caso, yo les deseo un 2014 con Fe, Amor y Esperanza, pero no de las de Ulrich, sino de las del montón ;)


martes, 24 de diciembre de 2013

Feliz Navidad


Con esta criatura tan navideña os deseo unas fiestas la mar de felices. Nos veremos en unos días con  el inevitable empacho de cada año. Muack.



jueves, 19 de diciembre de 2013

De Abdellatif Kechiche, Adèle Exarchopoulos y Nelson Mandela


Abdellatif Kechiche
Desde que Abdellatif Kechiche se llevara a casa la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, La vida de Adèle se ha convertido en una de esas películas europeas imprescindibles cada temporada. Tengo que confesar que yo al cine fui con cierto recelo, aunque fuesen muchos –y fiables– los buenos comentarios que sobre la cinta me llegaban. El motivo era básicamente el cine de este tunecino/francés, tan amante de las historias de arrabales –sosas para mi gusto– bien sobradas de minutos. Andaba yo preparada para encontrarme algo parecido a Cuscús, esa película que en 2007 se llevó el Premio especial del Jurado en Venecia y arrasó en los César con una innecesariamente larga historia de emigrantes norteafricanos en el sur de Francia. Poniéndome en lo peor, hasta podía encontrarme con algo parecido a La escurridiza o cómo esquivar el amor, film adolescente y suburbial que también triunfaría (aún me pregunto por qué) en los Premios César de 2003. Algo más fresco estaba Kechiche en su ópera prima, La faute à Voltaire (La culpa la tiene Voltaire) que abordaba también el tema de la inmigración pero con un resultado bastante más ágil.


Probablemente la celebrada Adèle no esté lejos de todo eso. Basada en el cómic Le bleu est une couleur chaude, la historia se sitúa en el extrarradio parisiense y vuelve a tener a una adolescente por protagonista. Una joven con muchas ganas de conocer mundo que comienza su despertar sexual tanto en su acera como en la de enfrente, y que no tardará en probar las mieles del amor más intenso, el primero. Y si en realidad el resultado no es en esta ocasión tan diferente, cabría preguntarse por qué ahora todo es mucho más emocionante y al espectador no le pesan los 180 minutos de la cinta como una losa. ¿Ha dado ya Kechiche definitivamente con la tecla? Supongo que no, pero el director tiene ahora una pieza que antes no tenía, y no es otra que la actriz que da vida a la protagonista, Adèle Exarchopoulos. Porque viene a ser ella la que hace la película grande y la que consigue la empatía del espectador. Natural a rabiar, definitivamente no habría una Adèle sin Adèle. 


Pero si hay una película en la filmografía del tunecino que se sale por la tangente, ésa no es la basada en la ya mencionada jovencita parisina, sino la que se inspira en una mujer real, Saartjie Baartman. Venus Negra (2010) nos mostraba el lado más oscuro de Kechiche, que procedía sin paños calientes con este trágico biopic. Otra vez una inmigrante, sí, pero con un tono bastante más macabro. Una khoikhoi del sudoeste africano, llega a Inglaterra a principios del XIX para protagonizar una desagradable atracción circense: "La Venus Hotentote". Interpretando su número diligentemente –aunque no con agrado–, llama la atención de algunos colectivos que se oponen al espectáculo de la africana y de su jefe/amo. Durante el acto, Sara se comporta como un animal violento que sólo obedece a las órdenes de su domador. A ratos domesticada, otra parte del evento consiste en resaltar los atributos naturales de la Khoikhoi –unos glúteos descomunales– de los que el espectador puede dar buena cuenta tocándole el trasero. El debate sobre la voluntariedad de Sara en semejante sarao acaba con el negocio en tierras británicas y provoca su traslado a París, donde los espectadores no son tan reticentes con ciertas cuestiones morales. Cada vez con menos ropa y con un final de número más subidito de tono, Sara termina ejerciendo como prostituta, profesión que practica hasta su muerte, a los 25 años. Eso fue en 1815 y entonces sólo interesó a algunos científicos, que se pusieron manos a la obra rápidamente con el cadáver. Se realizó un molde con su figura y su esqueleto, su cerebro y sus genitales se expusieron en el Museo del Hombre de París. Allí continuó llamando la atención de los curiosos hasta 1974 y sólo tras la solicitud de repatriación de Nelson Mandela, pudo Saartjie abandonar tierras europeas y regresar a casa, a África, donde recibió al fin una sepultura de las ordinarias. Aunque considerando esta película, la Baartman sigue dando espectáculo. Ahora con otras intenciones, afortunadamente. 


lunes, 2 de diciembre de 2013

ANIMALADAS


De oca a oca y tiro porque me toca. En Sevilla le estamos cogiendo el gusto a los festivales, no podemos negarlo. El Animalada es un pequeño proyecto que verá la luz en breve y que, conociendo a la gente que tiene detrás, podría llegar a ser muy grande. Profesionales de la animación se reúnen del 11 al 14 de diciembre para hablar del panorama animado con conferencias, mesas redondas y –para los que estén tan pegados como yo en los aspectos técnicos–  suculentas proyecciones. Ahí tendrán cabida cortos inéditos o películas como La princesa MononokeChico & Rita. Así que si andan por aquí no duden en echarle un vistazo a su programación. Promete.