miércoles, 25 de septiembre de 2013

Smila, misterio en la taquilla

No atino mucho últimamente con lo que me llevo al buche de la parrilla televisiva, así que no me queda otra que hablar de dos películas vistas hace unos días y que me resultaron soberanamente aburridas. Y eso que tampoco tenían tan mala pinta. La cosa es que hasta que no me animé a destriparlas en el blog, no caí en que las dos tenían bastantes cosas en común.

La primera es del año 1997, obra del reputado Bille August y cuenta con nacionalidad danesa. Tras dirigir la oscarizada y hermosa Pelle el Conquistador y coquetear con los USA en La casa de los espíritus, August toma la novela de su paisano Peter Høeg (La señorita Smila y su especial percepción de la nieve) y se pone manos a la obra con un notorio reparto: Julia Ormond, Gabriel ByrneRichard HarrisVanessa Redgrave y Mario Adorf (sobre este último no se pierdan esta estupenda entrada de Belane, que hizo que yo le pusiera nombre a este señor...). La protagonista, una mujer curtida en las propiedades de la nieve, es uno de los personajes más ásperos vistos en la gran pantalla. Y sin motivos para odiarla, pero tampoco para sentir hacia ella el más mínimo cariño, Smila se queda sola en esa investigación que emprende para averiguar el porqué de la muerte de un niño esquimal vecino suyo. Ignoro si la voluntad del director era transmitir frialdad, pero el resultado es que a la media hora uno se cansa de Smila, de la historia, del niño y de la esquimala que lo parió.



Ahora en Francia y en el año 2006, Guillaume Nicloux se anima en circunstancias similares. Con una historia de Jean Christophe Grangé (autor de "Los ríos de color púrpura") y un elenco que incluye a Monica Bellucci, Catherine Deneuve o Moritz Bleibtreu, crea un thriller paranormal que finalmente no convence a nadie. Una madre adoptiva que teme por su pequeño y marcha a Mongolia a ejercer de detective. Siendo el de Mónica un personaje mucho más agradable que el de su antecesora, tampoco consigue despertar interés, quizás por la rocambolesca y extra-sensorial trama. Para sus seguidores diré que tampoco sale la Bellucci tan potente como en otras ocasiones.



Y en mi búsqueda del origen de tanta insulsez me encontré con no pocas semejanzas, pues las dos películas comparten una fórmula que parece ser la causa de todos los males. A las pruebas me remito:
  • ambas películas son europeas;
  • se han basado en novelas con éxito;
  • su argumento se centra en un niño que sufre algún hecho extraño;
  • los niños tienen rasgos similares (uno es esquimal, el otro mongol);
  • cuentan con una fémina como protagonista, encargada de indagar el misterioso suceso;
  • sus proyectos supusieron una fuerte inversión en su realización; 
  • el reparto es internacional y de sobra conocido, y
  • a pesar de las expectativas se estrellaron por igual al llegar a las salas. 
Dos ejemplos más para nuestra lista de taquillazos-gatillazos. Aunque esta vez parece que el misterio está resuelto.


viernes, 13 de septiembre de 2013

El Este no es un burdel

O sí. A saber. Según se mire. Ya lo habrán escuchado y –sobre todo– visto. Kitty Green ha presentado recientemente en el Festival de Venecia el documental Ukraine is not a brothel (nadie le escucha, puede entonarlo con acento botellil si gusta) y en el acto las protagonistas de la cinta decidieron aparecer con las tetas al aire por cosas de la reivindicación/promoción de la cinta. Dios me libre de criticar tan legítima medida activista, aunque desde hace tiempo los desnudos me parezcan una forma bastante manida de llamar la atención. Cargada, en la mayoría de los casos, de una buena dosis de exhibicionismo. Mucho calendario pro-fin de curso de jovencísimas universitarias y muchos bomberos perfectamente tonificados en pro de alguna causa benéfica. Los vejestorios y los poco agraciados no son tanto de esta técnica. Normal.


Y como la que escribe no puede separarse de sus buenos modales británicos y no piensa desprenderse de su blusa con chorreras, va a utilizar esta entrada para solidarizarse con la causa de las ucranianas. Vaya por delante que yo el documental aún no lo he visto, pero me he tragado no pocas cintas de la Europa Oriental con temática, llamémosla, putera. El cine, en este caso, ofrece un fiel reflejo de la realidad que viven muchas jóvenes en este viejo continente. Así que no sé si denominar a Ucrania y sus países vecinos como un burdel (el burdel está en todas partes), pero me temo que en cualquier caso sí que aportan una suculenta cantera a los burdeles de medio mundo. Involuntaria frecuentemente. Pero ciñámonos a las películas de hoy, todas ellas puteras y –la mayoría– orientales.

  • Loverboy: En el 2011 el rumano Catalin Mitulescu ponía la cámara en los primeros eslabones de una red de trata de blancas. Una historia de amor adolescente poco común, afortunadamente.


  • Lilya for ever (2002):  Lukas Moodysson tras las más amables Fucking Amal y Juntos presentaba en esta ocasión una dura historia sobre una menor rusa con muchos problemas y pocas oportunidades. Una vida triste en una pequeña ciudad de la antigua Unión Soviética que no mejoraba al pisar la protagonista suelo sueco.No son de mi gusto sus momentos angelicales, pero la cinta no deja indiferente a nadie.


  • Your name is Justine (Franco de Peña, 2005): Producción luxemburguesa y director venezolano para esta desgarradora película que cuenta una historia muy parecida a la anterior de forma algo menos amable (si cabe). En este caso la trama comienza en Polonia y se desplaza a Alemania, donde la protagonista ejerce de esclava del siglo XXI. 


  • Iska's Journey (Csaba Bollók, 2007): En el Festival de Cine Europeo de Sevilla se comentaba aquel año que la cinta poseía una de las más hermosas escenas de amor infantil vista en el cine. Unos minutos dulces para una vida implacable, pues el viaje de Iska tenía un destino tan penoso como el de sus antecesoras. 


  • Slovenka (Call Girl), 2009: Cinta del esloveno Damjan Kozole con la prostitución y la presidencia de Eslovenia en la UE como fondo. Alexandra, una estudiante de filología inglesa de Ljubljana, se presenta como la única profesional voluntaria de la lista, aunque mantenerse al margen de las redes establecidas no le resulta nada fácil.


  • Bibliotheque Pascal, (2010). Yo ya he hablado de su director, el húngaro Szabolcs Hajdu, aquí, así que ahora le hago hueco a su otro largometraje. Me quedo en esta ocasión con el documental, porque este burdel/biblioteca se me hizo demasiado enrevesado...


A un par de meses del festival sevillano me juego el cuello a que veré alguna que otra cruda película de temática similar entre sus proyecciones. Se ve que aún no se han hecho las suficientes.



martes, 3 de septiembre de 2013

I have a dream

Como la puntualidad no es mi fuerte llego tarde a esa ola mediática que hace unos días recordaba el aniversario de aquel discurso tan impactante que pronunció Martin Luther King hace 50 años en Washington. A la espera de una película a la altura de las proezas del pastor de Atlanta, el blog dedica hoy su entrada a una actriz que comparte raza con el famoso orador: Butterfly McQueen.



Echándole un ojo a la wikipedia, me entero de que Butterfly era una bailarina a la que le hubiera gustado ser enfermera, que pronto renunció a su nombre originario –Thelma– porque lo detestaba y que fue su primer papel, el de la inolvidable Prissy, aquel por el que la recordarían toda la vida. Por entonces Butterfly tenía ya los 28 años (¿no parecía mucho más joven?) y estrenaba a lo grande una carrera que le permitiría trabajar con directores como Michael Curtiz, George Cukor o  King Vidor, haciendo casi siempre –eso sí– de chacha pavisosa.


Lo que el viento se llevó
Alma en suplicio
Duelo al sol

Por aquel entonces Hollywood no podía ofrecer mucho más a una afroamericana y ella debió terminar harta de servir a tanta estrella blanca y de que a ella nunca le tocase el galán, porque decidió trabajar cada vez menos y romper con la buena racha. Su último y minúsculo papel fue en la infravalorada La costa de los mosquitos, dando vida a uno de esos aborígenes cuyo universo se tambaleaba al recibir la visita de Harrisond Ford, un inventor muy trabajador y algo desquiciado.

La costa de los mosquitos

Corría el año 1986 y ahí acababa su relación con la gran pantalla, aunque Prissy la obligara a reaparecer de vez en cuando (como en el vídeo de más abajo) para que los espectadores no olvidáramos una de las voces más inconfundibles del cine.