lunes, 29 de julio de 2013

El globo rojo


Tras el vapuleo al cine gabacho del post anterior tenía dos opciones: continuar en esa línea con la última película vista (Cena de amigos, cinta totalmente prescindible) o buscar la reconciliación en otra parte. En este caso la paz la proporciona un simpático globo que llegó al cine en 1956 y se hizo con el Oscar al mejor guión original y la Palma de Oro al mejor corto en el Festival de Cannes. La verdad es que han hecho falta no una sino dos recomendaciones para que le meta mano al globo. Lo descubrí por primera vez en esta estupenda entrada del amigo Noodles, pero me la ha tenido que recordar recientemente David Amorós en esta otra. Y menos mal, que de cabeza ando fatal. Me hubiera quedado sin ver un tierno mediometraje ejemplo de todo lo que se puede hacer con 34 minutos, un niño y un globo.


La historia es simple. Pascal es un afectuoso niño que un día camino del colegio se encuentra un globo al que no piensa renunciar. Y aunque al principio pueda parecer que Pascal tiene algún don telequinético o incluso que el globo ha llegado a este mundo para tocarle un poco los cataplines al joven muchacho y a los que le rodean, lo cierto es que lo que surge entre el niño y el objeto (?) es una hermosa e intensa relación bastante singular. No era la primera vez que el director,  Albert Lamorisse, retrataba una amistad de estas características, pues tres años antes rodó Crin Blanca, con un argumento similar, donde la compañía a otro niño solitario la ponía un caballo. Entonces Lamorisse utilizaba la voz en off para narrar una historia basada en la libertad. Será en El globo rojo donde el director prescinda casi con totalidad de los diálogos, prestándose fácilmente a teorías conceptuales varias. Una de las más llamativas, sin duda, es la de Philip Kennicott, que realizó esta reseña para el Washington Post comentando que la película mostraba una fusión cristiano-capitalista bastante alejada de esa historia inocentona y pueril que se desarrolla ante el espectador. No sé yo si tanto, pero es innegable que el pequeño Pascal vive en la pantalla su ascensión y previo calvario. Por lo pronto You Tube vuelve a bendecirnos y, en esta ocasión, por partida doble, así que añado las películas mencionadas abajo.









lunes, 22 de julio de 2013

Pequeñas películas sin importancia


Creo que ya he comentado que desde que me mudé tengo una conexión a internet bastante mala que me saca de quicio con facilidad, aunque a cambio tengo tele por cable –todo no iba a ser malo– y un montón de canales con cine de lo más variopinto. Me estoy acostumbrando a tener una película siempre de fondo y a no importarme verla entera o a trozos. Vivir para ver. El caso es que hace un par de días me topé con la película de hoy, de la que había oído algo, pero no mucho, y decidí escogerla entre la competencia dado su llamativo elenco de actores: Jean Dujardin, Marion CotillardFrançois Cluzet bien se merecían una oportunidad. Teniendo claro que el cine francés puede ser hermoso y soporífero y a veces hasta esas dos cosas a la vez, me envalentoné con una cinta cuya franja horaria abarcaba 154 minutos (oh my God), venciendo así mi reticencia natural hacia las cintas excesivamente largas. La película no puede venirle mejor al periodo estival, ya que retrata las andanzas veraniegas de un grupo de amigos en una bella casa frente al mar. De todo el grupo menos uno, que se queda en tierra al sufrir un accidente. No tengo mucho que resaltar de la película, que a Pequeñas mentiras sin importancia, tal y como me temía, le sobran un buen puñado de minutos, pues sus a menudo insulsos diálogos no dan para mucho. Pese a todo, a mi me dieron para dar una cabezada, avanzar los ejercicios de inglés y limpiar el salón. Y no crean que le perdí el hilo a la historia, que es difícil perderse en estas cintas rodadas al ralentí. Pero algo sí que hay que reconocerle a Guilleume Canet (ese actor/director francés responsable de la cinta de hoy), y es que el muchacho para ciertas cosas tiene buen gusto: para las mujeres (ha estado casado con Diane Kruger y actualmente con la mismísima Cotillard) y para la música. Como ejemplo, esta selección de canciones extraídas del filme. Como verán, en la banda sonora se puede encontrar casi de todo:

Desde los enérgicos Jet, encargados de abrir la película


hasta un especialista en BSO como es Damien Rice,


pasando por clásicos como Janis Joplin o David Bowie.


Por encontrar, nos encontramos hasta con el mismísimo Canet,

                                 

aunque yo me quedo con esta preciosa pieza de Ben Harper:



Una agradable banda sonora para una de esas pequeñas películas sin importancia.

viernes, 12 de julio de 2013

Silver Tongues: los liantes elocuentes

El Cine-On se ha acabado (snif) y con él mis visionados de películas inéditas y mi labor como presidenta del jurado. Emitido el veredicto de la sección que me tocaba (Nuevas Miradas) me veo en la obligación moral de realizar una última entrada en honor a la vencedora de este apartado primerizo en este también primerizo pero memorable festival. Y no crean que lo de obligación lo digo porque no tenga ganas de recuperar la película, rememorarla y recomendarla –que de todo eso tengo ganas– sino porque no sé muy bien como hacerlo. Me explico. Silver Tongues no es una película sencilla en ese aspecto. No es una película que convenga conocer de antemano en exceso (¿alguna lo es?) para poder disfrutar plenamente de sus giros inesperados. Tampoco tiene una trama de fácil reseña en unas cuantas líneas, teniendo la que escribe cierta animadversión por las entradas demasiado largas. Además, y por último, me imagino que si me liara la manta a la cabeza y empezara a narrar lo que va sucediendo en el filme muchos emitirían un ¿ein? y pensarían que a Mara le ha dado el sol veraniego sevillano mucho tiempo en la cabeza y se ha quedado turulata. Y no es así (por ahora). Así que sólo voy a decir que Silver Tongues ofrece al espectador la oportunidad de irse de viaje con una pareja muy sui géneris y de disfrutar/padecer los siniestros juegos de ese par de enamorados.

El director y guionista, Simon Arthur, se inicia en el mundo cinematográfico con una cinta compleja, apoyado sobre todo en las dos interpretaciones principales: Lee Tergesen (qué me gustaba verle por aquella singular cárcel llamada Oz) y Enid Graham. Estando ambos soberbios, sólo Enid se ha hecho con el premio a la mejor actriz de la sección, pero es que la competencia de la chica era menor en una selección de películas con roles principalmente masculinos. El guión también ha salido victorioso, por lo que podemos decir que ha triunfado lo inesperado y lo rocambolesco. A lo mejor porque nos gusta que nos sorprendan, pero también –no nos engañemos– porque nos va que nos engatusen, nos embauquen y nos busquen las vueltas. Y para eso nadie mejor que esta extraña pareja, háganme caso.