domingo, 30 de junio de 2013

Están locos estos austríacos

No me lo pueden negar. Vale que cuando uno viaja por allí lo que percibe es orden y cierto exceso de Sissi, pero en el cine la impresión es bien diferente. No sé si será el clima alpino o un empacho de bombones de Mozart, la cuestión es que últimamente uno puede sospechar que se encuentra ante la peli de un austríaco cuando la cinta es ácida y oscura y propina al espectador un par de golpes difícilmente encajables. Cree uno que Haneke (austríaco nº1) le ha dejado ya inmunizado para según qué escenas y llega Ulrich Seidl (austríaco nº2) con lo suyo. Pues bien, ayer el Festival Cine-On dio cobijo al austríaco nº 3: Markus Schleinzer. Este vienés, habitual director de reparto de nº 1 y nº 2, ha dirigido recientemente su primer largo y se ha colado con él en la sección de Nuevas Miradas del festival. Ahí es nada. Y Markus no es menos aventurado que sus coterráneos, pues con su ópera prima se mete de lleno en el tema de la pederastia. Lo hace de forma parsimoniosa, sin recrearse tanto en lo violento o morboso de la situación como en la aparente normalidad del controvertido protagonista, Michael, quien lleva una vida sencilla de gris oficinista que sólo cambia cuando llega a casa. El actor principal (Michael Fuith) clava un papel en el que su cara ya le hace la mitad del trabajo y el niño (David Rauchenberger) sale especialmente airoso en su precoz y turbia interpretación. El resultado es una cinta sobria que refleja con mucha habilidad una demente relación con momentos de naturalidad pasmosa, siendo esos momentos precisamente los que hacen sentir al espectador como si se hubiera tragado un hueso de aceituna resistente a la maniobra de Heimlich. Por mi parte, les aconsejo que echen un vistazo a esta obra del género austríaco-retorcido, que seguro no les dejará indiferentes.









miércoles, 12 de junio de 2013

Treinta y tantos


Cuando yo era pequeña emitían esa famosa serie que compartía título con esta entrada. Yo la veía de refilón, puesto que mi franja televisiva era la infantil y este tipo de emisiones se me escapaban, pero recuerdo que los treinta y tantos me parecían –como en la serie– una edad en la que uno ya era la mar de mayor y tenía profesión, coche, casa, familia y alguna que otra mascota aderezando el conjunto. Estando como está el panorama nacional no es de extrañar que a muchos les cueste formar el kit que tenían aquellos treintañeros televisivos, pero no debemos ser el único país con treintañeros rezagados, porque dentro de ese festival al que dedico mi escaso tiempo libre actual ya he encontrado otros dos. A las pruebas me remito:

Dentro de la Sección Oficial nos encontramos hoy con Abe, un ¿joven? que vive con sus padres y colecciona muñequitos. Su vida dará un giro cuando se cruce con la más que extraña Miranda (Selma Blair). Todd Solondz vuelve a quedarse esta vez bien lejos de la que fue su mejor película, Happiness, pero vale la pena echarle un vistazo a esta singular historia, sobre todo para volver a ver en la pantalla a los padres del protagonista: Chistopher Walken y Mia Farrow,  claros merecedores de su vástago.




En la sección Nuevas Miradas nos topamos con la ópera prima de Mads Matthiesen: Teddy Bear. En ella Dennis, un culturista imponente, vive bajo la atenta mirada de su posesiva madre. Un cuerpo gigante con un corazón no más pequeño que un día decidirá emprender un viaje muy especial. Atención al grandullón porque es imposible no cogerle cariño...



 
¿Se emanciparán nuestros talluditos pipiolos? La respuesta, en las pelis :)




viernes, 7 de junio de 2013

Nunca es tarde si la dicha es buena




Ayer, 6 de junio, se inauguraba ese festival de cine online que yo ya les mencioné en esta entrada. Tenía yo la intención de subir este post coincidiendo con el pistoletazo de salida del evento, pero una inesperada y precipitada mudanza me lo hizo imposible. Sigo muy atareada, pero espero encontrar huecos para las películas programadas. Películas como la de arriba: Safety Not Guaranteed (cortesía de You Tube), encargada de abrir el festival y el paladar a todos los cinéfilos ansiosos de filmes inéditos. Así que con un día de retraso me pongo manos a la obra. Ya se sabe: nunca es tarde si la dicha es buena o más vale tarde que nunca. Pues eso. Que comience el espectáculo.