viernes, 22 de febrero de 2013

Persona


Yo debería estar haciendo una oscarizada entrada de Bestias del sur salvaje, de Lincoln o de argo por el estilo –chiste malo–, pero la vida viene como viene y la película que tengo en mente ahora mismo es Persona. Y les explico por qué.




La intervención quirúrgica de un familiar me trae de cabeza últimamente y las visitas al hospital me alteran mucho. Siempre he sido exageradamente aprensiva y desde pequeña tengo fobia a la sangre y a las agujas. Reconozco que soy un cero a la izquierda ejerciendo cuidados paliativos y cuando me veo en la obligación de asistir a alguien en estas circunstancias intento limitarme a funciones extra-sanitarias: realizar recados varios, proveer víveres alejados de la aburrida dieta blanda o poner orden entre los pacientes para que no se maten por el mando de la tele. Todo, como pueden ver, de una enorme responsabilidad. Pero el simple hecho de estar allí se me hace insoportable. Las camillas, las heridas, los catéteres... me desquician. Entonces es cuando pienso en Persona, la película que dirigió Ingmar Bergman en 1966 y que comenzaba recurriendo al "de dónde venimos y a dónde vamos" con secas y contundentes escenas de corte cristiano: el sacrificio del cordero, la crucifixión. Clavos atravesando manos, corderos moribundos. Como esas escenas que yo no quiero ver, pero que no me queda más remedio que verlas cuando deambulo por los pasillos hospitalarios. Una vez pasado el shock y ya en la habitación, llega la segunda parte de la película. Cuando la enfermera Alma (Bibi Andersson en la pantalla, yo en este caso) intenta ayudar a una paciente entregada a la enfermedad, ya sea por imposible o por cansancio. Bien es cierto que en Persona la enfermedad, psiquiátrica, es a la vista menos desagradable –máxime porque la enferma es una muy bella Liv Ullman– y el entorno no es un triste centro de la Seguridad Social sino una hermosa e insular casa de veraneo. Bergman 1- Mara 0. Pero lo que allí acontece no es tan dispar, porque el tratamiento también saca lo peor de mí y a veces tengo que recordarme a mí misma que no soy yo la enferma. Por ahora. O quizás sí. Los que han visto la película quizás me comprendan. Espero no haber quitado con mi paralelismo las ganas a los que no la han visto. Es cine arriesgado, pero que dura 81 minutos. Que aprenda Béla Tarr.






Y por lo que les he contado quizás esté menos activa durante un tiempo. Intentaré ver la ceremonia de los Oscars y repetir experiencia tuitera, porque en los Goyas me lo pasé pipa y no me vendrá mal desconectar, aunque no sé si me va a ser posible. Espero que todo esto pase rápido y termine con final feliz. Hasta entonces perdónenme si no les visito lo suficiente o falto en los comentarios. Como suele decirse, es por razones ajenas a mi voluntad.

domingo, 17 de febrero de 2013

Happy birthday to me...


La verdad es que no sabría muy bien decir el día exacto en el que abrí el presente blog, sobre todo porque los comienzos estuvieron llenos de titubeos y de entradas que se subían para ser eliminadas poco tiempo después, pero si hacemos caso a lo que está escrito –que al fin y al cabo siempre es lo que cuenta– maraminiver se abrió un 17 de febrero de 2012. Vamos, que hoy cumple su primer añito.

No voy a entrar en los motivos que me llevaron a abrir el blog, pero sí quiero comentar que pensé que sería algo temporal, que me duraría el tiempo justo de ver cómo funcionaba la cosa y que después de 3 ó 4 meses echaría el cierre al asunto, lo que viene siendo algo habitual en alguien tan voluble e inconstante como yo. Pero no, el 17 me ha pillado aquí, de sopetón, con las manos en el teclado, y lo cierto es que por ahora no tengo ninguna intención de abandonarlo.

Casualmente la efeméride coincide con la llamada gran noche del cine español, que seguiré con un ojo en ella y otro en otra cosa, porque para qué engañarnos, esta gala da una pereza tremenda. Intentaré desempolvar esa cuenta de Twitter a la que nunca he hecho caso para al menos entretenerme comentando los trapos y me zamparé esta tarta de leche merengada que me hará más llevaderos los eternos agradecimientos de unos ganadores pésimos en el arte de resumir. Porque un cumpleaños sin tarta, no es un cumpleaños. Pena que me pilléis tan lejos, os invitaría a un trocito. Al fin y al cabo, sin vosotros esto sería un rollo.




Ah! He pensado yo hoy que podía acabar mi entrada a lo Borgo, es decir, añadiendo receta. En esta ocasión plagiada sin muchas contemplaciones de aquí. He aumentado, eso sí, las dosis de canela. Me pierde. Sale buena, doy fe de ello ;)

jueves, 14 de febrero de 2013

Amor


Del rosa, no del de Haneke, de él ya me ocupé aquí. Llevaba tiempo yo ya sin hacer una lista, pero hoy –día de los enamorados– es lo que pega. Películas amorosas y canciones azucaradas en mayor o menor medida. Pueden ponerlas de fondo y celebrar la ocasión con la pareja, o usarlas para lanzarse a alguna que otra yugular, en esta jornada seguro que más baja de defensas. La selección intenta ser variada, pero quedo a la espera de vuestras sugerencias para mejorarla. Que se achuchen ustedes bien...


Sombrero de copa (1935)


Casablanca (1942)


Sabrina (1954)


Un hombre y una mujer (1966)


Tal como éramos (1973)


Cuando Harry encontró a Sally (1989)


Drácula de Bram Stoker (1992)


Once (2006)


Drive (2011)


Sin dejar atrás el anexo cañí ;) El día de los enamorados, 1959



domingo, 10 de febrero de 2013

Parecidos razonables


No les voy a engañar, no llevo una vida muy cinematográfica últimamente. Hace ya un par de semanas que falto a mi habitual sesión golfa de los viernes y el maratón pre-goyas y pre-oscars que me he autoimpuesto en casa está ya comenzando a hartarme. Así que ayer, tras degustar en un céntrico bar sevillano unas suculentas tapas que suavizaban el 4-1 del Real Madrid-Sevilla, opté por ir a lo seguro y no sufrir más sin necesidad. Vamos, que me marché a mi casa y me puse una de esas pelis pendientes que sabes con casi total seguridad que te van a gustar. Y la escogida en esta ocasión fue Sólo se vive una vez (You only live once), de Fritz Lang.




No voy a contar mucho sobre el film. Que es de 1937 y es la segunda película americana del director austríaco. Que Henry Fonda sale muy guapetón e interpreta a un delincuente con ánimo y motivos para querer apartarse del mal camino. Y el motivo principal –casi único diría yo–, es Sylvia Sidney, la mujer del ex convicto. Una de esas mujeres enamoradas hasta el tuétano que nos regalaba con asiduidad el cine clásico. De las que estaban a las duras y a las maduras y contaban con una enorme capacidad de sacrificio. El espectador no duda de la honradez del protagonista ni de la autenticidad de su conversión, pero la sociedad no suele ser tan comprensiva ni el destino tan benevolente con este tipo de perfiles. Yo disfruté mucho con la peli, cosa que era predecible, porque la filmaba/firmaba una mano diestra y contaba una de esas historias de segundas oportunidades que a mí tanto me gustan. Pero me pasé toda la película pensando en que por fin había dado yo con un parecido razonable. Yo, tremendamente despistada y pésima fisonomista, me había percatado de que Sylvia Sidney es igualica a Marion Cotillard. Y aunque paseándome por el internete me he dado cuenta de que no he sido yo la primera (qué difícil es siempre llegar el primero a cualquier sitio...), he querido compartir con vosotros mi humilde, tardío e insignificante descubrimiento. Aquí abajo, las pruebas.






martes, 5 de febrero de 2013

Burning Bush: Palach y la HBO


Fue en enero de 1969 cuando ese estudiante checo llamado Jan Palach decidió dejar claro que estaba hasta las narices de los rusos. La primavera praguense había dado paso a un invierno la mar de soviético y Jan buscó su propia manera de quejarse: una rápida, eficaz y que no daba opciones a represalias porque las probabilidades de salir ileso eran muy, muy bajas. Así que allí, en Praga, frente a la estatua de San Wenceslao, Jan decidió rociarse con gasolina y prenderse fuego. Y así fue cómo un tímido estudiante de Historia sacudió la conciencia de todo un pueblo.


Jan Palach

Y a mí se me han venido a la cabeza esos días que pasé yo en la capital checa, que también fueron en enero, y de los que recuerdo especialmente –además de un frío del copón– los momentos frente al monumento dedicado a Palach. Porque hoy en día Praga es Kafka, pero también es Palach, en su momento dos figuras non gratas. Y ahora ese tímido estudiante que se convirtió en antorcha ha llegado a la televisión, ya que Agnieszka Holland acaba de estrenar una miniserie de tres capítulos dedicada al famoso mártir europeo. Lo cierto es que se me ocurren pocas opciones mejores para Burning Bush (el nombre de la serie en cuestión), porque la directora polaca ya nos ha estremecido con películas como "In Darkness", "Olivier, Olivier" o "Europa, Europa" y ha demostrado ser habilidosa con temas espinosos de toda clase. Además, la serie va firmada por la HBO. Ahí es nada. Mas información, aquí. Impaciente estoy por ver el resultado. Hasta entonces, conformémonos con este momento musical, elaborado por la banda Kasabian y dedicado a Palach, como no podía ser de otra manera.