domingo, 27 de enero de 2013

El mar. La mar.


Decía Fernando Genovés en los comentarios al último post que veía cierta impronta del presidente Obama en las producciones americanas de este año. No es la primera vez que llegan a la taquilla de forma simultánea dos películas con temática similar y ahora mismo parece que la taquilla es negra y se empeña en recordar el pasado esclavo y servil de la comunidad afroamericana. Y como con Django ya me despaché a gusto en la última entrada y Lincoln aún no la he visto, hoy le toca al otro tema que hace doblete este año en las nominaciones a los Oscars: las aventuras marítimas.

La primera, más famosa y visible, es ese viaje de Pi dirigido por Ang Lee. Pese a que este director tan versátil me ha hecho pasar muy buenos ratos en el cine, la verdad es que fue ver el cartel y leer la sinopsis y su película quedo automáticamente relegada de mis prioridades cinematográficas. Pero –cosas de la blogosfera– estas líneas del amigo Lombreeze hicieron que la cinta volviera a ser tenida en cuenta. No me he arrepentido. La vida de Pi es una película estupenda para ir a ver al cine: es entretenida y visualmente muy atractiva. Me la perdí en 3D, pero disfruté igualmente esas escenas que le venían al pelo a la fábula fantástica en cuestión. No les contaré mucho sobre ella (mejor descubrirla en la butaca), sólo les diré que Pi es un tipo curioso y con miga, cosa que yo no me imaginaba cuando le vi con pinta de Simbad el Marino y con un tigre de Bengala como fondo.




La segunda aventura marítima viene de Noruega y está dirigida por Joachim Roenning y Espen Sandberg. Mucho más real que la primera, nos cuenta cómo Thor Heyerdahl organizó una expedición en 1947 para demostrar que su tesis sobre la colonización polinesia no era tan inverosímil como muchos pensaban. Thor mantenía que dicha colonización se pudo haber llevado a cabo desde Sudamérica sin mucho más que unos troncos y unas sogas. Así, él mismo se lió la manta a la cabeza y se cruzó el Pacífico en una balsa junto a otros cinco valientes porque, lo habrán escuchado ya, en este mundo hay gente para todo. La película contiene todas esas cosas que uno espera cuando ve en la pantalla la frase "basado en una historia real" y está nominada en la categoría de mejor película de habla no inglesa.




Bien es cierto que estas travesías naúticas son muy diferentes, pues si en Kon-tiki sus protagonistas quieren alcanzar la Polinesia, Pi, naúfrago perdido, es menos exquisito y se conforma con algo de tierra firme y un final feliz para su viaje iniciático-místico. La del chino es una película mayor, qué duda cabe, pero reconozco que a mí la expedición de Thor se me hizo muy amena. Además sale mucho nórdico blondo sin camiseta y eso siempre ayuda. Resumiendo, que si quieren ir al cine a ver olas y peces voladores tienen estas dos opciones, porque este año la cosa va de vidas esclavas y de peligros oceánicos. Y no, esta vez Spielberg no es el que pone el tiburón.


martes, 22 de enero de 2013

Django, mejor encadenado


Cuando acabé el bachillerato mi instituto organizó un titánico viaje de fin de curso que nos llevó a los alumnos de Sevilla a Italia en un autobús de dos plantas. Fue uno de esos viajes en los que para ir al servicio a uno le dicen que se espere a la ciudad siguiente y creo que fue físicamente imposible estirar más o mejor los diez días que tuvimos para semejante hazaña. No había irrumpido aún el low cost y la mayoría habíamos viajado poco o nada, sintiéndonos unos afortunados por poder ver en directo esos sitios que conocíamos por la tele o los libros de arte y por llevar los bolsillos repletos de liras (al cambio eran dos duros, desde luego, pero no crean que eso nos desilusionaba). Pasar diez días en un autobús parece algo pesado, pero se hace llevadero cuando se organizan timbas de kiriki o siete y media y, sobre todo, cuando cada uno intenta poner de su parte para entretener a la audiencia. Desde los chistes de leperos hasta el cante por soleares pasando por actuaciones la mar de excéntricas, como la que realizaban un par de compañeros que se sabían al dedillo los diálogos que mantenían John Travolta y Samuel L. Jackson como los matones Jules y Vincent, y los recreaban cada dos por tres mientras el auditorio tarareaba entregado el opening theme que añado más abajo. Era el año de Pulp Fiction y la cinta nos tenía como locos.




Tarantino no sólo ayudó mucho a que esos días pasáramos mejor el rato, también logró que unos estudiantes en gran parte no muy aplicados y originarios de un público y laico instituto de extrarradio recitaran cierto pasaje bíblico con un entusiasmo inusitado. Pero esa estrecha relación que mantenía yo con el enfant terrible del cine americano se rompió. Probablemente porque él siguió siendo enfant y yo ya no. Aún hoy sigo emocionándome sobremanera con Reservoir dogs y Pulp Fiction, me entretiene mucho ese ir y venir de bolsas y billetes de Jackie Brown y hasta le veo un par de momentos sublimes a Malditos bastardos, pero ese rollo tarantiniano sanguinolento y vengativo se me hace cada vez más insoportable. Y Tarantino ha vuelto más Tarantino que nunca, vengando sucias afrentas y regándolas con líquidos viscosos y sonidos viscerales. Porque Django viene a ser eso: sangre y venganza. Y el resto del discurso a mí personalmente me la repampinfla. Conste que yo nunca he podido darle a la Thurman espadachina más de un cuarto de hora y a Django le he concedido sus 165 minutos (ésa es otra...), pero si les digo la verdad la película me parece una insulsa sucesión de sketches mal conectados con un final medio jocoso de pena. Aunque este western negro y sureño en el que el tal Django se libera y acude raudo y veloz a rescatar a su dama tiene cinco nominaciones a los Oscar (de las gordas) y ya se ha llevado dos Globos de Oro: uno que ha ido a parar a manos del actor Cristoph Waltz y otro a manos del mismísimo Quentin, autor del estrambótico guión. Si a eso le sumamos las buenas críticas que escucho por todas partes, llego a la conclusión de que yo ya no puedo ver a Quentin con mis ojos de jovenzuela de antaño y probablemente abomino ya sus bruscas e iracundas historias. Y el sentimiento es la mar de raro. Como cuando se aborrece una comida que antes encantaba, como cuando se le coge manía a una pareja que en otro tiempo despertaba amor. El caso es que yo a este Django lo hubiera dejado encadenado. Sine die.





martes, 15 de enero de 2013

Best blog


No soy yo mucho de estos premios en cadena, pero el amigo Sergio –de Un tranquilo lugar de aquiescenciaha tenido a bien regalarme uno de estos galardones. Esta vez no he podido resistirme a responder unas preguntas bastante lejanas a la temática cinéfila y, sobre todo, a saber lo que responderían esos 20 blogs que he tenido que elegir para que el Best Blog no muera. Porque de eso va la cosa, de responder preguntas raras y de pasarle la pelota a 20 blogs (que parecen muchos, pero que cuando uno se pone no le caben los que quiere en la lista...).




He de decir que de todos ellos tenía bastante claro uno de los premiados por mi parte, Be Bop Lashes, porque normalmente los premios vienen en esta dirección y pocas veces tengo la oportunidad de enviarle yo uno a Lorena. Los demás son el resultado de una difícil elección y de una criba en la que he intentado eliminar a los ya premiados por el amigo Sergio. Un trabajo, vaya. Pero, a lo que vamos, comencemos con las preguntas sui generis:

1) ¿ Qué te gusta más cocinar: postres o platos de cuchara ?

Le pongo más amor a los postres, pero pocas cosas me gustan más que unas lentejas. 

2) ¿ Qué es lo más importante para ti en una persona: la personalidad o el físico ?

La personalidad, of course, pero que no me cruce con Fassbender, que se me olvida fijo.

3) ¿ Desde cuando empezaste con el blog o página ?

Aún no he cumplido un año, soy una novatilla.

4) ¿ Quién fue la persona que te inspiró para empezar en este mundo ?

Empecé leyendo blogs que tienen muy poco que ver con el mío, pero ahora son muchos los blogs que me inspiran, aquéllos que disfruto leyendo y que le dan gracia al mío cuando sus autores se pasan por aquí.

5) ¿ Sueles seguir muchos blogs o te llegan los seguidores por otras personas que te han conocido ?

Cada vez me siguen más, cada vez sigo más. Esto es un no parar.

6) ¿ Qué te gusta más: cocinar o que te cocinen ?   

Me gusta cocinar. Puestos a elegir prefiero que me limpien el polvo, que eso no me gusta nada.

7) ¿ Comes en casa o en el trabajo ?

Normalmente en casa.

8) ¿ Sueles hacer recetas de verduras ?

Me gustan mucho las verduras, aunque casi siempre las cocino con algo de carne o pescado. Si tengo que decir recetas hechas exclusivamente con verduras, me quedo con la crema de calabaza y el pisto. Las hago mucho.

9) ¿ Cuál es tu mejor receta ?

La tortilla de patatas. Clásico básico. Y de fácil transporte. Siempre me cae el encargo en los días señalados...

10) ¿ Qué es lo que pides a una persona para que sea tu amiga ?

Supongo que con que me aguante vale. No, en serio, que haya feeling. Si no me río, no me vale.

11) ¿ Cuál es la mejor película que has visto ?

"Lo que el viento se llevó", ¿he dicho ya que soy muy clásica?


Y he aquí mis 20 blogs. Ni que decir tiene que son muy libres de seguir o no la cadeneta. It´s a free world, que diría Ken Loach ;)

Be Bop Lashes, cómo no.
Con el cine en los talones
De gusanos y lombrices
El inquietante Bypass
E per tetto un cielo di stelle
Esnobismo anglo-francófilo
Pentimento
Nenúfares efervescentes
El amor después de mediodía
Lost Highway blog
La Gata con gafas
Cinódromo
Cinema Genovés
Yo confieso
Mulholland World
Ganarse un acre
El apartamento en París
Plegarias desatendidas
Divas del cine
Safari nocturno

miércoles, 9 de enero de 2013

Sesión doble: The Master vs Zero Dark Thirty


Aprovechando los últimos coletazos de la temporada navideña me he tragado dos de las películas más destacadas de nuestra cartelera y he aquí mi impresión sobre ambas. Un chasco y un embeleso, tiene que haber de todo.

La primera es lo último de ese peculiar director llamado Paul Thomas Anderson. The Master ha contado con una gran expectación, puesto que desde aquellos Pozos de ambición del 2007 el director nos tenía a dos velas. Volvía, además, con un grande de la interpretación que ya le había dado en el pasado buenos resultados –Philip Seymour Hoffman, presente en Magnolia, Punch-Drunk love y Boogie Nights y con una historia espinosa: los inicios de la Cienciología, según decían. No les diré que tanto Philip como Joaquin Phoenix no lo bordan. El primero como singular líder religioso, el segundo como un corcovado con cierto aire a Popeye el Marino. Tampoco les negaré que la película tiene una banda sonora estupenda de Jonny Greenwood, componente de Radiohead, o que visualmente cuenta con una fotografía muy notoria. Porque todo eso lo tiene, de sobra. El problema está en que cuando la película comienza a desarrollarse el espectador comprueba que la trama no es la que le habían vendido y, lo que es peor, sospecha que pusieron eso en la sinopsis porque no tuvieron muy claro lo que escribir. Porque si el fin era mostrar los inicios de la controvertida organización religiosa, la pelí renquea; si venía a mostrarnos el panorama de posguerra usamericano, los personajes escogidos son demasiado particulares como para ser representativos de nada; y si, como última opción, la cosa iba de contar la vida de Freddie (el Popeye corcovado), qué quieren que les diga, que la vida de ese pobre diablo no debió dar nunca para una peli, y menos de 137 minutos. En mi humilde opinión, claro.




Pero la segunda peli vino a compensar el tedio de la primera y en esta entrada los aplausos son para Kathryn Bigelow y su Zero Dark Thirty, que se los han ganado. La búsqueda y captura de Osama Bin Laden por parte de Jessica Chastain (que desde que anuncia perfumes está que se sale) han dado como resultado un film digno de admiración. Por varias razones. La primera porque siempre he pensado que estas películas de tema político con numerosos nombres son un rompecabezas para un espectador que se encuentra a menudo con muchos huecos y pocas piezas. Los viajes de Chastain y los motes árabes no es que faciliten la labor, pero la verdad es que uno no se desorienta. Punto para la Bigelow. En segundo lugar, siendo una historia tan delicada como es, raro es que la cinta no se haya impregnado de exagerada sensiblería o incluso de cierto morbo. Y no tiene ninguna de esas dos cosas, apreciándose desde el comienzo del film la evasiva de la directora en ese aspecto, que rememora el 11-S de forma tan sólo sonora y con la pantalla en negro. Así, la película no es excesiva en ningún momento, ni siquiera cuando se hubiera podido permitir serlo (ciertos interrogatorios bastante obstinados, por ejemplo). Punto para la Bigelow. Y la tercera razón, porque seguramente en manos de otro director la trama –a ratos política y burocrática, a ratos violenta y bélica– habría dado lugar a efectos especiales sorprendentes y extraordinarios y a un ritmo trepidante poco natural. No es el caso. El pulso es constante pero pausado, y su acción poco activa, pero efectiva. Porque la sensación que llega al espectador es la de una historia sin adornos ni florituras que pudo realmente haber pasado o estar pasando. 157 minutos deliciosos. Y seguiría, pero como Anderson ya está noqueado y son las dos de la mañana, pues lo dejo. Cuando suene el despertador mañana voy a acordarme de Anderson y de Bigelow. Y de sus respectivas madres seguramente también.




viernes, 4 de enero de 2013

Las consecuencias del amor


Es curiosa la forma que tiene Paolo Sorrentino de mostrarnos lo peligroso que puede ser que a uno le adardee Cupido. Porque el adardeado es un tal Titta di Girolamo, un hombre que anda estrenando la cincuentena y vive desde hace la friolera de ocho años en un hotel suizo. Un hotel con cierta tendencia a albergar vidas truncadas y que hace de la discreción una de sus mejores bazas. En él Titta divaga sobre su existencia y nos advierte desde los primeros minutos que él no es un hombre frívolo. Un hombre de finanzas más hierático que una esfinge del antiguo Egipto, sí. Pero frívolo, no. Con un bagaje personal oscuro, pocas necesidades y sin ningún anhelo, Titta no se agita. Sabe que para seguir respirando lo que único que tiene que hacer es mantener las distancias con la vida y recurrir a la imaginación, que la tiene portentosa (quién sabe si por genética o por afán de supervivencia). Y así transcurre su vida, tan fluida que el espectador no sabe si está viendo un video musical de Lali Puna o un anuncio para coches, porque reconozco que en más de una ocasión me quedé embelesada ante ese BMW flamante esperando que una voz en off me asaltara y me preguntara eso de ¿te gusta conducir? Aunque eso no pasa, y el relato continúa de forma sencilla, nítida y aséptica. Hasta que a Titta un buen día le zarandean y se sienta en el taburete de una barra de bar enseñando la yugular. Si mereció la pena o sacó algo de semejante osadía es algo que no voy a contar, pero les enlazo aquí abajo la película por si quieren salir de dudas. Poco apropiada para enemigos de lo pausado, pero en mi opinión bastante recomendable.