viernes, 10 de mayo de 2013

Un cuento de primavera

Al final no llegó la sangre al río y pude salir del vicioso círculo insomne. Me bastó suplicarle a un compañero algún que otro cambio de turno y lograr un día de asueto que me permitiera coger el coche y cambiar de aires. Escapada de relax, creo que la llaman. En un par de horas me planté en un pueblecito blanco de calles imposibles, tan cerca del mar como de la montaña y me dediqué a darme chapuzones y a ponerme de atún hasta las cejas. Aquí los documentos gráficos que lo atestiguan:





Y si se preguntan el porqué del título, sí, éste hace referencia a la película del mismo nombre dirigida por Éric Rohmer. Porque aunque yo no sea mucho del francés, reconozco que siempre me acuerdo de él cuando me da un avenate (expresión muy sureña, pero veo que recogida por la RAE) y hago una precipitada maleta. En su cine abundan los protagonistas que, o no tienen claro dónde van, o son víctimas de un azar empeñado en pasearles. Sus personajes se deslizan muy –pero que muy– lentamente por la casualidad y acaban en situaciones imprevistas y pintorescas. Así se desarrolla Un cuento de primavera, que se inicia cuando Jeanne, una profesora de filosofía sin ganas de volver a su apartamento, se presenta en una fiesta en la que conoce a una jovencita –Natacha– dispuesta a cambiarle los planes. Cuando el espectador quiera darse cuenta, nuestra Jeanne se encontrará ya cenando en un caserón de Fontainebleau, enzarzada en una ardua charla kantiana sobre la "Crítica de la razón pura" y manteniendo ciertos devaneos con el progenitor de su compañera... ¿Qué les había dicho?

Así que si necesitan una escapada y no pueden pegársela yo les dejo con este cuento primaveral, que es lo que pega estos días, y además menos da una piedra. Eso sí, puestos a elegir, de Rohmer yo escogería el Cuento de invierno. Puede que más rocambolesco, pero para mí más entrañable (también aquí). De las estaciones de Vivaldi también escojo la más fría. Algo tiene lo invernal que resulta ser infalible.




13 comentarios:

  1. Fantástico. El SPA, relax y el atún (me gusta a la cazuela con tomate y aceitunas) suelen funcionar mucho mejor que los fármacos. Me alegra que tu ciclo de sueño se haya recuperado.
    Me gusta Rohmer aunque creo que sus películas son demasiado parecidas, como si siempre hiciera la misma con algunos retoques.
    Saludos. Borgo.

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    1. No te puedes imaginar lo que echo de menos el spa. A mí el atún me gusta de todas formas, pero las aceitunas no :(
      Es cierto lo de Rohmer. Es algo que suele pasar a muchos directores/escritores: quieren contar una cosa y lo único diferente es la manera de contarla, la cosa viene a ser siempre la misma.

      Un abrazo

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  2. Hola Mara,
    Pues me alegro que la fase pasara, no hay nada como un buen relax y despejar la mente en otras cosas. Menudita piscinita esa (o ese termino del spa tan aglosajón aun no ha hecho mella en mi mente).
    De la película ni idea, pero me ha intrigado el título...
    Cuidate Mara.
    Un abrazo Mrs. Miniver.

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    1. Pues ahí la tienes, accesible para verla cuando quieras. La piscina era una gozada, tenía unos chorritos y unas burbujitas... para qué contarte. Me visita allí el odio y se queda más suave que un guante ;)

      Un abrazo

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    2. Grrrr..... Que Odio... no, no, no es Odio.
      ENVIDIA pasa pasa guapa. ja ja ja
      Me alegro mucho que lo disfrutaras. ^_^
      Un abrazo Mrs. Minivier.

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  3. La primera foto la tengo!! Es Vejer, no? Qué bien se está allí! Y por supuesto si lo acompañas con el mejor atún del universo para qué más. Cerquita tienes El Campero, que no se si habrás ido, es impresionante.

    De Rohmer, me fascina y aburre a partes iguales. Este Cuento de Primavera, me gusta. Es de las que hablan, hablan y hablan, pero con una carga filosófica muy interesante.

    Ya has cargado las pilas!

    Un abrazo.

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    1. Qué ojo tienes!! Se te notan esos viajes por costas andaluzas, eh?

      Sí, la primera foto es Vejer. He pasado por allí unos días la mar de a gusto. La segunda es de Bolonia, Baelo Claudia para los romanos. Qué listos eran, escogían unos sitios que no veas... ;)
      Aún no he ido al Campero, la próxima...

      Me he quedado como nueva. Mano de santo, oye.

      Un abrazo

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  4. Vaya foticos. La última me llena de envidia especialmente jaja. Muy interesantes los cuentos de Rohmer, aunque hay que pillarlos en su momento. Genial ambos enlaces.
    Un abrazo.

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    1. Pues era un sitio con un nombre muy cinematográfico: Casablanca. Nada, nada, cuando bajes por aquí te doy las señas.

      Qúe alegría da toparse con películas... Dios salve a You Tube ;)

      Un abrazo

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  5. Esas escapadas sientan de maravilla, y son muy necesarias, si no, no sé qué sería de nos ;-D Lugares bonitos, una envidia, Mara.
    Lo invernal será infalible para la música, y más compuesta por Vivaldi, pero para sentirlo en zonas como Galicia es bastante insufrible, y más si llueve, te lo aseguro :-/
    Me gustan las pelis de Rohmer, siempre tan amables y sencillas, fáciles de seguir y agradables. La verdad es que, independientemente de su calidad cinematográfica, son pelis que cumplen con su cometido a la perfección: entretener de una forma amena y hacerlo con un lirismo aterciopelado.
    Un abrazo. Estupendo, Mara.

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    1. Este verano quiero ir a Galicia, que el invierno será insufrible, pero el verano, comparado con el sevillano, tiene que ser divino... ;)

      A mí Rohmer me gusta a veces, otras me cansa. Y eso que, como dice Borgo, sus películas viene a ser casi siempre la misma. De todas formas tiene un rollo inocentón muy entrañable.

      Un abrazo

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  6. Bien hecho, Mara. No hay nada como los pequeños oasis de la ínsula de Gades para revitalizarse y mineralizarse. Lo decía "Superatón".Y como estamos en primavera y yo soy un enamorado de ella, trae calorcito, me encanta ver todos los lugares llenos de flores: me quedo con el cuento de primavera del maestro Rohmer. Es tiempo de lucir rodillas...Besos

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    1. Jaja, nada mejor para mineralizarse que una visita a Cádiz. Ciudad, playa o montaña, lo tiene todo bonito. Yo con este viaje ya he enseñado piernas y he desempolvado el pareo. La primavera por aquí es más veraniega que la de de Rohmer ;)

      Un beso

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