jueves, 27 de diciembre de 2012

200 cigarrillos


Espero que se hayan recuperado ya de la comilona del 24, porque estamos a 27 y cada vez queda menos para la del 31. Repetimos. Aunque ahora ya no es igual. Si la noche del 24 se centra en la familia, la del 31 está hecha para disfrutar con los amigos. Tradicionalmente a mí las fiestas celebradas ese día me han salido bastante mal, razón por la que desde hace muchos años pongo los pies en polvorosa cuando se acerca el último día del año. Puedo decir que me he tomado las doce uvas envasadas en los sitios más insospechados y este año, que me toca currar tan señalado día, no me queda otra que quedarme en casa. Meditando mis opciones de jolgorio se me ha venido a la cabeza una peli muy indicada para estas fechas, la vivaracha 200 cigarrillos, cuyo escenario es la última noche del año 1981 en la insomne ciudad de Nueva York. Y me temo que ninguna de las fiestas que barajo va a tener unos invitados tan notorios como esa.










200 cigarrillos fue rodada en 1999 por una directora  llamada Risa Bramon García. Ella era una directora de casting que supongo ejerció su influencia para dar a este su primer proyecto cinematográfico una cantidad considerable de caras conocidas. El resultado es una simpática película de historias paralelas que tienen en común un mismo destino: la fiesta organizada por Martha PlimptonCristina Ricci es una jovencita de las afueras que se lanza a pasar tan señalada noche en la gran ciudad junto a su amiga Gaby Hoffmann. Allí dará con Casey Affleck, un singular punk que les acompañará en la aventura. Dave Chappelle es un dicharachero taxista sin el cual la noche habría sido bien diferente. Kate Hudson una torpe y remilgada chica que tiene una lamentable cita con Jay Mohr. Jeneane Garofalo una ex malhumorada. Ben Affleck un camarero guaperas. Paul Rudd y Courtney Love unos amigos con mal de amores, Angela Featherstone y Nicole Ari Parker dos amigas rivales en la más ardua cacería femenina. Y Elvis Costello es Elvis Costello, y pone a la historia la melodía que está abajo. Una estupenda canción para una bien escogida banda sonora. No en vano, la película fue en parte producida por la MTV, en unos años en los que la cadena hacía otras cosas aparte de absurdos programas de coches o búsquedas de pareja.




He dicho antes que lo que tienen en común los personajes es el lugar de destino, pero lo cierto es que todos comparten algo más: la afición a la nicotina –de ahí el título– y las ganas de sexo,  porque –perdónenme la ordinariez– ¿han escuchado eso de "quien no folla en fin de año no folla en todo el año"? Pues en Nueva York es igual. Yo ahí lo dejo.

sábado, 22 de diciembre de 2012

I WISHLIST A MERRY XMAS


Yo soy una persona escéptica y nada supersticiosa a la que le resultan bastante ajenos los juegos de azar, pero el 22 de diciembre me transformo y se me ponen los ojos lúdicos. Nada como levantarse temprano y tomarse un café escuchando esas voces que entonan euros. Como cada año, ya lo tengo todo preparado. La cafetera humeante, la tostada con abundante jamón ibérico (inequívoco síntoma de estas fechas), por delante algún que otro cupón navideño y muchas, pero que muchas, participaciones. Cofradías religiosas, peñas deportivas, fundaciones ecológicas y mucha asociación con responsabilidades sociales variopintas. Sin olvidarnos de las protectoras de animales, claro. Viendo la colección está claro que el día de hoy me convierte en un ser de papeleta fácil. Y aunque por ahora nunca he sacado el cava a la calle ni me ha entrevistado la televisión, no he perdido yo la esperanza. Este año, además, he sumado al lote azaroso una nueva ilusión. Me la contagió Alcorze en su blog y no pude reprimir un impulso irrefrenable que me empujó a hacer rápidamente mi Fnac-lista, porque si eres bloguero y le escribes a los reyes Fnagos te pueden traer hasta 2013 euros. Aquí las bases del concurso por si se animan y abajo mi meditada lista valorada en 1998.75 euros (aviso: al hacerla se te ponen los dientes muuuuy largos).

  •  Para empezar les pediría a estos singulares reyes el pack de la serie completa de The Wire. Porque creo que nunca me cansaré de verla y porque me gustaría tener siempre a mano al Sargento Carver (que sí, que a lo mejor McNulty es más mono, pero que a mí me pone Carver, qué le vamos a hacer...). Y sólo por 64´49 euros.

  • Y si a la serie le sumamos este proyector Epson EH TW480 en el que Carver saldría bien grandote, ya ni hablamos... 500´75 euros.

  • Además, como siempre me he pegado un viaje navideño y este año recortando, recortando, me he quedado en casa, nada me vendría mejor que una de esas Wonderbox  con la que te puedes escapar tres días a un Parador. Planazo. 265 euros.

  • Estoy loca por uno de esos móviles táctiles por los que la gente desliza elegantemente sus dedos y jubilar el mío, que va a botones y casi a pedales... Inauguraría el 2013 con un Samsung Galaxy S III i9300 color azul:  que dejaría boquiabiertos a mis amigos y les dejaría sin armas para criticar mi condición atecnológica: 559 euros.

  • Como propósito de año nuevo me propondría otra vez iniciarme en la música clásica, misión que sería más fácil con esta colección esencial: 1000 Classical masterpieces: Todo lo que usted quiso saber de música clásica y nunca se atrevió a preguntar. De la ópera a la polca pasando por el vals. 185´99. Oh yeah.

  • Y con este libro que comprende cómodas prácticas de gramática alemana conseguiría definitivamente el otro gran propósito del año: dominar esa lengua del demonio... 39´62 euros.


Pero les tengo que dejar. El pitido de la cafetera de toda la vida me devuelve a la realidad tras este particular cuento de la lechera. Se me está enfriando, además, la tostada de jamón. Espero que la suerte se pase por mi casa. Entre los papelajos y el cupón virtual que les acabo de enseñar este año estoy que lo tiro. También les deseo a ustedes mucha suerte. Y que se estiren si les toca algo, claro. Y si no, ya saben, lo importante es estar sano ;)

En cualquier caso, FELIZ NAVIDAD.

Besos Miniverianos


martes, 18 de diciembre de 2012

Manual de comidas de empresa


Las comidas de empresa navideñas son tan típicas de estas fechas como el turrón de Jijona o las peladillas. Una prueba de ello es el precio que llegan a alcanzar los menús en esta época del año y lo poblados que se encuentran los bares de copas en unos apararentemente normales días entre semana.

Personalmente siempre he tenido dudas acerca de la asistencia a esta clase de reuniones. Una no es tonta y sabe que conllevan ciertos riesgos. Como ver a la típica jefa Rottenmeier perder los papeles y entrar en trance al son del  "Bulería, bulería", sabiendo que al día siguiente querrá recuperar su reputación a golpe de expedientes y horas extras. O tener que hacerle la cobra repetidas veces a ese compañero que ha decidido declararse por todo lo alto, sabiendo que al día siguiente tendrás que evitar su mesa plagada de felices retratos familiares que cayeron en el olvido a la tercera copa.

Pero peor que la asistencia sólo hay una cosa, la no asistencia. Que es más barata, sí, pero que priva al inasistente de la posibilidad de defenderse. Porque al fin y al cabo, esas comidas se hacen para unir a la plantilla, y hablar del ausente une. Mucho. En esta tesitura, lo mejor es ir, cumplir el trámite y volver a casa lo más airoso posible. Y por si les sirve de ayuda, les dejo una serie de consejos fruto de mi no muy extensa pero sí muy intensa experiencia:

  1. Evite colocarse cerca de puntos problematicos (leáse jefes o compañeros fisgones y correveidiles), no traen nada bueno.
  2. Rehúya posados y acercamientos a esos dañinos móviles de última generación. No se arriesgue a estar en segundos retuiteado y repineado de cualquier manera...
  3. Anime al animado. Si se fijan en otro no se fijarán en usted. Suelen bastar alientos del tipo "haz eso otra vez", "otra, otra" y "nunca digas la última, di la penúltima".
  4. Controlar el alcohol es muy importante. Si cree que las famosas vitaminas de farmacia pueden hacerle imbatible cual Aquiles recién bañado en la laguna Estigia, hágase con ellas. También funciona el contar las copas que se llevan, siendo consciente de que cuando las cuentas empiezan a bailar uno está prácticamente perdido. 
  5. En ese caso, lo suyo es haber orquestado previamente un plan b. Establecer con alguna mano amiga un modo para abandonar el local de forma discreta. Un rescate digno de aquellos rehenes americanos en Irán, vamos.
  6. Y si nada de esto funciona, sólo queda encomendarse a Billy Wilder, porque él nos enseñó que la oficina puede dar lugar a copas navideñas entrañables. Y con final feliz, además.

 


 

 




viernes, 14 de diciembre de 2012

El manifiesto de Chastain


Ya luce la tradicional decoración navideña. Ya están montados los belenes. Ya empieza a temblar la agenda porque toca reunirse con mucha gente. Son fechas de comer mucho, beber mucho y comprar mucho. No voy a hacer ninguna crítica a la falta de auténtico sentimiento navideño, al consumismo o al sistema capitalista que nos oprime... que a mí me gusta hacer todas esas cosas. Mucho. El caso es que en esta vorágine consumista las empresas se esfuerzan más en captar nuestra atención y tiran la casa por la ventana con los anuncios. Aunque quizás en España hay dos indicadores claros de la crisis actual en los reclamos publicitarios: este año Freixenet no tiene famoso y la lotería ha jubilado al calvo. Preocupante.

La cosa en el extranjero debe andar mejor porque ahí parece que las tradiciones se mantienen. Como todos los años las diferentes firmas muestran sus fichajes galácticos por estas fechas y, a lo que yo iba, de camino a casa me he entretenido esta tarde en contar las veces que me he topado con la foto de abajo. El resultado, perteneciente a un corto trayecto, ha sido seis. La Chastain y su Manifesto no paran de manifestarse.




Hace más o menos un año parecía surgir de la nada esta californiana de 32 años. Rápidamente se hizo fuerte en una cartelera en la que llegó a tener tres películas simultáneas. Porque yo a esta bella señora no la conocía de nada y me produjo cierto Déjà vu ir al cine fin de semana tras fin de semana y ver la misma cara. Primero con El árbol de la vida. Después con Take Shelter. Más tarde con Criadas y señoras. De manera que yo ya pestañeaba un par de veces en la butaca y pensaba: "no puede ser, ya está aquí otra vez esta, no para". Y ahí estaba la Chastain. Inamovible. Qué tía.

Y llegaron los Óscars. Y allí estaba la Chastain nominada por ese estupendo papel de Criadas y señoras, aunque podría haber sido por otro, porque la verdad es que estaba bien en todos. Puede tratarse de un éxito súbito y fulgurante, pensé. De esos de rápido ascenso y precipitada caída –tan comunes, por otra parte–. Pero no, la Chastain ya juega en la exclusiva liga de los anuncios de perfumes navideños. Y eso, señores, es caché y no los Óscars. Y el 4 de enero volverá a nuestras pantallas con La noche más oscura (Zero Dark Thirty), lo último de Kathryn Bigelow. Y todo huele a nuevas nominaciones para la muchacha, que ya cuenta con la candidatura al Globo de Oro. Parece que ya no hay duda, Jessica ha venido para quedarse.






sábado, 8 de diciembre de 2012

No hay nada más triste que lo tuyo


Como colofón a la entrada anterior –esa que iba de ser agradecido, no ir de tiquismiquis y de contentarse con cualquier tipo de curro, basura o no– he pensado yo añadir una canción cuya letra viene al caso y es bastante repetida en mi círculo de amigas. De hecho, no es raro que se la soltemos a la miembra (suena fatal, pero Aído lo decía y la ha fichado la ONU, ¿no?) que en un determinado momento se queja en exceso. Porque el No hay nada más triste que lo tuyo es todo un himno del no quejarse. Aquí, la letra y la canción, por si se animan a entonarla. Y perdonen la frikada de hoy, pero entre el puente y el inicio de las celebraciones navideñas creo que tengo encima exceso de fiesta.

No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo,
hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor.

No me digas que no hay nada más triste,
una tienda de animales es mucho más triste,
con los perros en sus jaulas dando vueltas
y los gatos dando vueltas en sus jaulas.
No hay nada más triste que una tienda de animales,
no hay nada más triste.

No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo,
hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor.

No me digas que no hay nada más triste,
un turno de noche es mucho más triste,
en la cadena de montaje esperando la sirena
con lo peor de Rubí contando sus miserias.
No hay nada más triste que un turno de noche,
no hay nada más triste.

No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo,
hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor.

No me digas que no hay nada más triste,
los caballitos pony, eso es mucho más triste.
los caballitos pony, en su importante feria,
los caballitos pony, los caballitos pony, los caballitos pony...
No hay nada más triste que los caballitos pony,
no hay nada más triste...


Puede que la letra les resulte algo extravagante, pero no lo son menos sus autores, un peculiar dúo barcelonés llamado Hidrogenesse, que la interpreta en sus conciertos tal que así:


Pero si a ustedes lo estrambótico no les va, no se preocupen, que esta canción puede ser bastante seria. El ejemplo, abajo. Ya no tienen excusa para no consolarse con el No hay nada más triste que lo tuyo.




martes, 4 de diciembre de 2012

Trabajo basura


Yo fui una niña caprichosa, quisquillosa y melindrosa de muy poco apetito. Todas las cucharadas que ingería llevaban la trayectoria de un avión e iban debidamente dedicadas a amiguitos, familiares o personajes ilustres varios. Por aquel entonces yo no entendía que tuviera que comer por la tita Maricarmen –con lo bien criada que estaba ella ya por sí misma– o por una alineación completa del Sevilla. Tampoco entendía las ganas de mi abuela de mandarme a una época llamada posguerra que, al parecer, me iba a curar de todos los males e iba a hacer que yo me comiese gustosa los garbanzos, las espinacas o –lo que a mí ya me parecía el colmo de la aberración– esas dos cosas juntas.

Y aunque hambre, lo que se dice hambre, yo no he pasado mucha, hoy en día entiendo a la perfección a mi abuela. Las cosas se valoran más cuando se pierden y la carestía hace que una sea bastante menos exquisita. Lo digo porque ando estrenando trabajo nuevo y porque hace ya bastantes años tuve uno parecido. Por aquel entonces me parecía un auténtico trabajo basura y mi cubículo gris me recordaba al de esa peli llamada Office Space que me hacía tantísima gracia. Su director, Mike Judge, se alejaba en 1999 de la animación y abandonaba a sus criaturas Beavis and Butt-head para iniciarse en un cine llamémosle más convencional.  El resultado era una divertida y caricaturesca comedia que contenía gags muy realistas: el empleado que sufre ocho jefes distintos de dudosas competencias, el responsable sin responsabilidades, la promoción automática por ineficiencia...




En Office Space (Trabajo basura por estas tierras) cualquier animal de oficina puede sentirse identificado. El protagonista, Peter Gibbons (Ron Livingston), es un programador informático harto del ambiente laboral y de un noviazgo bastante insatisfactorio. Tan harto que un día decidirá mandarlo todo a la mierda. Perderá entonces esa diplomacia que uno suele usar en el trabajo y dará carpetazo a su relación con el objetivo de iniciar una nueva vida: buscar un nuevo empleo y de paso hacerle alguna que otra proposición a esa camarera que ocupa sus fantasías más íntimas (una Jennifer Aniston bastante parecida a la Rachel de Friends, aunque menos pueril). Y curiosamente, esa decisión no le dará resultados tan malos. Además, sus colegas más cercanos se dejarán arrastrar por él. Ellos sufren a diario el mismo sinsentido laboral, aparte de lidiar cada día con un nombre impronunciable (Samir Nagheenanajar) o, lo que es peor, uno bastante jocoso (Michael Bolton). Entre los tres tramarán un singular plan que ha de alejarles de la maldita rutina diaria, de ese odiado trabajo basura.


Aquí los tres indios, con uno de los tantos jefes.

Peter sincerándose relajadamente con los temidos auditores

Milton (Stephen Root) y su querida grapadora

Jennifer, harta de sus "muestras de encanto" (chapas en los tirantes, vaya)

¿Quién no ha tenido ganas alguna vez de atizarle a ese aparato que se supone te hace la vida más fácil?


Para saber el resultado tendrán que ver la película. Yo he vuelto al cubículo y por ahora no tengo ganas de este tipo de hazañas. Poco me importa que sea igual de gris que el primero que visité o que apenas cobre una tercera parte del último salario que tuve. El caso es que me sabe a gloria. Cosas de pasar por una particular posguerra laboral. Es una pena que no pueda verme mi abuela.