miércoles, 28 de noviembre de 2012

Golpe sin efecto



Llevo unos días desconectada de Blogger y todo se ha debido a un obligado y repentino viaje a Madrid que he tenido que hacer recientemente. La ciudad ya la conocía, pero de todas mis estancias en la capital esta ha sido con diferencia la más rara. Primero, por apresurada. Segundo, porque esta vez ni me pateé el centro ni me empapé de museos. Una pena por Gauguin, otra vez será. Esta vez disponía de menos tiempo libre y el que tuve lo improvisé como pude.Y aunque el saldo de este periplo ha sido positivo (siempre viene bien pasar unos días fuera y visitar a esos amigos que por cuestiones laborales viven por esas tierras), he vuelto a casa tras vivir dos grandes chascos. El primero relativo al balompié, pues tuve la genial idea de acercarme al Vicente Calderón a ver ese encuentro Atlético de Madrid-Sevilla F.C. con una entrada que adquirí de forma también improvisada en un cajero automático. Digamos que la localización no era la más idónea y arriesgué mi vida tontamente el domingo por la tarde. Para colmo, junto a improperios varios (nunca entenderé la afición al insulto gratuito de muchos futboleros), tuve que encajar los cuatro –muy merecidos– goles que nos cayeron. Ya ven, un planazo.

El segundo chasco fue cinematográfico, y es que en esta ocasión yo me alojaba fuera del bullicio, al ladito de un multicines llamado Kinépolis donde al parecer se encuentra la sala de cine más grande de Europa. No tuve más remedio que acercarme y comprobarlo. No compré la entrada para la sala con más localidades (más de 1000) porque esas historias crepusculares de vampiros no me llaman nada la atención, pero me animé con Golpe de efecto, una película que protagoniza Clint Eastwood y que se proyectaba en una sala con capacidad para la nada desdeñable cifra de setecientasypico personas. La estancia era impresionante y la calidad de la imagen magnífica, cosa que me alegró muchísimo porque una siempre espera amortizar esos –en este caso diez– pavos que cuesta la entrada. En lo que no acerté fue en la peli, y es que Golpe de efecto me decepcionó enormemente. A lo mejor el problema es que el film resulta, en principio, muy atractivo. La historia de un viejo ojeador de beísbol que está perdiendo la vista y tiene que aceptar la ayuda de su despegada hija no pinta mal. Si, además, la protagoniza ese veteranísimo actor y director americano, parece que la elección es una apuesta segura. Pero Clint nos tiene malacostumbrados a aparecer últimamente al compás de su propia batuta, y en este caso es Robert Lorenz el que dirige el conjunto. Lorentz ha colaborado con Eastwood en algunas ocasiones, ya sea como productor ejecutivo o como director asistente, con lo que se espera que se le haya pegado algo del maestro. El reparto también anima. Amy Adams ya demostró lo bien que lo podía llegar a hacer en La duda, Justin Timberlake sale de nuevo muy mono y parece no querer volver al micrófono, y John Goodman no para de afianzar su extensa carrera con títulos como The Artist o Argo. Luego, si los actores malos no son, la historia a priori resulta curiosa y medios no faltan, la causa del descalabro puede ser un tal Randy Brown, el guionista. Y si alguien me dice que el tal Randy –al que desconozco– no es en realidad tan malo, ya sólo me queda achacar el despropósito a lo que yo llamo el misterio de la tortilla, o cómo una persona con una buena sartén, unas buenas patatas y unos buenos huevos puede no ser capaz de hacer una tortilla medianamente decente. Una tortilla seca y sosa. Una predecible y tonta película del montón. Un chasco, lo que yo les diga.




miércoles, 21 de noviembre de 2012

Beautiful Girls


Este ha sido un fin de semana de reencuentros. Un amigo de toda la vida ha vuelto a casa después de un buen tiempo dando tumbos por la geografía española a causa de un trabajo itinerante. No ha vuelto por navidad, sino por algo mucho más moderno: rescisión de contrato de obra o servicio. Decidimos recibirle a lo grande y a mí me tocó organizar una bienvenida que era además una excusa perfecta para reunir a la vieja pandilla al completo.

No negaré yo que disfruto organizando esta clase de saraos, en los que poseo ya amplia experiencia. La mecánica viene a ser siempre la misma. Primero se hace un pequeño sondeo para ver qué quiere hacer la gente. Los votos son simplemente consultivos y nunca vinculantes (esa amplia experiencia me dice que no hay que ser demócrata en estas cosas). Después elijo para el ágape un sitio inaccesible y una hora intempestiva con el fin de evitar la afluencia de niños –enemigos naturales de este tipo de eventos–  y como punto de encuentro escojo algún local en el que poder esperar tomando una copa, ya que el alcohol –amigo natural de este tipo de eventos– desinhibe a los más apocados y favorece mantener conversaciones lejanas a las circunstancias meteorológicas o frivolidades diarias varias. Nada peor que reunirte con viejos amigos y tener charlas de ascensor. Los que se han casado les dirán a los solteros que a qué estan esperando. Los que se han divorciado les dirán a los solteros que ni se les ocurra. Los solteros harán oídos sordos porque nadie escarmienta en cabeza ajena.

Tras la comida, y con algunas bajas, comienza la segunda fase, siempre más interesante. Ir al sitio al que solíamos ir y pedir la canción que solíamos pedir. Momentos para la nostalgia y para echarse unas risas. Cómo hemos cambiado, que decía la canción. Sólo los más atrevidos se resistirán a volver a casa y protagonizarán el encuentro en la tercera fase, donde ya no hay plan ni guión y las cosas pueden acabar de la manera más insospechada. El petit comité y la falta de pudor propia de los antros de esta fase propician que se hable de lo que no se pensaba hablar: ese trabajo del que te van a largar, pero que aún nadie lo sabe; esa pareja a la que vas a dejar, pero que ella aún no lo sabe; o ese escarceo amoroso que tuviste con quien no debías y que por supuesto nadie, hasta ahora, lo sabía.

Todo esto habría sido impensable hace 15 años. Empezando porque no habría sido necesaria tal reunión (cosas de verse a diario) y lo más cercano que habíamos experimentado en este sentido era una película cuya trama se nos hacía lejanísima: Beautiful Girls.

Corría  el año 1996 y un director llamado Ted Demme dirigía una película con un reparto muy notorio. Lo capitaneaba estupendamente Timothy Hutton, al que el espectador conocía desde la adolescencia por Taps, más allá del honor o Gente corriente. Era ver su cara y pensar en el paso del tiempo, oye. Y así Demme ya tenía medio trabajo hecho. Tras Timothy, muchos más: Matt Dillon, el eterno outsider guaperas; Mira Sorvino, que acababa de ser Poderosa Afrodita y su nombre sonaba con fuerza; Rosie O´Donnell, que pocas veces se ha encontrado con unas líneas más afiladas; Natalie Portman, por entonces una casi desconocida lolita; y de guinda, una irresistible Uma Thurman.

Cierto es que la historia no era nueva. Timothy, digo, Willie, vuelve a su pueblo natal para asistir a una reunión de antiguos alumnos. Él está bastante perdido. En su momento se fue a la ciudad a probar suerte como pianista, pero esa carrera no ha ido más allá de algún que otro club nocturno. Su vida sentimental no es más boyante y aunque lleva un año con una chica no tiene muy claro que sea la definitiva. La vuelta a casa es rara. Su padre no levanta cabeza desde la muerte de su madre y sus amigos no presentan un panorama mejor: el que no anda a la gresca con la novia está liado con una mujer casada o lleva una vida familiar aparentemente soporífera. Para colmo Willie perderá la cabeza por una inteligente niña de 13 años y comprobará que en el mundo hay demasiadas chicas bonitas como para aclararse.

Beautiful Girls es una película agridulce en la que la trama se ameniza con gags rebozados de nieve y canciones de The Diamonds, Rolling Stones o los Kiss. Aparte del clásico Sweet Caroline de Neil Diamond, que es casi un personaje más del film. Cuando se estrenó nosotros no habíamos llegado a la veintena y veíamos en ella una película de amigos y canciones, una película en la que salían un montón de caras conocidas (incluída "esa niña de León: el profesional") y que se nos hacía mucho más dulce que agri porque lo agrio estaba aún por llegar. Pero, cosas de la vida cinematográfica, a los protagonistas de esta película les hemos alcanzado y ahora nos son mucho más cercanos. Nada como una reunión de este tipo para comprobarlo. El resultado es parecido, se pasa un buen rato aunque nos demos cuenta de que poco tenemos que ver con lo que pensamos que seríamos. Y encima esto corre que se las pela. Sin remedio. Mejor no pensar y entonar el Sweet Caroline...



- No está en casa.
.¿Dónde va a estar?
-Cepillándose a ese tío.
-Colega, estará durmiendo...
-Te apuesto 20 dólares a que está con ese tío.
-Mala apuesta.
-¿Mala apuesta por qué?
-Porque perderás de todos modos. Si se lo está cepillando, tú pierdes y si no, pierdes 20 pavos... Mala apuesta. 



-¿Tienes novia?
-Por qué lo preguntas?
-No lo sé, te veo inquieto por algo. Si no me equivoco has vuelto a la casa de las lágrimas y la tristeza con tu padre el depresivo y tu hermano el colgado para tomar algún tipo de decisión sobre la vida. Una decisión vital.
-Te consideras una personita muy perspicaz, ¿verdad?
-No sé de que personita hablas. Soy la chica más alta de mi clase, puedo llegar al metro ochenta... y estaré muy buena.



"¿Sabéis cual es vuestro problema? La televisión, el playboy y las jodidas vigilantes de la playa. Sí. Y ahora dejadme que os explique algo: chicas con tetas grandes, culos grandes; chicas con tetas pequeñas, culos pequeños. Así es como funciona. Dios no va jodiendo la marrana por ahí, es un tío legal. Le dio a las gorditas tetas grandes y bonitas y a las flacuchas tetas canijas. Esa regla no la puse yo, y si no os gusta, llamadle."


Por cierto, Ted Demme murió en el 2002 a la temprana edad de 38 años. Estaba jugando un partido de baloncesto y el corazón le falló, dicen que por un consumo abusivo de cocaína. No vivió, pues, muchos de estos reencuentros. O quizás vivió demasiados. Quién sabe.


martes, 13 de noviembre de 2012

SEFF´12: Última tanda y palmarés


El Festival de Cine Europeo de Sevilla concluyó el domingo y debido a un trancazo considerable que me ha acompañado estos últimos días no he tenido ánimo yo para subir ninguna entrada con el resto de películas vistas. El palmarés ya se ha conocido y ha sido bastante sorprendente: Giraldillo de Oro para la sueca  Eat Sleep Die y Giraldillo de Plata para la griega Boy eating the bird´s food. Sus protagonistas obtienen además los premios a mejor actriz y actor, respectivamente. No he visto ninguna de las dos, así que poco puedo opinar sobre las vencedoras. Mi favorita del festival, esa Reality que ya comenté en la entrada anterior, se lleva el Premio Especial del Jurado, y el Premio del Público ha ido a parar a manos de Haneke y su Amour.  

Por lo demás, estos últimos días festivaleros han sido para mí una mezcla de frenadol y pelis como las que detallo aquí abajo. Y volvemos a ir de menos a más:


- Z daleka widok jest piekny (It looks pretty from a distance): Cuando llegué a la sala con los pies mojados por no esquivar correctamente unos cuantos charcos no podía ni imaginar que lo peor estaba aún por llegar. Esta película fue una decisión bastante poco acertada. De hecho, a falta de entretenerme con el filme, me pasé buena parte de los 77 minutos de duración  pensando si había visto alguna peor en el festival –cualquiera que fuese su edición– y no, creo que esta es la más soporífera de todas. Es una película de orines y moscas que pretende mostrar la miseria económica y moral de un pequeño poblado polaco, pero la ruindad ajena pocas veces me ha sido tan indiferente, la verdad. 

Nota: ¿un uno? ¿un dos?



- Vivir en Sevilla: Curiosa la vida de este director, Gonzalo García Pelayo, que lo mismo dirige películas que produce discos o se dedica profesionalmente a eso de jugar en los casinos. El festival le rendía un pequeño homenaje y allá que fuimos a ver cómo retrataba nuestra ciudad ese sevillano de adopción que es Gonzalo. Vivir en Sevilla es un encuentro. Un pintor regresa a la ciudad tras muchos años en el extranjero, sus sensaciones, sus relaciones con una mujer joven y sus pensamientos son la esencia de esta película que es una mezcla de todo: a ratos parece un documental un tanto filosófico, a ratos se dedica a enseñas tetas y pubis propios de esa época de destape a la que pertenece. A lo mejor es por eso por lo que no le han sentado bien los años, en mi humilde opinión. Lo moderno y transgresor suele notar antes los achaques de la edad que las formas clásicas, más atemporales. Pero aparte de ser bastante curiosa, se puede ver en ella una Sevilla setentera y escuchar de fondo aquel fenómeno llamado Rock andaluz y, sólo por eso, yo ya la apruebo ;)

 Nota: 5



- Museum hours: Otro curioso experimento. En esta ocasión quien dice Sevilla dice Viena, y en concreto su Kunsthistorischen Museum o Museo de la Historia del Arte. Allí tiene lugar el encuentro entre un vigilante y una canadiense que acude a esa ciudad a visitar a una prima que se encuentra hospitalizada. Esta película, dirigida por el americano Jem Cohen, es un recorrido por las salas del bonito museo vienés y por la vida de sus personajes, por lo que pasa y por lo que permanece. Una apuesta diferente que se me hizo algo larga aunque he de decir que encantó a mis compañeros de butaca.

Nota: 5.5




- Paradise: Faith: Esta película que se ha llevado finalmente los premios Eurimages y mejor guión en el festival no ha logrado convencerme. Demasiado exacerbada como para ser tomada en serio y sin los golpes necesarios para ser una comedia, es difícil de catalogar. Esta parte de la trilogía dedicada a la Fe (hay dos más, las dedicadas al Amor y a la Esperanza) se centra en la vida de Anna Maria, una enfermera que dedica sus ratos libres y sus vacaciones a divulgar su fe con la ilusión de que Austria vuelva a ser católica. Para rizar el rizo está casada con un musulmán que no entiende muy bien las duras prácticas religiosas de su mujer, bastante estrictas y masoquistas, por cierto. Es una película sin términos medios, donde los religiosos entran con facilidad en trance y los no religiosos hacen orgías en los parques. Leí por ahí que era una cinta provocadora por ciertas imágenes sexuales con crucifijos, pero qué quieren que les diga, que yo me crié viendo a Madonna y eso nuevo no es. Tampoco me escandalizaría a mí que fuera el marido el que se tocara valiéndose del Corán, pero al menos estaría menos visto. A Ulrich Seidl, el director, le buscarían seguramente para cortarle la cabeza, eso sí. De todas formas, se echa un buen rato en la sala y alguna risa. Me han hablado mejor de Paradise: Love (también presente en el festival), así que tendré que verla.

Nota: 6
 



- A perdré la raison: Inspirada en hechos reales, esta película dirigida por el belga Joachim Lafosse está protagonizada por Èmilie Dequenne, aquella Rosetta que tanto éxito dio a los hermanos Dardenne. La historia de unos jóvenes que se enamoran y deciden casarse y formar una familia parece algo típica pero no lo es en absoluto en esta película. En ella se logra crear un clima inquitante de gran expectación aunque en mi opinión deja demasiados cabos sin atar y no se resuelve la historia de forma convincente. Aún así, se disfruta con ella en el cine. Èmilie está que se sale. Creo que se llevó el premio a mejor actriz en Cannes, no me extraña nada.

Nota: 6.5




- Amor: Tras su Palma de Oro en Cannes y por haber leído estupendas críticas de la cinta yo me esperaba de esta película lo mejor del festival. No está nada mal, tiene el mérito de poner la cámara hacia una historia algo inusual en la gran pantalla, una historia de vejez y de enfermedad, sin esperanza y con mucho sacrificio. Los actores están muy bien (Jean Louis Trintignant, Emmanuelle Riva), puesto que sobre ellos recae todo el peso de una austera película sin apenas exteriores y con pocos personajes secundarios (el más relevante es el de su hija, Isabelle Huppert). Sólo ellos, nada más. Haneke vuelve a terminar su película con uno de esos finales que acostumbra (cuando empiezan a rondar las dos horas uno ya sabe que en cualquier momento el bueno de Haneke puede apagar la cámara) y yo eché de menos algo de ritmo en la narración. Creo que es una buena película, pero para mí no es lo mejor de este director.

Nota: 7





- The Hunt: Thomas Vinterberg, famoso por aquella Celebración que rodó en 1998, ha vuelto con una interesante película que retrata muy bien esa cosa llamada desconfianza. Mads Mikkelsen –premio a mejor actor en Cannes por este papel– es un guapo profesor cuya vida se ha complicado en los últimos tiempos: una separación y el cierre del colegio en el que daba clases le han dejado solo en casa y ejerciendo de vigilante de guardería. Él afronta esta fase con optimismo, hasta que una pequeña niña del centro en el que trabaja le pone las cosas aún más difíciles. No es la primera película que vemos sobre el daño que puede producir una mentira (recuerda a La calumnia en muchos aspectos), pero logra crear un estupendo clima de tensión y suspense. A mí no me convence el final, un tanto desinflado para una historia que había alcanzado un punto demasiado álgido, aunque ya saben, todo es cuestión de gustos. Se ha llevado el premio ASECAN (el de la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía) en el festival.

Nota: 7.5




lunes, 5 de noviembre de 2012

SEFF'12: Primera y húmeda tanda.


Hoy es el cuarto día de festival y todo indica que está siendo un éxito en cuanto a afluencia de público. Digo esto porque lo normal es encontrarse con unas salas bastante pobladas a pesar de la inclemente climatología del fin de semana. Ir al cine cuando llueve es una buena y refugiada idea, pero el tener que andar entre cines desperdigados es bastante menos apetecible con la manta de agua que nos ha caído. Lo que podría haber sido un agradable paseo por el centro sevillano fue una peregrinación paraguas en mano en la que lo normal era acabar empapado. Este fue el motivo de que yo el sábado me quedara disfrutando de la sobremesa en un céntrico restaurante y no acudiera a Fin, la primera película de Jorge Torregrosa (con Maribel Verdú, Clara Lago, Blanca Romero y el guapísimo Andrés Velencoso). Las críticas que he leído han sido bastante malas, así que me alegro de haberme quedado a resguardo de la tormenta saboreando un cappuccino y una buena panna cotta. Por lo demás, las películas vistas por ahora, además de esa Unfair World relatada en la última entrada, han sido estas:

-Invasor: Por todo lo alto se presentó Invasor en el festival. Eran las doce de la mañana y poco antes de su proyección para la prensa los alrededores del centro comercial en el que se encontraba la sala estaban cercados para una demostración de destrezas automovilísticas que anunciaban una película trepidante y llena de acción. Creo que los espectadores de fuera acabaron mucho más contentos que los de dentro, porque en la sala y tras la película yo escuché de todo. En algún que otro punto álgido de la cinta se escucharon tremendas carcajadas y tras el pase los comentarios eran bastante desoladores. Lo cierto es que Calparsoro se mete aquí en una película muy vista en usamérica y muy atípica en el panorama nacional, un thriller bélico-político con mucha acción y una buena dosis de sangre. Pablo (Alberto Ammann), un médico militar que se encuentra en Irak de misión humanitaria regresa a España tras haber sufrido un ataque terrorista. Con la memoria dañada tendrá que intentar recomponer lo sucedido y esto no resulta ser lo que él esperaba. Las escenas de acción están mucho más logradas que las familiares, donde no falta el niño –en este caso niña– repipi y la esposa sufrida (Blanca Cuesta, que debe estar ya comodísima en este papel). También podemos ver a Antonio de la Torre como compañero del protagonista y a Karra Elejalde –el centro de la mayoría de las críticas– como malo, malísimo.

Nota: Yo le daría un 5 raspado a Calparsoro, aunque sólo sea por el intento.




- In the Fog: El director Sergei Loznitsa necesita demasiados minutos para contar una interesante historia situada en la Bielorrusia ocupada por los nazis. Tras comenzar viendo una ejecución de partisanos locales, dos hombres acuden a la casa de otro con el fin de darle muerte. El director nos contará mediante flashbacks cómo esos tres personajes han llegado hasta ahí antes de servir el desenlace. Me imagino que la novela, escrita por Vasiliy Vladimirovich Bykov, debe estar bastante mejor. La película es lenta y larga. Una pena, porque la trama encierra una cruel historia de esas que tardan en ser olvidadas.

 Nota: 5.5





-The suicide Shop: Simpática apuesta animada del festival. La primera película del SEFF en 3D es un divertido a la par que macabro musical que viene de la mano de Patrice Leconte, el director de El marido de la peluquera o La chica del puente. La verdad es que la familia Tuvache te hace pasar un buen rato en el cine. Ellos regentan un singular negocio en un mundo que no da abasto para contabilizar suicidios: La tienda de los suicidas. En ella uno puede encontrar todo tipo de artilugios con los que irse al otro mundo, "si su vida ha sido un fracaso, haga de su muerte un éxito", reza el eslogan. Ellos le ponen empatía a la profesión y son una familia de lo más lúgubre, pero todo cambia con la llegada del tercer retoño del matrimonio, Alan. Este niño alegre y risueño, optimista incorregible, pondrá en peligro ese negocio familiar basado en el pesimismo.

Nota: 6.5




- César debe morir: Los Taviani visitaron hace poco este blog y repiten en poco tiempo. César debe morir era una de las películas más esperadas y no creo que haya decepcionado a nadie. Esta singular representación teatral que tiene lugar en una cárcel romana muestra el trabajo interpretativo de unos reclusos con mucha facilidad para interiorizar a Shakespeare. Lo ficticio se mezcla con lo real de manera natural y el resultado es bueno, por lo que uno entiende que la cinta se llevara el Oso de Oro en Berlin  y cinco premios Donatello. Pero esta película a mí me ha recordado muchísimo a otra que vi hace unos años en este mismo festival sevillano. Era una película checa, se llamaba Los Karamazovs, y aunque en aquella ocasión la obra era de Dostoyevsky y el entorno una acería, esa mezcla de ficción y realidad resultaba ser bastante parecida.

Nota:  Yo a este César le daría un 7.




- Cleo de 5 a 7: Esta es ya una película cincuentona (de 1961 concretamente) pero ha vuelto a las salas en el homenaje que la ciudad ha decidido rendir a Agnes Varda. Yo no había visto este film y le tenía ganas desde que Maribel –del blog Esnobismo anglo-francófilo–  me comentó por aquí que le había gustado. La verdad es que lo disfruté mucho. Transporta a los espectadores al París de principios de los 60 y esas dos horas con Cleo hacen que se le coja cariño a una caprichosa cantante que no sabe muy bien qué hacer con su vida, máxime cuando se encuentra por razones de salud en un punto de inflexión. Todo un placer poder ver los paseos de la guapa chica en pantalla grande, sí señor.

 Nota. 7.5



- Reality: Por ahora mi favorita del festival, aunque he de decir que en esta decisión no he encontrado a nadie que me acompañe. La nueva película de Matteo Garrone (director de Gomorra) es la original historia de Luciano, un dicharachero y espabilado pescadero napolitano cuya vida dará un giro cuando se cruce con un ex-concursante de Gran Hermano (Grande Fratello, como dicen por allá). Decía Garrone en una entrevista que la película tenía poco que ver con ese tipo de concursos en sí y mucho con el impacto que pueden crear en algunos espectadores, y es verdad. La película narra de una forma amena y divertida la conversión de Luciano a una particular rama del cristianismo donde el que juzga ya no es un pantocrátor con cara de pocos amigos ni el paraíso algo tan lejano. Lo primero bien puede ser una cámara y lo segundo una vida con fama y dinero a disfrutar en la tierra, es decir, sin palmarla. En algunos momentos me recordó a la hace poco comentada aquí Ginger y Fred y Aniello Arena está que se sale en el papel protagonista. En resumidas cuentas: muy, muy recomendable.

Nota: 8






sábado, 3 de noviembre de 2012

Un mundo injusto. Y tanto.


Ayer comenzó al fin el festival y lo hizo con una tremenda tromba de agua como telón de fondo. La meteorología fue en gran parte la culpable de que yo me decantara por la primera opción de las que les comentaba en la última entrada y la verdad es que ahora creo que me equivoqué y que bien podía haberme mojado un poco más y haber acudido al concierto (¿por qué no hice caso del voto del señor Lombreeze?).

Unfair world es una de esas películas que quedan perfectamente reflejadas en la sinopsis. Tanto, que las dos horas de metraje no logran aportar mucho más. Un policía bastante preocupado por la justicia de sus actos tiende a ser más que laxo con los detenidos. Este afán de comprensión del protagonista no será recompensado cuando sea él el que necesite cierta benevolencia. El primer fotograma de la película muestra a nuestro agente, Sotiris, sentado en el banco de una plaza. En él irá perdiendo la verticalidad debido al cansancio y a chupitos varios. A su lado, un remolque sin vehículo pide igualmente que alguien tire de él. El problema es que conforme pasan los minutos el espectador tampoco es que tenga ganas de cargar con Sotiris: la película es demasiado fría como para cogerle cariño, los diálogos escasos y no muy acertados y el pretendido rollo tragicómico de la cinta no está logrado. Christos Stergioglou (aquel padre de Canino) consigue, eso sí, salir con la misma expresión durante todo el film. He leído por ahí que es cine minimalista. Será.

Dicho todo esto, no me hagan mucho caso, porque ayer hubo gente que aplaudió al irrumpir en la pantalla los títulos de crédito, porque este film se hizo en San Sebastián con premios como la Concha de Plata al mejor director (Filippos Tsitos) y actor (Antonis Kafetzopoulosen) y porque es la seleccionada por Grecia para pelear por el óscar a mejor película extranjera. Y, sobre todo, porque yo no tengo ni idea de cine, la verdad. Les dejo el trailer aquí abajo y ya si eso se piensan lo de verla. Yo voy a empezar a acicalarme, que hoy me toca sesión triple, y espero que mi empeño cinéfilo sea recompensado con el visionado de una buena peli. Si es que existe la justicia cinematográfica, claro.