miércoles, 31 de octubre de 2012

SEFF´12. Preparados, listos...


Aunque últimamente todo parecía estar en mi contra para disfrutar este año del Festival de Cine Europeo de Sevilla, creo que ya puedo decir que salvo nuevas adversidades podré acudir a mi cita anual y, por primera vez, escribir un poco sobre el cinematográfico sarao en este blog.

Y es que estos días nada me salía como esperaba. Obtener una respuesta del festival ha sido harto complicado, pero finalmente pude hacerme con una acreditación recurriendo a mi eterna condición de estudiante. Como ya dije hace un tiempo, este año las proyecciones son en el centro de la ciudad en varios cines desperdigados –aunque no muy lejanos entre sí– y la nueva localización a mí personalmente me viene mucho peor. Sobre todo porque estoy haciendo un curso –gracias al que espero poder empezar a trabajar en breve... ¡alabado sea el Señor!– que se imparte en el otro extremo de la ciudad y que pasó de ser por las mañanas a las tardes, cuando tienen lugar la inmensa mayoría de las proyecciones. Aún no sé realmente cómo lo voy a hacer, pero espero empacharme de cine los fines de semana y rezaré a Tussam (empresa municipal de autobuses sevillana, no es raro que un humano alcance antes su destino a pata que en uno de sus vehículos) para que me dé tiempo a llegar a las últimas sesiones tras la salida del curso. Igualmente probaré alguna que otra mañana a asistir a los matutinos pases de prensa, en los que si queda hueco pueden entrar los estudiantes, porque la preferencia la tiene –lógicamente– la prensa autorizada.

El pistoletazo de salida será este viernes y barajo dos posibilidades:

- Comenzar el festival echándole un vistazo a una película griega que hace doblete, pues está enmarcada en dos secciones diferentes: Focus Europa: Grecia (dedicada, claro está, al país heleno) y Selección EFA (selección en la que que entran películas prenominadas a los premios de la European Film Academy). Su nombre es Unfair world, la dirige un tal Filippos Tsitos y obtuvo la Concha de Plata en San Sebastián al mejor actor y director. Al parecer, el protagonista es un policía con tendencia a perdonar delincuentes cuya vida dará de pronto un giro inesperado. Filmaffinity la define como comedia dramática y a mí esta mezcla de géneros suele gustarme, y mucho. Aquí abajo, el cartel:



- Asistir a un concierto de los que programa el festival. El artista en esta ocasión es la Santa Leone Orchestra, nombre con el que el guitarrista Pájaro está dispuesto a adentrarnos en el salvaje oeste y revivir míticas bandas sonoras. Yo ya conozco el directo de este pájaro y sé que el concierto no puede ser malo. Y es que esa mezcla cofrade-Morricone engancha:




Como por ahora no tengo el don de la ubicuidad, no sé por qué evento me voy a decantar, pero les mantendré informados. Esta va a ser una semana muy ajetreada y, aún así, espero tener tiempo para dar la murga por aquí. Comienza la cuenta atrás.


viernes, 26 de octubre de 2012

El turismo es un gran invento


No, no me ha dado otra vez por hurgar en el cine patrio demodé, es que esta ha sido la frase que se me ha venido a la cabeza al leer una noticia que dice que nuestro país es el destino turístico de moda en la India. Ahora lo que se estila por allí es ir a una agencia de viajes y solicitar España. Y la culpable de todo esto es, simplemente, una película.

Zindagi Na Milegi Dobara, traducida al español como Sólo se vive una vez (no seré yo quien critique esta vez la oportuna literalidad o no de la traducción) vio la luz el año pasado y revolucionó la taquilla india. Al parecer, esta road movie por tierras ibéricas ha hecho de España el destino favorito de los jóvenes indios, que quieren visitarnos antes de sentar la cabeza. A las ciudades típicas que se demandaban con aterioridad (Madrid, Barcelona y Sevilla), se le han sumado dos más a raíz del estreno del film: Pamplona, por sus sanfermines; Buñol, por su tomatina. Y es que la piel de toro está plagada de singulares eventos festivos que se prestan mucho a esas desenfrenadas celebraciones que son las despedidas de soltería. Me imagino yo que esta nueva tendencia barrerá sobre todo entre las castas superiores. Yo, sin ir más lejos, como casta media/baja hispalense no me podría despedir de esa manera y tendría que recurrir como mucho a la cutre borrachera de turno en ciudad cercana disfrazada de cualquier sandez. Cuando no portando algo con forma fálica. Siempre habrá clases.

Mara Miniver, curiosa como es, no ha podido resistirse y ha buscado la cinta en cuestión por internet. Lo que sea para ver qué es lo que ha despertado semejante oleada, oye. Y lo cierto es que la película es una especie de Resacón en Las Vegas menos cafre y más iniciático-místico (esto no me extraña, no). El argumento viene a ser este: tres amigos muy íntimos con alguna que otra rencilla deciden emprender un viaje debido al próximo matrimonio de uno de ellos. España es el marco en el que tendrán que intentar reconciliarse y vencer sus miedos personales. Para ello, cada ciudad va asociada a una actividad/reto: buceo en la Costa Brava, paracaidismo en Sevilla y encierro en Pamplona. Yo no estoy muy hecha al cine made in Bollywood, pero esta ha sido la película más taquillera del verano por allí. La música está muy presente en el film y además la mezcla flamenco-india ha sido de lo más exitosa, no en vano, el tema principal de la película –el llamado Señorita– ha sido bailado hasta la extenuación en las discotecas hindúes. Les dejó con el Aserejé del Indo. Sin desperdicio.





lunes, 22 de octubre de 2012

El show debe continuar


Ella ya no se dedica al espectáculo, abandonó hace ya muchos años la farándula y en ese tiempo ha convivido con su marido, ha emprendido un pequeño proyecto empresarial y ha tenido hijos y hasta nietos. De su vida anterior nada queda sino el recuerdo, y éste es sacudido cuando recibe una curiosa llamada para participar en un show televisivo de cierto renombre. Sus nietos, encantados con eso de ver a la yaya por la caja tonta, animan a la vieja gloria que, cuando se quiere dar cuenta, se encuentra ya en un tren camino de la capital dispuesta a dar todo aquello que antaño daba y en el más puro directo.

La llegada no es tan cálida como se imaginó, pero nuestra protagonista lo lleva bien porque ella nunca perdió la humildad ni eso que hace a la gente mucho más resistente a los años, conservar cierta inocencia. Seguramente esa inocencia es la culpable de que tarde tiempo en ver que el show en cuestión es un desmesurado espacio basado en habilidades muy particulares que en ocasiones rozan más lo excéntrico o lo ridículo que otra cosa. Las ganas de abandonar son grandes y si ella no coge la maleta y se va es porque espera encontrarse con su partenaire, al que no ve desde su retiro y con el que compartía mucho más que el escenario o la coreografía. El encuentro se produce de forma accidentada pero no les decepciona. El otrora nómada sexual –como a él le gustaba autodefinirse– es ahora un señor de muchos años que procura no mostrarse desnudo ante sus amantes. Quizás achantado ante el amor, él lo suple echándole cierta irreverencia y radicalidad a la vida, cosa que su compañera encuentra divertida, aunque sólo a ratos. Juntos tendrán que actuar en el que se supone será su último baile, y la cosa no va a ser tan fácil.

Lo que les acabo de contar bien podría estar pasando en cualquier plató español, en esos que se graban programas llenos de triunfitos, de jurados malhumorados y de personajes dignos de esa loca colina que orquestaba Jesús Quintero, pero lo cierto es que es el argumento de Ginger y Fred, película que Fellini dirigió en 1985, contando con Marcello Mastroianni y Giulietta Masina de protagonistas, ambos magníficos como emuladores maduritos de la mítica pareja de baile. La película conserva muchos de los clásicos ingredientes del maestro: la sátira, los personajes grotescos o la música circense, pero los adereza esta vez con el agridulce paso del tiempo. El resultado es un film enternecedor ensombrecido por las grandes obras del aclamado director, pero que bien se merece una oportunidad. Yo, sin ir más lejos, se la di este fin de semana, y lo cierto es que me alegro de haberlo hecho :)







lunes, 15 de octubre de 2012

Brad, kill me softly


Este ha sido un fin de semana tan largo como improductivo, pero al menos pude por fin ir al cine y consecuentemente tener algo que contarles en este lunes resacoso de festivos. Yo pretendía hincarle el diente a Amor bajo el espino blanco de Zhang Yimou, pero a Mara Miniver a demócrata no le gana nadie y terminó entrando sin rechistar en Mátalos suavemente. La verdad es que pensé que perder no era algo tan malo si el castigo era verle la cara a Brad Pitt. Que todas las derrotas sean así.

Creo que no se me da muy bien esto de hacer una crítica de una película en cartelera. Para empezar porque en general no me gusta leerlas, me puede el factor sorpresa. Pero por intentarlo, digamos que Killing them softly es la historia de un atraco que tiene como banda sonora estupendas y nostálgicas canciones que firman artistas tan dispares como Petula Clark o la Velvet Underground. Los políticos también contribuyen a eso de poner música de ambiente, porque Obama y McCain se encuentran presentes durante toda la operación dejando claro el contexto histórico de la cinta: la crisis económica y la campaña presidencial de 2008. Brad está sublime haciendo de matón cumplidor a la par que escéptico y el resultado es un digno thriller de 104 minutos –lo bueno si breve... ya saben–  con un reparto que transpira vida mafiosa (algunos por estar ya muy curtidos en ella, como Ray Liotta o James Gandolfini) y con un trasfondo que, aunque pueda resultar evidente (viene en el cartel : "América no es un país, es un negocio" ), se presta a muchas interpretaciones de esas que ganan mojadas en cervezas o gin tonics.

Hecha la recomendación, yo me voy a centrar en ese rubio cotizadísimo que empezó de guaperas en Thelma y Louise y ha resultado ser un rostro más que frecuente en el cine de los últimos tiempos. El rubio nacido en Oklahoma roza la cincuentena con un físico envidiable y con un magnífico curriculum vitae que hoy pretendo repasar. Con fotos para amenizar la velada, no faltaba más.

  • La primera vez que le vi corría el año 1991, actuaba bajo las órdenes de Ridley Scott y hacía de un tremendo autoestopista que les salía bastante rana a las heroínas de la cinta: Thelma & Louise. Él no era conocido pero la cosa ya prometía.



  • Unos años más tarde Brad volvió a la carretera con otra "road movie" y, aunque esta vez se mostraba más peludo y peligroso, lo cierto es que en Kalifornia (1993) estaba igualmente guapo y se dejaba ver con la que era por entonces su novia, la ahora rockera Juliette Lewis.


  • Dos años después, en 1995, Brad participó en un thriller que no tardó en convertirse en un clásico moderno. En Seven compartía cartel con Morgan Freeman, Kevin Spacey y Gwyneth Paltrow, esa suertuda que tuvo por novio a Brad unos años antes de encontrar al no menos guapo Chris Martin. Seven era un peliculón y Brad quedaría para siempre ligado a una escena cinematográfica de esas que no se olvidan, la que pone punto y final a la película.


  • En 1996 nuestro rubio volvió a las pantallas con un drama en el que se encontraba de nuevo muy bien acompañado (por Robert de Niro, Kevin Bacon, Dustin Hoffman y Vittorio Gassman entre otros) y el resultado fue una película que no me canso de ver, la dura Sleepers.


  • Quizás como consecuencia del éxito de Seven, David Fincher no dudó en rescatar a Pitt para su nuevo proyecto. No hizo mal, El club de la lucha quizás no obtuvo el reconocimiento unánime de su predecesora, pero se convirtió pronto en una de esas películas llamadas "de culto". Corría el año 1999.


  • Brad estrenó el siglo XXI enseñándonos de nuevo el torso. Lo hizo en Snatch: Cerdos y diamantes, el que es para mí el mejor filme del ahora venido a menos Guy Ritchie, y haciendo un papel peculiar: el de un gitano de mala oratoria pero muy buen gancho.


  • A partir de entonces recuerdo que entre Ocean´s eleven y twelves le perdí algo la pista al rubio de oro, pero en el 2006 nos reencontramos en la cartelera. Él actuaba bajo las órdenes de Alejandro González Iñárritu y el título era Babel.


  • Yo no soy ninguna incondicional de Tarantino, así que puedo reconocer que ver a Pitt era una de las cosas que me llevaron a ver esos Malditos bastardos que Quentin dirigió en el 2009. Y las botas militares no le sentaban mal, no.


  • Termino el recorrido con una cinta que dividió a los espectadores entre partidarios y detractores como hacía tiempo yo no veía. No sé si por Pitt, pero yo me encuentro entre los primeros. Esto tenía lugar el año pasado, cuando Terrence Malick sorprendía con una cinta con aires bíblicos y dinosaurios, El árbol de la vida.



Y esto es todo, amigos. Aunque sólo por ahora. En los próximos meses Brad volverá a la cartelera con directores como Steve McQueen, Rob Reiner o Darren Aronofsky. Incluso repetirá con Ridley Scott y Malick. Que no cunda el pánico, que hay Brad Pitt para rato.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El día de la banderita


Con el lema "Ahora + que nunca" la Cruz Roja pretende hoy, el llamado Día de la Banderita, recaudar fondos para ayudar a aquellos que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad. Los voluntarios están ya con sus huchas en la calle y con éstas se espera poder ayudar a unas 300.000 personas especialmente afectadas por esta crisis socioeconómica que nos alumbra. Pero yo hoy no quiero hablar de crisis, que ya lo hago demasiado a menudo. Si me ha dado por hacer un post referente a esta jornada, es porque para mí la Cruz Roja siempre ha sido muy cinematográfica y me recuerda irremediablemente a mi abuela, que hace tiempo pasó a mejor vida. 

Mi abuela tenía varios amores en la gran pantalla que creo recordar iban en este orden: Gary Cooper, Gregory Peck, Cary Grant y Charlton Heston. Con todos ellos se quedaba pegada al sofá y si la historia era además de suspense –sus favoritas– no pestañeaba y le hablaba a la tele como si se viera en la obligación de advertir de los evidentes peligros al protagonista. Ninguno de estos galanes, sin embargo, lograba ponerla tan contenta como Tony Leblanc. A saber por qué. A lo mejor porque en el fondo pensaba que era con él con el único que llegado el caso se podría entender. La cuestión es que el señor Leblanc era un habitual de nuestro salón y cuando él aparecía mi abuela –acostumbrada en todo lo demás a ceder– no soltaba el mando de la tele.Y entre todas las películas del gran Tony (Historias de la radio, El día de los enamorados, Los tramposos, El astronauta...) yo recuerdo especialmente esas que tienen que ver con el día de hoy:  Las chicas de la Cruz Roja (1958) y Tres de la Cruz Roja (1961). La primera dirigida por Rafael J. Salvia y la segunda por Fernando Palacios (muy conocido éste por la navideña La gran familia y su secuela La familia y uno más). Ambas muestran un Madrid castizo, comparten repartos plagados de caras conocidas –siendo Tony una de ellas– y reflejan una España inocentona que poco a poco dejaba atrás la autarquía y empezaba tímidamente a abrirse al resto del mundo. ¿El tema? Con sus diferencias tenían en común el protagonismo de la prestigiosa institución humanitaria y lo recurrente por aquéllos años: situaciones cómicas, hombres pícaros pero de buen corazón y chicas locas por casarse.










¡Ah! Y canciones pegadizas. De eso también había. La de veces que he tarareado yo esta canción...






lunes, 8 de octubre de 2012

Y que cumplas muchos más...


No quiero que se me pase el día sin comentar la efeméride y rendir un pequeño homenaje. El 8 de octubre de 1949 vino al mundo Sigourney Weaver. Nació en Nueva York y se inició en el cine en 1977 de la mano de Woody Allen, actuando en Annie Hall. Desde entonces no ha parado de trabajar, haciendo magníficas y muy malas películas, pero yo a Sigourney le tengo mucho cariño y se lo perdono todo, porque ella hizo que yo fantaseara con la idea de explorar otros planetas, rebuscara en mi casa fantasmas y me gustaran más los gorilas. Este cariño está sólidamente cimentado y no se tambaleó cuando pagué un potosí por ver esa historia ambientada en Pandora y me pasé dos horas de la película deseando quitarme las gafas 3D y una de ellas esperando que los representantes de esta nuestra cultura occidental capitalista sometieran por fin a los Na'vi y les colocaran unos cuantos McDonalds en las dichosas montañas flotantes. Y es que Sigourney es capaz de cualquier cosa. De hecho, es capaz de desafiar al Star-system realizando trabajos muy dispares, llevando toda la vida casada con el mismo hombre y siguiendo en la brecha en un Hollywood no acostumbrado a las mujeres con más de 60. Y la cosa va para largo, en 2013 volverá con la tercera parte de los Cazafantasmas y amenaza igualmente con unas cuantas secuelas de Avatar. Que Dios nos coja confesados.


"Alien, el octavo pasajero", 1979


En "El año que vivimos peligrosamente", 1982.


"Gorilas en la niebla", 1988


"Alien 3", 1992


 "El bosque", 2004


Gala de los Óscars, 2010

jueves, 4 de octubre de 2012

Padre padrone


Aunque yo no soy uno de esos "espigadores" que mencionaba en la entrada anterior –por ahora, el futuro nadie lo sabe– lo cierto es que tengo cierta tendencia a mirar alrededor de los cubos de basura, ver lo que la gente deja fuera del contenedor, bien porque le otorgue aún algún valor y lo vea aprovechable, bien porque no le quepa dentro. O porque la persona en cuestión sea algo guarra, todo puede ser.

No sé si esa costumbre la adquirí cuando en la facultad me rodeaba de alumnos de Bellas Artes, los cuales tenían poco dinero, mucha tendencia al reciclaje y una imaginación que hacía que vieran en los restos de mobiliario usado todo un Leroy Merlin. O quizás empezó cuando tuve perro y me daba pena no dejarle olisquear al menos la zona más pulcra de esos rincones de desperdicios, imaginándome que debía ser para él una de esas sinfonías de olores que tanto gustaban a Mister Bones, ese inolvidable chucho que Paul Auster creó en su novela Tombuctú y que era un "espigador" de categoría. El caso es que hará un par de años encontré la película que les traigo hoy por el blog al lado de unos cubos de basura y en una vieja caja de cartón. Sospecho que la nominaron en uno de esos expurgos domésticos tan necesarios y resultó ser finalmente expulsada del domicilio junto a libros de bolsillo manoseados y un par de cedeses del tipo max mix verano total con hits como "ese toro enamorado de la luna" o "cómo ronea, cómo ronea". El DVD estaba intacto y cuando lo cogí (verán que no soy escrupulosa, pero a más escrupulosa más asquerosa, que decía mi abuela) sólo alcanzaba a ver el título, Padre padrone, y el símbolo de una de esas palmas que anualmente se reparten por Cannes. La carátula era simplona y a la pobre película no le habían dado ninguna oportunidad, pues estaba intacta y precintada. Supuse que fue quizás un regalo desfortunado o que llegó a la casa en cuestión acompañando a algún diario. En cualquier caso seguro que produjo una gran decepción por los austeros fotogramas que se reproducían en la parte posterior de la cinta y por no albergar rostros de brucewillis o angelinajolies. Retiré el envoltorio, la metí en el bolso y ahora la miro de reojo mientras escribo esta entrada.

La historia de Padre padrone se rueda en 1977 basándose en una obra autobiográfica que había visto la luz dos años antes. En ella el escritor y lingüista Gavino Ledda relataba su vida en la Cerdeña rural de los años 40, una vida dura y sin opciones, por el agotador trabajo que debían realizar los que allí vivían y por la feroz autoridad de su padre.

La película, rodada por Paolo y Vittorio Taviani, es bastante sobria pero sin aburrir a un espectador que no puede evitar sobresaltarse en los golpes. El título ya deja claro que la figura paterna es algo trascendental en la vida de Ledda, al fin y al cabo fue su padre quien le sacó de la escuela y le inició en el pastoreo cuando era sólo un niño. Seguramente porque no veía otra alternativa. Gavino es todo un ejemplo de superación personal, pues si llegó a escribir su propia biografía supongo que no es ningún spoiler decir que él logró cambiar su suerte y pudo iniciar otra vida que en nada se parecía a la anterior. No sin gran trabajo, desde luego. Sin haber leído la obra me imagino que los Taviani encontraron una forma muy personal de filmar la historia, ya que en la película aparece el propio Ledda aderezando la narración. La película gustó mucho en su estreno, y si por entonces estos hermanos se hicieron con la Palma de Oro en Cannes, ahora están otra vez de moda por haberse llevado el Oso de Oro en Berlín con su último film, César debe morir. Quién sabe si lo podremos ver por Sevilla dentro de un mes.



"La ley ha hecho que la escuela sea obligatoria, la pobreza es lo que no debería ser obligatorio", palabras del Padre padrone.
El guapo actor Saverio Marconi da vida a Ledda
EL auténtico Gavino Ledda




lunes, 1 de octubre de 2012

Estrategias de la supervivencia


Parece que este año el SEFF (o Festival de Cine Europeo de Sevilla, cosas de las siglas anglosajonas) quiere estar en consonancia con los tiempos que corren. A falta de un mes escaso para el inicio del evento, ya podemos ir comentando por aquí las novedades que nos esperan. Si el año pasado le tocó a Rusia, este año le toca a Grecia ser el país homenajeado. Sus películas formarán un ciclo denominado Estrategias de la supervivencia y supongo que estará marcado por un cine realizado con escasos recursos. A la fuerza ahorcan. En este blog ya se ha hablado de esa nueva ola griega, así que espero poder ver pronto lo nuevo de Athina Rachel Tsangari (su última cinta se llama Capsule y estará en el festival) y coger material para una segunda parte de ese post.

Y si Grecia es el país homenajeado, la gloria personal se la lleva esta vez Agnès Varda. A mí me queda mucho por ver de la filmografía de Varda –seguramente pueda ponerle remedio a la cosa en el festival– aunque sí que he visto un documental que dirigió la directora francesa allá por el año 2000 y que en mi opinión le viene de perlas a estos días que estamos viviendo y a ese ciclo griego que se adivina austero. Digo esto porque hace unos días daba la vuelta al mundo este reportaje del New York Times que muestra una España moribunda rebuscando en contenedores de basura. Y digo esto también porque hace una semana en nuestro Congreso se discutía una Proposición no de Ley que contemplaba el aprovechamiento de los alimentos descartados por las grandes superficies. En este contexto el documental de Varda está más de moda que nunca. En Los espigadores y la espigadora se hace un paralelismo entre las tradicionales espigadoras que nos ha regalado la pintura (por ejemplo las de Millet) y los espigadores actuales, los cuales no sólo recogen las sobras de la siega sino también los residuos de una sociedad que fabrica y destruye en exceso. Aparte de ser técnicamente novedoso y poético en ciertos momentos, Agnès se acerca de una forma bastante interesante a las vidas de los que hurgan en desperdicios, algunas llenas de miseria, otras no tanto. Y aunque en algún momento parece que la directora ve con demasiada indulgencia cierto tipo de vandalismo, lo cierto es que el resultado es un documental bastante íntimo que se mueve entre lo que se descarta, lo que se desecha y lo que se reutiliza. A veces muebles destartalados o deformes patatas con forma de corazón, otras veces vidas que se han quedado al margen del camino que todos consideramos más ortodoxo. Historias de reciclaje y por qué no, de segundas oportunidades.