viernes, 28 de septiembre de 2012

Blancanieves 2012



Ya tenemos peli seleccionada para mandar a los Óscars. Eran tres las posibilidades: Grupo 7, película que yo ya he halagado por aquí; El artista y la modelo, película que yo no he visto pero que es de Fernando Trueba y a mí ese hombre nunca me ha hecho tilín; y Blancanieves, la seleccionada finalmente. Ya veremos como sale la cosa, aunque a priori parece que lleguemos a destiempo. A destiempo porque por lo que he leído la peli es en blanco y negro y muda, algo no muy novedoso teniendo en cuenta que The Artist el año pasado se paseó por todos los festivales del mundo saliendo casi siempre victoriosa (incluidos los Óscars, claro). A destiempo también porque con esta ya va la tercera Blancanieves que llega a nuestra cartelera en lo que llevamos de año (los hermanos Grimm, dondequiera que estén, deben haberse quedado a cuadros). Y sin embargo, a mí me apetece ver la Blancanieves de Pablo Berger. De hecho, quiero ponerle remedio a la cosa este fin de semana. La razón –aparte de las estupendas críticas que va cosechando la cinta– es que yo ya fui al cine a ver la anterior película de este director, aquella curiosa comedia llamada Torremolinos 73, y recuerdo que la cinta me dejó buen sabor de boca. Era una película sencilla, de un director novel, pero que presentaba dos puntos fuertes. Por un lado una original historia inspirada en hechos reales: la de un matrimonio común (vendedor de enciclopedias, él; esteticista, ella) que decide cambiar de vida al empezar a filmar sus encuentros íntimos para una peculiar enciclopedia nórdica. Por otro lado el reparto, plagado de archiconocidas y televisivas caras (Juan Diego, Candela Peña, Javier Cámara, Fernando Tejero, Malena Alterio... y un larguísimo etcétera). Los guiños a Bergman no tienen desperdicio y, qué quieren que les diga, poder verle el trasero al danés Mads Mikkelsen (Después de la boda, Flame y Citrón... o la última The Hunt), tampoco.

En fin, que Berger se ganó entonces mi curiosidad y os dejo aquí abajo la película en cuestión, por si así despierto yo también la vuestra. Buen fin de semana.

 





miércoles, 26 de septiembre de 2012

Te amaré hasta que te mate.


Septiembre suele ser un mes negro para eso de las separaciones. Los días de playa con los suegros, el exceso de convivencia, los días de asueto enfrascados en engorrosas labores domésticas... suelen pasan la misma factura que tomar el sol sin protección, al final la cosa quema. Si a esta tendencia ya de gran tradición le sumamos que la gente está tiesa entonces todo se pone peor. Supongo que este es el contexto de un papel cuché bien servido de divorcios, un teléfono –el mío– que lleva ya unas cuantas llamadas con tristes y sorprendentes noticias de este tipo o multitudes en las calles pidendo lo que viene a ser lo mismo en la Diada: separarse. Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Pues va a ser verdad.

Las rupturas son siempre dolorosas pero casi nunca iguales. Las hay amistosas y cordiales, adustas y desabridas o vehementes y viscerales. Y aunque en la vida real me quedo con las primeras (una que es cívica), en el cine mis favoritas son las de peor ralea: las más sanguinolentas. Porque del amor al odio sólo hay un paso y puestos a matar yo soy como Sabina, que nunca entiende el móvil del crimen, a menos que sea pasional. La lista de títulos de este tipo sería interminable, pero yo voy a dejar aquí una pequeña guía de desuniones –o intentos de éstas– macabras cinematográficamente documentada. Son películas muy recomendables, pero no se den el atracón, especialmente si andan a la gresca con la pareja y hay de por medio algún seguro de vida copioso, ya me entienden.


1. AMANECER  o la tercera en discordia: 

Amanecer se merece abrir la lista no sólo por su antigüedad (1927) sino también por mostrar tres robustos pilares de este género: la esposa entregada y sufrida, el hombre cansado (no quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia... o eso dicen) y la pelandrusca de manual. Murnau hace virguerías con estos ingredientes y rueda escenas absolutamente inolvidables, como ese famoso paseo en barca que volveríamos a ver en la gran pantalla en más ocasiones (en otra película que se menciona un poco más abajo, sin ir más lejos).



2. EXTRAÑOS EN UN TREN o el modo negociador: La verdad es que al maestro del suspense le molaba este tema. De entre todas las posibilidades me quedo con esta, porque si la negociación forma parte esencial de cualquier ruptura, la que tiene lugar en este tren conducido por Hitchcock no tiene desperdicio. Dos desconocidos comparten vagón y en un santiamén la trama está servida: A mí me sobra mi padre y a ti tu mujer, así que hoy por ti, mañana por mí y aquí paz y después gloria, pero no me vayas a decir digo donde me dijiste Diego... Si no han visto la película no se preocupen, que este lío de refranes se aclara con el visionado de la cinta.




3. UN LUGAR EN EL SOL o el affair irrenunciable: Pongamos que usted es un jovenzuelo de origen humilde que se traslada de ciudad para trabajar. Pongamos que al principio mata el tiempo saliendo con una chica del montón con la que le espera la misma vida humilde y anodina que usted lleva practicando desde que nació. Y pongamos que de pronto conoce a una bella y encantadora chica de alta cuna con la que entraría a formar parte de la Jet Set del lugar. Si encima la dama en cuestión es una Liz Taylor con 17 años no es de extrañar que a Montgomery Clift se le nublara la razón, ¿o no?
Por cierto, el trailer de la época tiene su gracia, pero destripa buena parte de la película.




 4. EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES o el modo erótico-festivo. Aparte de razones sentimentales o monetarias está claro que en esto del amor-desamor lo hormonal suele estar muy presente. Lana Turner y John Garfield eran más comedidos, pero en 1981 la cosa estaba bastante caliente. El mismo año que William Hurt y Kathleen Turner le metían fuego a sus cuerpos, Jessica Lange y Jack Nicholson constituían un torrente sexual dispuesto a arrasar con cualquier cosa. Marido de ella incluido, claro.




5. DIVORCIO A LA ITALIANA o el estilo mediterráneo: Si Shelley Winters tenía poco que hacer contra la Taylor en la película número 3, imagínense las pocas opciones de la cejijunta Rosalía frente a la tierna y joven prima de su marido (se ve que lo de "más primo, más me arrimo" es algo universal). Las latitudes mediterráneas ya se notan y Marcello Mastroianni le pone picaresca y gracejo a esto de acabar con la esposa. El ejemplo, aquí abajo:




6. PERDICIÓN o la lagartona pérfida: La cifra de lagartonas –o femmes fatales, como prefieran– en estos temas es infinita. La lagartona pérfida se reconoce por tener pose elegante y bastante astucia. Suele ser más pobre, guapa y joven que su víctima y gusta de sugerir a sus amantes actividades ilícitas. Esto es así porque ella intenta evitar eso de ensuciarse las manos o romperse las uñas, ella es más de encargos. Huele a lo lejos a los hombres fáciles de persuadir y a menudo domina de lo lindo el modo erótico-festivo visto un poco más arriba.





7. ASCENSOR PARA EL CADALSO, el noir gabacho.  Tengo debilidad por esta cinta, por sus historias cruzadas, sus localizaciones parisinas y por la música de Miles Davis que adereza el conjunto. Lo que queda claro con la película es que cuando algo no está de Dios, no está de Dios.




8. LAS DIABÓLICAS, ellas también matan. Las féminas no siempre delegan en manos de otros el homicidio. Si tiene que remangarse una, se remanga. En este caso, otro noir francés, las que se remangan son dos.




9. LA GUERRA DE LOS ROSE o el tanto monta, monta tanto: Ni él ni ella sino ambos a la vez, sin duda el método más equitativo en cuanto a acabar con el contrario. Porque una vez que se ha roto el amor lo de llegar a las manos no es tan complicado.




10. El broche final es el desamor castizo y me veo obligada a conceder un empate técnico a ¿QUÉ HECHO YO PARA MERECER ESTO? y 7.000 DÍAS JUNTOS. Nosotros, como los italianos, también somos de echarle humor a la cosa, pero no  podemos evitar aportar nuestros propios símbolos. Si en la primera Carmen Maura decide plantarle cara a la vida en plan Kill Bill sustituyendo la katana por una pata de jamón, en la segunda Fernando Fernán-Gómez sitúa a José Sacristán entre dos ibéricas bastante opuestas. Por un lado la repulsiva Pilar Bardem que se pasa la vida con los rulos y su bata de guatiné (guateada según la RAE, pero qué quieren que les diga, que me quedo con la expresión popular) devorando madalenas, por otro María Barranco, una jovial dependienta de Galerías Preciados que canta con salero eso de "la española cuando besa, besa de verdad". La noche y el día, oigan.




Espero que hayan disfrutado de la lista y si han llegado hasta aquí –admito que el post me ha salido más largo de lo normal, comprendería perfectamente que hubieran abandonado aburridos antes de tiempo– doy por hecho que son ustedes unos cinéfilos empedernidos y por lo tanto aptos para ayudarme en una cuestión. Desde hace tiempo se me viene a la cabeza una película que he visto pero de la que recuerdo bastante poco, ni siquiera el título o los actores. Les puedo decir que la película en cuestión es en blanco y negro y que la trama giraba en torno a una mujer enferma que se queda sola en casa guardando cama mientras su marido está de viaje de negocios. Escucha entonces por teléfono una conversación en la que oye que intentan asesinarla. No pongo mucho más en pie, pero me acordé de ella redactando el post y espero que alguien pueda sacarme de esta incómoda duda que me cineatormenta...


viernes, 21 de septiembre de 2012

Os lo juro por Snoopy


El cartel de la entrada anterior no fue lo único que me encontré a mi llegada de la playa hace unos días. Lorena Be-Bop me tenía guardada otra sorpresa. Ella es una bloguera vintage y polifacética que lo mismo le dedica una entrada a Greta Garbo que a un viejo anuncio del Moussel de Legrain. Ella es así. Su blog ha pasado en poco tiempo a ser uno de mis básicos y no debo ser la única porque a Be Bop Lashes últimamente le llueven los premios. Uno de ellos, el llamado Forever Friends, ha llegado hasta maraminiver gracias a esta chica que se desenvuelve estupendamente en inglés y que lleva los tocados para el pelo como nadie.





Al ver el logo recordé la época en la que este singular perrito estaba hasta en la sopa. También recordé lo que a mí me gustaban las películas de Charlie Brown y lo poco que tenía que ver esa fama de pijo repelente que tenía su mascota con el carácter que le otorgó Schulz en la tira cómica. El autor estuvo trabajando en ella unos 50 años y creó un especial mundo sin adultos, con tendencia a lo absurdo y que por alguna extraña razón resultó entrañable para muchas pititas y muchos borjamaris.

El tremendo éxito del cómic llevaron a Snoopy y a su dueño al cine y la televisión. Películas como Un niño llamado Charlie Brown; Snoopy, vuelve a casa; Escapa, Charlie Brown o ¡Buen viaje, Charlie Brown, y no vuelvas! convirtieron a la pandilla de Schulz en estrellas de cine. Lo cierto es que con Charlie Brown no es difícil identificarse. Él está lejos de ser un triunfador y se muestra a menudo exasperado, sus amigos suelen tomarle con facilidad los tres pelos que posee y su perro, Snoopy, es demasiado listo e independiente para él –Charlie Brown dixit– y tiende a pasar de su dueño. Lo suyo es estar en lo alto de su caseta soñando ser un aviador o un novelista de éxito. Encontrarán algunos ejemplos de esto aquí abajo:








El caso es que tras darle muchas vueltas a la cabeza he decidido que esta vez no voy a escoger cinco blogs y perpetuar así el Forever Friends Award. No es que no me vea encasquetando este Snoopy en posición amorosa a alguno de los hombres de pelo en pecho asiduos a este blog, tampoco es que tema incumplir todas las leyes de la paridad de género si decidiera otorgar el premio a algunas de las bellas damiselas que frecuentan maraminiver, es que esta entrada me ha puesto terriblemente nostálgica y prefiero quedarme el mítico can para mí solita. Os lo juro por Snoopy.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Una entrada pasada por agua


Como algunos ya saben, Mara Miniver este fin de semana se ha ido a la playa. Ya echaba yo de menos puestas de sol como esta:




 Y, cómo no, zamparme en pleno paseo marítimo alguna delicatessen gaditana:



A mi vuelta he podido comprobar que no he sido la única sevillana flamenco-cinéfila que se ha dado un remojón este fin de semana. Hay otra cuyo baño viene, además, cargadito de polémica. La semana pasada se presentó el cartel de la novena edición del SEFF, el Festival de Cine Europeo de Sevilla, y no ha dejado indiferente a nadie. El cartel, un tanto surrealista, presenta a una sevillana ataviada convenientemente situada en una extraña Sevilla inundada y con un proyector de cine por peineta. Entre las críticas hay de todo: que si ya está bien de vestidos de volantes, que luego nos llueven los tópicos; que si el cartel aparte de raro es feo; que si la gitana además tiene un rollito masculino, que pudiera ser un guiño al mundo gay (¿ein?). Ya ven, de todo.

Y es que este año el SEFF no para de dar sorpresas. Con la llegada de José Luis Cienfuegos al festival se van desvelando poco a poco las novedades: una nueva sección competitiva titulada Nuevas olas u otra novedad bastante significativa, que las proyecciones que antes se hacían en un gran multicines cercano a mi casa se van a repartir ahora en otros cines más pequeños. Más centricos, sí, pero dispersos, complicando la cosa esa de salir de una sala y meterse en otra, que favorecía enormemente los atracones festivaleros que yo solía darme una vez al año. 

El cartel encargado a Miguel Brieva ha resultado, como les decía, bastante controvertido. Lo cierto es que yo no tengo nada de anti-tradicional (lo de ir de moderno me parece algo agotador para uno mismo, insufrible para los demás), ni veo el cartel tan feo, ni a la protagonista tan almodovariana... aunque tampoco es que me convenza mucho la imagen. Pero prefiero preguntar a los expertos, que me consta que mis compañeros blogueros tienen muy buen criterio... ¿a vosotros qué os parece?




miércoles, 12 de septiembre de 2012

Like Dylan in the movies


Ayer, 11 de septiembre, salió a la venta lo último del mítico Bob Dylan, un álbum llamado Tempest. El bardo de Minnesota celebra con este disco 50 años de carrera y parece empecinado en morir con las botas puestas. Los tiempos cambian, eso sí, y ya no es necesario tragarse ninguna cola en las tiendas para adquirir su última obra, sino que ésta se encuentra fácilmente a golpe de click. Pero Dylan ha conseguido seguir en la brecha, tiempos diferentes, misma fórmula, y vista la acogida de su último trabajo, parece que no le va a ir del todo mal.




Al ver el vídeo no he podido evitar recordar –aunque poco tenga que ver– aquella aparición de Bob en el oeste americano. Quizás porque la película iba, al igual que el vídeo, bien cargada de violencia, o porque además Bob también llevaba por aquel entonces la cabeza cubierta con un sombrero. El caso es que allí  Bob Dylan respondía al nombre de Alias, y parecía tener la sangre de horchata. Pat Garret y Billy The Kid es una de esas películas que encandila a los ajenos al western como yo, ya sea por su aire decadente, sus poéticas imágenes o el empaque de sus personajes protagonistas, cada uno intentando ser coherente a su manera: uno con su nueva vida, el otro con su resignada muerte. Todo estaba además aliñado con las canciones de Dylan, canciones que a mí no me importaría que sonaran cuando no me toque más remedio que llamar a las puertas del cielo.

Al parecer la incursión del cantautor en el film fue bastante casual. El guionista, Rudy Wurlitzer, le pasó el guión a Dylan para que escribiese una canción apropiada para la película. A Dylan el guión le gusto tanto que se plantó en México en pleno rodaje y mostró la canción realizada al efecto directamente a Sam Peckinpah, quien ni le conocía. A Bloody Sam (Sam el Sanguinario, como era llamado por algunos dada su afición al ensañamiento) la pieza debió conmoverle sobremanera, porque de allí nuestro cantante sale con un papel que tiene, además, bastante presencia en el film.

La película dió muchos quebraderos de cabeza, vivió abundantes problemas técnicos y su llegada a las pantallas podría decirse que no dejó a nadie contento. La banda sonora vivió la misma suerte. Pero los años, que dicen algunos ponen todo en su sitio (aunque yo no tenga esto tan claro),  fueron con este proyecto mucho más benevolentes. La película se restauró, acercándose a la idea que de ella tenía Peckinpah y las canciones adquirieron valor con las nuevas imágenes. Las versiones que nuevos artistas hacían de temas como Knockin' On Heaven's Door dejaban claro que la banda sonora contaba con joyas que no se habían escuchado lo suficiente. Y así llegamos al día de hoy, donde esa historia de Pat y Bill forma parte de los clásicos del cine y el bueno de Bob, aparte de poner su cara bonita, también aporta de paso unos cuantos clásicos musicales.










Las apariciones de Bob en el celuloide han resultado además bastante inspiradoras para algunos, por ejemplo para los Belle & Sebastian, que bautizaron una de sus canciones en honor al maestro y una servidora la ha utilizado para dar título a esta entrada. Su pegadizo estribillo aconseja una y otra vez eso de "If they follow you/don´t look back/like Dylan in the movies" y lo cierto es que Dylan por ahora no parece tener ninguna intención de mirar atrás. Menos mal.





jueves, 6 de septiembre de 2012

De bancos, buenos o malos


Estos días, en los que no hay noticiario sin información bancaria y el léxico se nos queda corto para describir las vicisitudes que afectan a los templos del crédito, me he decidido yo a meterme entre pecho y espalda alguna que otra película de naturaleza usurera. La vida manda, que diría David Lean (bueno, no, lo diría quienquiera que pusiese ese título a la película en vez de This happy breed). Y como yo no me ando con chiquitas, elegí para la ocasión a esa familia de postín que son los Rothschild, que empezaron con eso de cambiar monedas y acabaron como estirpe nobiliaria. 

Los Rothschild no tienen muy buena prensa. De hecho, ningún banquero la tiene –las cosas como son– pero los Rothschild se llevan la palma. Al impopular oficio que profesan se suma en este caso la sangre judía y sus cercanas relaciones con el poder. El haber financiado buena parte de las guerras europeas tampoco es de mucha ayuda. El caso es que cuando el cine se ha acercado a este linaje, los Rothschild no han salido muy bien parados. A las pruebas me remito.

En 1934 unos americanos aún deprimidos por el famoso crack pusieron imágenes al ascenso en el viejo continente de esta familia de origen judeoalemán. La película The House of Rothschild se centraba en la vida de Nathan, uno de los cinco hijos varones de Mayer Amshel Rothschild, fundador de la dinastía. Nathan, establecido en Londres, se dedicó entre otras cosas a financiar la campaña contra Napoleón y fundó allí el banco Rothschild. Peculiares métodos y oportunas –y escamosas– decisiones inversoras protagonizan la cinta.




Algo más tarde, en 1940, los alemanes decidieron revisar la historia. Como se imaginarán, esos nacionalsocialistas que estaban a un tris de comenzar la deplorable solución final, no estaban por la labor de echarle flores al bueno de Nathan. Así que en esta versión de la historia, llamada Die Rothschilds, el personaje pasa a ser más desagradable, de ética y estética, y podemos ver a un gordinflón de escasa moral manejando los hilos del mundo a su antojo y en su beneficio (cosas de esa conjura internacional judía tan popular en la época). Esta fue la primera película de una trilogía antisemita que pretendía arengar a las masas contra la población judía y, echando la vista atrás, supongo que logró su cometido. Los ingleses tampoco salen bien retratados (normal, teniendo en cuenta el año y la situación europea) pues aparecen como un pueblo carente de valores que se vende al mejor postor, judío en este caso. Está claro que lo de ser fiel a los valores de uno mismo no tiene por qué ser bueno, sobre todo cuando los valores son ya de por sí malos.




Y aunque el valor, sobre todo histórico, de esas dos cintas es incuestionable, yo ya tengo una escena bancaria por excelencia, aquel famoso corte musical de Mary Poppins en el que el pequeño Michael sacudía la banca inglesa con el peor enemigo de las instituciones financieras: la desconfianza. Y si dos peniques podían hacer eso, imagínense un titular del New York Times que hable sobre la fuga de capitales de este, nuestro país. El "sálvese quién pueda" suele tener nefastas consecuencias.






martes, 4 de septiembre de 2012

Vielen Dank


Aunque en buena parte ya he agradecido los ánimos que me habéis dado en los comentarios del anterior post, he querido volver a hacerlo y de paso comentaros que el examen no fue del todo mal, aunque yo en esto del alemán nunca tengo claro si lo he hecho bien y si la palabra que terminé en -r, tenía que haberla terminado en -n, -m o en Dios sabe qué; que entre otras cosas tuve que hablar de mis vacaciones, así que pude hacer una redacción que ha pasado a convertirse en mi verano imaginario, puesto que la realidad es que tuve un veraneo árido, caluroso y muy casero, tanto que la verdad no me hubiese dado ni para tres renglones; y que los resultados me los darán en dos semanas y entonces puede que le coja tirria al cine alemán o no.

Al llegar a casa me encontré en el correo este vídeo, enviado además por un compañero de fatigas idiomáticas. Tras algunos comentarios chistosos por el chat y de paso proferir algún que otro insulto leve –fruto de la envidia más que nada– al multilingüe chaval, ambos tuvimos claro que aunque nosotros no fuésemos a llegar a 11, manejarnos con 4 ó 5 lenguas no podía resultarnos tan difícil. Eso sí, el Afrikáans lo va a aprender Rita.



domingo, 2 de septiembre de 2012

Sprechen Sie Deutsch?


Yo no, pero lo intento. Será porque una es de letras puras y siempre me hizo gracia eso de declinar, será porque el panorama está para dominar lenguas extranjeras y hacer las maletas, el caso es que llevo estudiando alemán desde hace algún tiempo con unos resultados bastante pobres, seguramente por la irregular dedicación de la menda lerenda.

Pero el verano ocioso y conciertero está llegando a su fin y en breve –el martes sin ir más lejos– tendré que ir a demostrar mis conocimientos en la lengua de Goethe (que son pocos, muy pocos), así que intentando evitar el ridículo más absoluto esta última semana la he dedicado al cine alemán, porque a falta de estudiar, buenas son películas (digo yo). Que si revisar a Reiner Werner Fassbinder o Wim Wenders, rescatar algo de la etapa alemana de Fritz Lang o mejor (porque es más fácil entender lo que tiene menos años, será cuestión del audio, me imagino), irse a los éxitos modernos del cine germano. Para eso van muy bien las películas de Oliver HirschbiegelEse hundimiento (Der Untergang) que ha sido versionado de forma jocosa de mil y una maneras por internet, tanto que ahora me cuesta la misma vida ver la famosa escena del mapita en el bunker y tomármela en serio. O aquel experimento (Das Experiment) macabro que el mismo director dirigió en el 2001 y que quitaba las ganas de participar en pruebas sociológicas a cualquiera.




Otro experimento que tampoco le salía bien a los alemanes fue el que dirigió Dennis Gansen en el 2008, el llamado Die Welle (La ola), en el que un proyecto de instituto dejaba claro que la llegada del totalitarismo era mucho más sencilla de lo que nos imaginamos. Moraleja: no bajar la guardia, desde luego. 
 


Uli Edel es otro director que no viene mal repasar. El mismo que se estrenó con la cruda Yo, Cristina F. volvía a las pantallas hace algún tiempo con aquella controvertida banda llamada RAF  ( en Der Baader Meinhof Komplex) cuya desaparición, como ustedes ya sabrán, se presta a un buen serial de Iker Jiménez.




Pero todo no van a ser sucesos extraños o ensayos siniestros, también he tenido tiempo para ver lo último de Tom Tykwer, y es que el que dirigiera a aquella Lola que no dejaba de correr (Lola rennt) en 1998, volvía hace poco a nuestra cartelera con 3 (Drei) una enrevesada historia de pareja que aumentaba con una nueva adquisición. Donde caben dos, caben tres, o eso dicen.




Y en medio de este empacho teutón que vengo padeciendo desde hace unos días, he atado cabos y creo que he dado con el ingrediente estrella que hace que una película vaya de perlas en la cartelera alemana, que no es otro que este hombre:




Moritz Bleibtreu es un actor de 41 años y labios carnosos, es bávaro y bárbaro y es seguramente el actor más famoso actualmente en su tierra natal. Es también conocido en el exterior por sus trabajos más internacionales (su aparición en Munich, de Spielberg, por ejemplo) y aparte de trabajar con Hirschbiegel, Gansen, Edel y Tykwer, ha estado también bajo las órdenes del último director alemán que les traigo hoy por aquí: Fatih Akin. Su Contra la pared (Gegen die Wand) arrasó con los premios europeos en el 2004 (Oso de Oro en Berlín o Goya a mejor película europea, entre otros) y con Bleibtreu parece llevarse bien pues han hecho juntos películas como Solino, Soul Kitchen o Im Juli. Por cierto, que este director turco-alemán está casado con una mexicano-alemana y eso se nota en su filmografía, salpicada de español en algunos momentos. Me despido con una muestra, mi escena favorita de la bastante regular película Im Juli. La canción no sirve para eso de practicar alemán, pero es estupenda y bastante pegadiza. ¿Los responsables? una multicultural banda llamada Polvorosa. Que la tarareen ustedes bien.