domingo, 29 de julio de 2012

Ponte guapa y nos vamos esta noche a la verbena


La cita era a principios de agosto de cada año en el serrano y gaditano pueblo de Benamahoma y ese era uno de los escasos momentos en los que yo tenía la oportunidad de vivir un ambiente rural, puesto que mi vida siempre ha estado rodeada de bastante asfalto. He de decir que yo era muy joven y que resistía con facilidad esas fiestas en honor a San Antonio de Padua, las cuales conllevaban unos cuantos días sin dormir, con noches eternas de paquitos chocolateros y sus correspondientes mañanas de moros y cristianos despertando tímpanos a golpe de trabucazo.

Ya en Sevilla el sarao veraniego por excelencia era y sigue siendo la velá de Santa Ana, que tiene lugar por estos días en el idiosincrásico barrio de Triana. Un año más se ha celebrado la tradicional cucaña en el rio Guadalquivir y se han levantado casetas en la preciosa calle Betis. Todo para degustar unas tapas y meterse en el cuerpo muchas cervezas más lo que venga. Este milagro hecho velá ha sido posible este año gracias a unos recortes tan odiosos como eficaces y, a tenor de lo que comenta la prensa estos días, no ha sido sólo Triana la que se ha unido a la moda de la austeridad. Muchos ayuntamientos, asfixiados por la crisis, han tenido a bien reducir el presupuesto para este tipo de eventos, ya sea en iluminación (total, si la gente en un par de horas ya no ve nada...) o eliminando la clásica orquesta por un más económico DJ. Otros menos afortunados han decidido directamente pasar por alto su tradicional folclore estival. Que no hay dinero para tanto jolgorio. Así que, hasta nueva orden, ni toros, ni fuegos artificiales ni chenoas.

Lo cierto es que en estas castizas celebraciones he pasado yo momentos inolvidables (unas veces espléndidos, otras horrorosos), aunque en lo cinematográfico –que se supone que de eso va la cosa– a mi este tipo de verbenas siempre me han dado mucha grima. Seguramente porque han sido con frecuencia el escenario perfecto de situaciones amargas y porque en medio de esa evidente y escandalosa felicidad las penas suelen ser mucho más penosas. Resulta, por lo tanto, más fácil conmover a un espectador que no puede soportar que en ese marco incomparable a su protagonista se le tuerzan los planes y acabe siendo víctima de la violencia, del hurto o del desamor más desalmado y que vuelva a su casa (en el mejor de los casos) sin dinero, sin pareja y sin un triste perrito piloto. Corría esa suerte un joven Imanol Arias bajo las ódenes de Vicente Aranda en Tiempo de silencio, cuya escena verbenera le ponía la guinda a una mala racha que se negaba a abandonar al protagonista. De la misma manera, ya en el país de las hamburguesas, Frank Sinatra y una magnífica Shirley MacLaine eran abducidos por ese poder letal de lo ferial en la obra de otro Vicente –esta vez apellidado Minelli– la genial Como un torrente.

Pero yo le quiero dedicar mi entrada a una película española que refleja como ninguna lo que era nuestra verbena de antaño, con su chotis, sus barracas y sus calesitas, pero, sobre todo, con esas parejas que se estrenaban en el licor y en el baile agarrao. Porque antes de salir en manada, del botellón y del chunta-chunta, lo que se estilaba era otra cosa. Bien es cierto que el argumento de Cielo negro va más allá de lo verbenero, pero esta película dirigida por Manuel Mur Oti en 1951 no puede entenderse sin hacer un previo estudio etnológico de lo que significaba esa verbena de barrio para una chica como Emilia, una hacendosa y aplicada joven miope que trabaja en una casa de modas y vive con su madre y su sueño de ennoviarse con un tal Fortún, un compañero de trabajo que le da a Emilia el carrete justo y necesario para que ésta se pase las noches lidiando con su vista y con el francés, haciéndole al vivo cortejador unas traducciones de textos que él necesita para promocionar en su profesión. Para que se hagan una idea, la trama de esta película transcurre tal que así:

  • Emilia entrega como cualquier otro día sus laboriosas traducciones al interesado galán, quién, en un ataque de generosidad, dirá cierto día la frase fatal: "ponte guapa y nos vamos esta noche a la verbena".


  • Antes de la deslocalización y del made in China la gente como Emilia tenía un fondo de armario bastante reducido. En este caso, lamentablemente para la chica, el único vestido digno de semejante acontecimiento está roído por las polillas, a pesar de su envoltura en papeles de periódicos y sus buenas dosis de naftalina.


  • Esto desespera a esta joven excitadísima con su primera cita, que busca el consejo de su mejor amiga:
          Emilia: ¿Tú irías así a la verbena?
          Luisa: Para ir a la verbena lo único que hace falta es novio.
          Emilia: Sí, pero él me dijo que me pusiera guapa...



  • Aunque nada ni nadie puede deslucir esa primera salida nocturna y nuestra protagonista conseguirá hacerse con un precioso y clandestino vestido de tul. Las subrepticias maneras no se ven en el resultado, que es simplemente espectacular.


  •  Y de esa guisa Emilia está dispuesta a sincerarse con su amado, porque ella de lo que es pasión, va sobrada:
Emilia: Mamá no sale desde que mi padre murió hace quince años, dice que en casa le parece que está con él. 
Fortún: Eso ya es exagerado. 
Emilia: Pero...¿tú crees que se puede querer menos?


  • Aunque Fortún pronto empezará a sentirse abrumado ante el desorbitado entusiasmo de su compañera y buscará –sin mucho éxito– el momento de irse a casa.


  • Porque Emilia no sólo quiere estrenarse esa noche en el amor sino también en los coches de choque, la tómbola, la noria y otras tantas cosas. Hasta que un diluvio local pone fin a la memorable cita y entre gotas y lágrimas Emilia perderá no sólo a su amado sino también su aspecto imponente y sus irreemplazables gafas. 
"Siempre he creído que en las verbenas no se divierte nadie", es lo que le dice un profesional del asunto a nuestra desconsolada amiga.




No seguiré desvelando acontecimientos, pero les invito a que la vean una de estas noches de verano. Así, si su ayuntamiento ha decidido cancelar el típico festín veraniego, podrán quitarse de golpe las ganas de fiesta. No falla.


sábado, 21 de julio de 2012

El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia


O eso decía Henry Ford, ese emprendedor sin parangón que decidió hacer coches como rosquillas y que seguramente sea el culpable de que hallar un aparcamiento por mi barrio sea una actividad semejante a hacerse un harakiri. El caso es que Ford, quien creo que triunfó a la tercera, consideraba el fracasar un preludio necesario e incluso provechoso en eso de obtener el éxito, pero lo cierto es que a nadie le gusta la derrota y no son pocos los esfuerzos que se invierten en intentar garantizar el triunfo, minimizando las sorpresas desagradables, tratando de hacer previsible lo fortuito.

Eso era lo que a mí se me pasaba por la cabeza al leer esta noticia, que cuenta cómo un grupo de científicos japoneses afirman que se puede pronosticar el rendimiento de una película en taquilla a partir del nivel de actividad relacionada con ella en las redes sociales, blogs y otros sitios web. Todo haciendo unas cuentas en las que intervienen factores como los mensajes del Facebook o ese botón que dice "asistiré" entre otras –supongo– muchas cosas. Las matemáticas al servicio del celuloide. Lo que no se les ocurra a esos primos lejanos del señor Noodles

Y como una es de letras puras (aunque reconozca con facilidad la tremenda utilidad de lo numérico), no puedo dejar de ver la noticia con cierta desconfianza y escepticismo. Sobre todo porque el ser humano es a menudo mentiroso (a cuántos eventos dices que vas en Facebook y a cuántos acudes realmente) y normalmente imprevisible. Un ejemplo reciente: no se puede prever que un individuo se presente en el pase de una película con un rifle y una escopeta dispuesto a hacer que ir al cine sea una de esas cosas que se pueden hacer en Denver cuando se está muerto. Tampoco se puede prever el efecto de semejante suceso en los espectadores, que podrían maldecir el film o acudir en masa por aquello del morbo. Somos así, de toda la vida.

Otra cosa que no se puede prever es que una película por la que nadie pagó un duro –o un euro, mientras nos dejen tener acceso a ellos– en su momento se convierta con el tiempo en un fenómeno de masas. Se me pasa por la cabeza Blade Runner, pero debe haber muchas más. Así que a ver, por un maravedí, nombres de películas con batacazo recaudatorio, por ejemplo, Blade Runner. Un, dos, tres... responda otra vez...


 
 

miércoles, 18 de julio de 2012

Un Spiderman habitual


Yo nunca he sido muy de superhéroes y me son bastante ajenos este tipo de cómics. Me decanté desde mi tierna infancia por personajes más ordinarios y por viñetas más castizas, como las que protagonizaban un Rompetechos que no daba pie con bola, aquel tendero truhán de la famosa Rue del Percebe o esos Zipi y Zape que no se hacían ni a la de tres con todos los vales que requería la ansiada bicicleta. Resumiendo, que lo más cercano que he tenido a esos fornidos semidioses yankies ha sido Superlópez. No digo más.




Y sin embargo –que diría Sabina– yo tengo cierta facilidad para meterme en un cine y ver esas películas usamericanas de hombres y mujeres en mallas, de las que salgo resoplando porque me resultan siempre lo mismo y porque para un mayor lucimiento de los superpoderes suelen ir bastante bien despachadas de minutos. Así que este fin de semana, porque el ser humano es un animal de costumbres, porque siempre tropieza con la misma piedra o porque no hay dos sin tres, yo me tragué The Amazing Spider-Man. Y la película no es ni más ni menos que otro retrato al uso de uno de esos superhombres y de su consecuente colega villano. Y durante esas dos horas y cuarto que dura la película, yo tuve tiempo de buscar a ese Spiderman más oscuro y profundo que según algunos críticos entendidos debía estar en esos momentos paseándose por la pantalla. Sin mucho éxito, todo sea dicho. Y ojo, que repetir la misma historia está claro que no es malo (¿me cansé yo de leer la incesante e ignorada por todos verborrea del abuelo Cebolleta? No), pero se ve que en ese caso la historia tiene que gustar mucho.

A lo mejor es que yo debería dedicarme exclusivamente al clásico antihéroe. Por ejemplo, a ese que en los USA estaba encarnado por Harvey Pekar y sus entregas autobiográficas llamadas American Splendor, que retrataban de forma directa los problemas de un americano medio (y medio friki además). Pero el caso es que luego llega a las pantallas ese Hulk con fuerza desorbitante o esa gatita Pfeiffer luciendo leggins como nadie y yo me pierdo. No más de diez minutos, bien es cierto, aunque lo necesario para tener que apoquinar la entrada y sumar números a sus elevadas cifras de recaudación en taquilla.


Aquí Pekar, con sus hazañas diarias


Pero es que en esas dos horas y cuarto yo además pensé otra cosa. Pensé que al fin y al cabo lo mío no era tan raro y que no podía ser malo intentar huir del tradicional pesimismo hispánico por un rato. Porque quizás no somos sólo lo que comemos sino también lo que leemos o incluso lo que rodamos (entiéndase este verbo en el argot cinematográfico) y seguramente nosotros tengamos un poco de eso que queremos ser, o incluso de lo que creemos que somos. Y de verdad que me dio repelús pensar que probablemente más allá del Atlántico y en esta coyuntura post crash del 2008 ellos tiendan a verse un poco como Daredevil, con algún sentido mermado pero con el temple impávido y alzando el vuelo tarde o temprano –con el brazo en alto, cual Superman– mientras que nosotros puede que nos quedemos aquí pasmados, tratando de ingeniárnoslas para evitar pasar un hambre atroz, como aquélla que no podía remediar el mucho más nuestro Carpanta.


Carpanta persiguiendo su habitual objetivo. Básico,  pero siempre frustrado




viernes, 13 de julio de 2012

Un eclipse musical


La exposición se llama eCLIPSe, tiene lugar en la Laboral de Gijón y pretende mostrar la evolución del vídeo musical desde 1975 –cuando muchos sitúan su nacimiento gracias al Bohemian Rhapsody de Queen– hasta nuestros días. La noticia se ha extendido rápidamente por la red y al leerla me han entrado muchísimas ganas de asistir a esa peculiar exhibición. Tengo que reconocer que me encantan los vídeos musicales y hubo una época de mi vida en la que estudiaba, planchaba, cocinaba o leía con éstos como fondo, por lo que la iniciativa no sólo me ha parecido tremendamente atractiva sino que además me ha dado para un post en este cinamatográfico blog.

Hace no mucho yo hablaba por aquí sobre la obra de Lynne Ramsay y mencionaba los pinitos de la directora escocesa en el área musical. Obviamente Lynne no es la única y muchos directores del séptimo arte han iniciado su carrera con los videoclips o la han ido compaginando con éstos. Y como a mí eso de Gijón desgraciadamente me pilla bastante a desmano, he decidido ponerme manos a la obra con una selección miniveriana de videoclips realizados por reconocidos cineastas. Espero la disfruten.


  • Empezamos por todo lo alto. Nada más y nada menos que con David Fincher, puesto que antes de dirigir películas como Seven, El club de la lucha o La red social, Fincher era un afamado director de videoclips. Trabajó con Patti Smith, Mark Knopfler o Sting (imposible olvidar a ese guapo inglés pateándose New York en blanco y negro...), aunque yo me voy a quedar con la ambición rubia y ese caliente Express Yourself. Básicamente porque por aquellos años Madonna era la reina y Fincher contribuyó bastante a ello: 




  • Y sigamos con las reinas. Lasse Hallström se inició en los videos musicales hace ya mucho tiempo y aunque ahora seguramente relacionamos más su nombre con títulos como ¿A quién ama Gilbert Grape?, Las normas de la casa de la sidra, Chocolat o la más reciente La pesca del salmón en Yemen, lo cierto es que el director sueco fue el encargado de ponerle imágenes a buena parte de la carrera de ABBA. Llevan su firma Waterloo, Mamma Mia y muchísimos éxitos más. Mi favorita es sin duda la reina de la pista, el eterno Dancing Queen:




  • De John Maybury también se ha hablado anteriormente en este blog debido a su ópera prima, una película centrada en la vida del pintor Francis Bacon. Pero unos años antes de poder dirigir El amor es el demonio, Maybury se puso tras la cámara para rodar uno de los vídeos musicales más famosos de los 80, aquel que reflejaba en primer plano la tristeza de Sinead O´Connor a causa de los amoríos, vídeo en el que no se veía aún el mal carácter que poseía la artista irlandesa. La verdad es que yo siempre le he tenido manía a esta canción y nunca he logrado saber por qué. Qué cosas.




  • Mike Mills ocupaba nuestras carteleras el año pasado con Beginners, película que además le valió al elegante Christopher Plummer el galardón a mejor actor secundario en la última gala de los Óscars. Mills es, además de director, diseñador gráfico y le gusta que se note, de hecho era el autor de todos los dibujos que realizaba Ewan McGregor en el citado film. En los vídeos que ha hecho para artistas como Moby, Everything but the girl o Pulp también hemos podido apreciar esa vena artística y muy especialmente en este que pone imágenes a uno de los éxitos más importantes del dúo francés Air, el muy pegadizo Sexy boy.




  • Antes de que ese fotógrafo llamado Anton Corbijn se lanzara a hacer pelis como El americano (con ese guapísimo George Clooney) ya había rodado vídeos para Metallica, U2 o Depeche Mode entre muchos otros. Yo me voy a quedar con el que hizo del tema Atmosphere de los Joy Division en 1988, cuando Ian Curtis ya había dejado el mundo de los vivos. Quizás fue entonces cuando Corbijn le cogió el gustillo a Curtis, puesto que más tarde se decidiría a filmar sobre éste el biopic Control




  • Al raro Spike Jonze también le va lo musical, tanto que aunque ya tiene un nombre en el cine gracias a trabajos como Adaptation o Cómo ser John Malkovich, lo de hacer vídeos no lo deja. Entre sus clientes están Sonic Youth, The Chemical Brothers o los Beastie Boys. Abajo pueden ver el que hizo para la banda Weezer, encargo que le llegó además de rebote, pues ya existía un vídeo de esta canción realizado por el mexicano Marcos Siega. A la MTV no le gustó esa propuesta que ponía el Island in the sun como banda sonora de un bodorrio mexicano y llamó al singular Jonze para enmendar el asunto. Supongo que esa es la razón de que Jonze, viendo semejante panorama, se limitara esta vez a hacer un bonito vídeo con preciosos animalitos. Eso sí, el mono debió acabar agotado:




  • Y acabamos con el francés Michel Gondry, al que yo prefiero en este formato que en el largo, por mucho que cuente con éxitos como Olvídate de mí o La ciencia del sueño. Créanme si les digo que me ha resultado dificilísimo escoger entre el Knives out de Radiohead, el Around the world de Daft Punk, el Everlong de los Foo Fighters y otros tantos más. La seleccionada ha sido finalmente Björk y su Bachelorette, supongo que por ser un vídeo que me resulta de lo más gondriano, ¿o no?




martes, 10 de julio de 2012

Apadrina un tieso


Llevo un mes de julio de lo más localista y esta va a ser mi tercera entrada referente al cine sevillano, pero es que últimamente por el sur no saben lo que inventar para hacer o vender pelis y a mí esta ola innovadora me puede. Si en el último post yo les hablaba de la particular distribución de la ópera prima de Paco León, en este caso tengo que dedicarle unas líneas al método de financiación de este dúo sevillano que se hizo famosísimo por aquí abajo gracias a internet. Ignoro si por el resto de la piel de toro la gracia de estos dos hizo tantos estragos (sobre todo porque su humor se basa en el retrato estereotipado y exagerado de varios prototipos sevillanos y suelen mencionar sitios sólo conocidos por los lugareños) pero por aquí sus personajes han llegado a ser tremendamente populares.

El caso es que hace ya tiempo dos amigos de lo ajeno residentes en cualquier polígono de extrarradio, er Culebra y er Cabesa, irrumpieron en las redes sociales con Esto ya no es lo que era, consiguiendo unos resultados bastante impactantes:




Después aparecieron Rafi y Fali  en el corto Eso es así, representando al pijo más rancio de la capital andaluza y obteniendo unos resultados similares a los anteriores:




Y finalmente dieron a luz a la tercera entrega, Aquello era otra cosa, que presentaba a este par de hippies tan típico en la alternativa plaza de la Alameda de Hércules, cerrando una trilogía sevillana que parecía no dejar títere con cabeza:




Internet le proporcionó a Alfonso Sánchez (director, guionista y actor en los cortos y en el film) la notoriedad suficiente para empezar a moverse en busca de los recursos necesarios para su ansiado largo y lo hizo de la forma que mejor sabía, en la red y corto en mano, con la peculiar campaña denominada Apadrina un tieso, en la que el donante podía esperar ver su nombre en los títulos de crédito del futuro film. Apadrina un tieso se presentó tal que así:
 



Esta llamada a la solidaridad fue seguida del método conocido como crowdfunding, vendiendo participaciones a pequeños inversores, y a partir de ahí se logró la entrada de empresas interesadas en el proyecto. Ha pasado el tiempo pero el resultado ya está aquí y El mundo es nuestro no sólo ha podido rodarse con unos 600.000 euros sino que ya han llegado a las pantallas sus 81 copias. De la publicidad de la cinta se encarga una vez más el propio director, quien ha montado el llamado Enterismo Tour, consistente en patearse salas varias y conectar con el espectador de forma más que directa. Una vez más, se ve que los medios faltan, pero las ganas no.

Como película, este atraco a sucursal bancaria es lo que parece ser, el gran golpe de er Culebra y er Cabeza, con el que ellos pretenden dar un brasilaso que les acerque a la buena vida y nosotros de paso, echarnos unas risas. El guión es ágil y siempre es un placer volver a ver a Antonio Dechent, quien me consta acude gustoso a todos los proyectos de novatos cuando le invitan, es así de buena gente. En resumidad cuentas, una muy sevillana Tarde de perros, porque quién quiere irse a atracar a Brooklyn si puede hacerlo en Triana y en Semana Santa.




Por ahora su recaudacion en taquilla es bastante discreta, aunque con resultados similares a producciones españolas de mayor envergadura y el próximo 31 de julio se estrenará en Los Ángeles para ver la acogida internacional de la cinta. Lo que yo daría por ver la cara de los usamericanos contemplando a estos rateros de barrio asaltar un banco vestidos de nazarenos. No sé si se enterarán de algo por allí, pero lo que queda claro es que aunque rodar películas esté difícil, no es algo imposible. Ni mucho menos.


sábado, 7 de julio de 2012

Carmina o revienta, un estreno sevillano


Yo no me había planteado ir a ver esta película al cine, pero al parecer las redes sociales echaban chispas y la audiencia sevillana estaba expectante ante el estreno de Carmina o revienta. Paco León, actor y ya director sevillano, se había montado una premiere a lo sureño, sin red carpet y en un cine de verano, sin trajes de gala pero con ambigú. Su presencia esa noche en la sala –que viene a ser un patio– junto al hecho de que la película se había rodado en la ciudad, movilizó a muchísimos sevillanos, ávidos de ver sus calles y escuchar ese acento tan familiar en la gran pantalla. Lo que nos gusta un sarao.

Llegamos temprano para no tener problemas de aparcamiento en una céntrica zona mal despachada en ese asunto, y nos quedamos a cuadros cuando vimos que la cola daba la vuelta a la manzana. Se abortó la misión de cerveza pre-película y se inició la de cómo nos vamos a hacer con una entrada con semejante panorama, cosa que conseguimos gracias a unos colegas bastante bien posicionados. Hay que tener amigos hasta en el infierno, que diría mi padre. Qué razón tiene ese hombre casi siempre.

Fue hacernos con los tickets y ver como se paseaba un miembro del personal con el cartel de "ya no hay entradas". El edificio, un antiguo cuartel del s. XVIII hoy destinado a albergar una de esas diputaciones tan cuestionadas, presentaba un lleno casi total y nos tuvimos que sentar al final donde ocupamos casi una fila completa. Estuve bastante torpe y no hice fotos del bonito patio donde se ubica la pantalla, pero es que hasta que empezó la película me dediqué sobre todo a procurar a la manada el abastecimiento de botellines fresquitos de Cruzcampo, los cuales se vendían a un euro en una barra con muchísima actividad. Normal.

Paco León acudió con parte del reparto y, por supuesto, con su madre, arropada a su vez por más de una vecina. Sus agradecimientos abrieron una noche que se dilató bastante por problemas técnicos, aunque nosotros no somos de estresarnos y matamos el tiempo con más viajes a la barra y viendo cómo el técnico no daba con la tecla en el ordenador. A éste le cayeron, eso sí, bastantes comentarios jocosos. Hay que ver la inventiva que tiene la gente.

La verdad es que mi opinión sobre la película es bastante similar a la que le leí ayer a Boyero en esta crítica. Es algo inclasificable, deslenguada, ordinaria... pero a ratos hilarante. Los León se meten en la más profunda Sevilla de extrarradio para mostrar mucha miseria pero también humor y truhanería, porque cuando la necesidad achucha, la mente se espabila. La picaresca de toda la vida. Y de eso Carmina, esa madre de familia que carga con todos los problemas de su troupe y los de su azotado negocio, sabe un rato.




Pero la película no sólo es arriesgada por lo anterior y por bailar entre la realidad, la ficción, el documental, el falso documental y lo de más allá, sino que además se estrena en varios cines, internet (1'95 euros) y DVD (5'95 euros) al mismo tiempo. Buscando nuevas fórmulas para nuevos tiempos. No sé cómo le irá pero ayer hubo lleno, y hoy repite emisión en el mismo cine, que fueron muchos los que se quedaron en la puerta. A lo mejor sienta precedente en el panorama español, quién sabe.

Y como colofón del post, el apartado musical. Un grupo sevillano ayer también presente en el evento (y quién no lo estaba...) que se ha encargado de la banda sonora de Carmina, de nombre Pony Bravo. Grupo que lo mismo le monta una rave a Dios que le mete mano a ese clásico tan flamenco llamado La niña de fuego. Muy curiosos.





lunes, 2 de julio de 2012

El grupo 7 aterriza en la HBO


El fútbol y la marea roja me han tenido un tanto despegada de la prensa menos deportiva últimamente pero, aunque tarde, no puedo dejar de subir un minipost dedicado a la noticia. Que no todo van a ser vapuleos al cine patrio. Yo ya hablé de este eficaz y controvertido grupo aquí, y terminaba aquella entrada deseando mucha suerte al film en el festival neoyorkino de Tribeca. No sólo logró un merecido reconocimiento por aquellos lares, sino que obtuvo una mención especial del jurado por su fotografía, trabajo debido a Alex Catalán. Quizás eso haya tenido algo que ver en el hecho de que la mismísima HBO se haya decidido a adquirir los derechos de la cinta para emitirla en su cadena. Les dejo la noticia y el trailer y no, parece que no la han doblado, así que seguramente los estudiantes de español de por allí podrán enfrentarse al desafío del acento sevillano :)