jueves, 28 de junio de 2012

Humor a la israelí


Hace no mucho me encontraba discutiendo con un gran amigo cinéfilo sobre el sentido del humor, y mientras intentaba yo recordar si era a Billy Wilder a quién le leí una vez aquello de que el humor es algo esencialmente capitalista, mi contertulio me interrumpía y me decía: "y judío, esencialmente judío también es".

Que los judíos nos han hecho reir en la gran pantalla es algo innegable. Desde los más míticos, como  Woody Allen, Mel brooks, Jerry Lewis o Billy Cristal hasta las nuevas promesas de la risa como Ben Stiller, Adam Sandler o Sacha Baron Cohen. En televisión nombres como Jerry Seinfeld o Larry David son también bastante significativos y por supuesto no podemos dejarnos atrás a los más grandes: los hermanos Marx, Ernst Lubitsch o el mismísimo Billy Wilder. 

Con una mayor o menor dosis de absurdo, lo cierto es que es frecuente encontrar en ellos un  humor agudo, inteligente, incisivo y a veces hasta amargo o incluso hiriente. En esto último fue especialmente notable el legendario Lenny Bruce, a quien Dustin Hoffman inmortalizó en la magnífica película Lenny bajo las órdenes de un Bob Fosse nada musical y sí bastante dramático.



Aquí el gran Lenny, con sus temas escabrosos de siempre


El argumento de esta conversación de barra de bar a horas poco decentes parecía tener –sorprendentemente– cierto sentido y sin embargo, tras esta retahíla de nombres, caímos en la cuenta de que el humor judío era bastante potente, sí, pero también de que ganaba mucho en la diáspora, porque de lo que es humor israelí sabíamos bastante poco. Al menos yo, que creo haber visto en mi vida apenas dos comedias israelíes (seguramente la definición de tragicomedia sería mejor...) y de esas dos películas, al fin y al cabo, viene a tratar el post de hoy.


La primera la conocí en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Corría el año 2007 y se expandía por allí el rumor de que una película israelí era digna de ser vista. La banda nos visita (Bikur Ha-Tizmoret) colocaba al espectador en un escenario poco habitual y con pocos recursos levantaba más de una sonrisa. El argumento es simple y eficaz: una banda de música egipcia debe actuar en una ceremonia de un centro cultural árabe. La fortuna o el infortunio hace que se pierdan en una remota localidad situada por tierras israelíes y no lleguen a su destino, teniendo que recurrir allí a la ayuda de sus habitantes. La banda nos visita nos presenta esas espinosas diferencias culturales de una forma bastante noble y logra poner humor a un conflicto nada gracioso, para qué engañarnos. La buena fama que precedía a la película era, en mi opinión, totalmente merecida, aunque eso no le bastó para hacerse ese año con galardón alguno. Sin embargo, en esa misma edición del festival, el cine israelí sí arrampló con algo en la capital andaluza y otra historia sobre el conflicto judeo-palestino se llevó el Gran Premio del Público. Era Ha-buah (La burbuja), que mostraba un romance homosexual entre dos hombres pertenecientes a los bandos enfrentados. Yo creo que esta última es bastante inferior a la primera, pero ya me conocen, a mí los premios casi nunca me dejan satisfecha. Para colmo la graciosa banda egipcia no pudo pisar la alfombra roja ese año porque una gran parte de la película está rodada en inglés y quedó descartada en los Óscars para la categoría de mejor película en habla no inglesa. Una pena.


La banda, más que preparada para el evento al que no llegó


Footnote es mi último descubrimiento en cuanto a humor israelí y se lo debo a otro festival, este más reciente y "pirata", como él mismo ha venido a denominarse. Yo ya les hablé de ese primer festival pirata de cine asiático aquí, y esta película se encuentra dentro de su sección oficial. Supongo que uno de los misterios de Israel es estar geográficamente en Asia y al mismo tiempo presente en todos los saraos europeos, cosas de ser Tierra Santa, supongo. Este film sí que se coló en los pasados Óscars en la categoría de película en habla no inglesa y al verla no me extrañó en absoluto. Footnote está bien rodada y, aunque refleja la dura relación entre un padre y un hijo con vidas profesionales similares y enfrentadas, no evita el tono humorístico ni a veces el sarcasmo en medio del drama. Es inteligente, ágil y novedosa, y a pesar de que he leído por ahí que a algunos el principio se les hace lento, he de decir que a mí me tuvo pegada a la pantalla desde el primer minuto, entre otras muchas cosas por unas interpretaciones magníficas y una fotografía muy atractiva. Carrera profesional, vocación científica y vida personal se entrelazan a la perfección en una situación bastante tortuosa, porque lo de estudiar el Talmud sabemos que requiere mucho sacrificio, pero intentar salvar las relaciones familiares no exige un menor esfuerzo ¿verdad?.


Los protagonistas de Footnote, en su complicadísima relación paterno-filial



sábado, 23 de junio de 2012

Probando, probando


Yo, que soy el hazmerreír de mis amigos por mi anacronismo tecnológico, no dejo de sorprenderme a mí misma últimamente por querer enmendarme  probando las cosas más dispares.

  • Para empezar, llevo un par de dias obsesionada con Picasa y matando el tiempo añadiendo los efectos más raros a las viejas fotos. Como en esta de abajo, en la que salen mis zapatos dorados más dorados que nunca y en cinemascope.



Aquí los zapatos sin la percha, pero es que no tengo el arte de Susan Lenox para posar



  • Por si eso fuera poco, voy a probar ahora mismo esa pestaña, hasta ahora desconocida para mí, que dice eso de "programar entradas", con lo que, si todo sale bien,  mañana este post se subirá solito a la red mientras yo me atiborro a canapés.


Y es que mañana Mara Miniver asistirá a un enlace matrimonial  de esos que se intentan evitar sin ningún éxito. Pero lo peor no es eso. Tampoco lo es el que la ceremonia religiosa sea en un sitio tan bonito como inaccesible, ni que tenga lugar en las horas más calurosas justo el día que Weather.com pronostica una subida de temperatura. O que para el bodorrio tenga que llevar enfundados los zapatos dorados de arriba los cuales pasadas un par de horas se me hacen realmente insoportables. Ni siquiera el que la boda se celebre en una hacienda localizada en lo más remoto del aljarafe sevillano y que el trayecto sea algo parecido a irse de excursión.  Lo peor es que mañana juega España y yo estaré en un elegante emplazamiento dejado de la mano de Dios tratando de localizar una televisión. Así que, si todo sale bien, cuando esta entrada se publique yo estaré como aquellos personajes de la simpática–e inmerecidamente desconocida– película del cordobés Gerardo Olivares, llamada La gran final. Y es que a veces seguir el fútbol requiere mucho sacrificio, y si no que se lo digan a esos indios amazónicos, mongoles y tuaregs que se las veían y se las deseaban en ese film para poder ver el más esperado partido de fútbol. Pues eso.



En según qué sitios, ver fútbol en la tele es una auténtica hazaña...




y eso lo saben bien los protagonistas de esta película (que no actores, que ninguno lo era)




jueves, 21 de junio de 2012

La crisis de la butaca vacía


La Unión Europea ya pasó un mal trago allá por los 60, cuando a Francia le tocaba presidir el chiringuito (por aquellos entonces llamado CEE) y De Gaulle abandonó a sus socios comunitarios al ver peligrar su derecho de veto en virtud de un sistema de decisión basado en la mayoría. Francia estuvo entonces 6 meses sin reunirse con sus aliados y podemos decir que se salió con la suya en el llamado Compromiso de Luxemburgo, en el que se hacía necesaria la unanimidad para cualquier cosa que afectara un interés nacional (sí, todo bastante ambiguo...). A esto se le llamó La crisis de la silla vacía  y ahora, en el 2012, Europa vuelve a estar en crisis, aunque ya no hay sólo una silla vacía sino muchas, y desperdigadas.

Lo que les comento viene a raíz de este artículo, que indica que países como Italia, Portugal o España han visto descender la ocupación de sus salas de cine en torno a un 11% en lo que va de año. Pero la crisis de la butaca vacía no afecta a todos por igual, como era de esperar, y en Francia, Reino Unido o Alemania el cine aún no se resiente de la que está cayendo. A esto podemos añadir el dato de que las películas españolas han recaudado más fuera de nuestras fronteras que aquí y la cosa parece estar ya del todo clara, nosotros no tenemos dinero para ir al cine.

A todos nos gusta meternos en un cine vacío –o casi– y ver una película en apacible intimidad, pero está claro que ese síntoma refleja una peligrosa enfermedad. Quizás por eso en Sevilla algunos propietarios de cines pidieron (y han obtenido en los tribunales) el cambio de uso establecido en el Plan General de Ordenación Urbana –que condenaba esas salas a usos culturales, ahora mismo poco rentables– por otro que les permitiera traspasar los locales con mayor libertad. Da la casualidad de que esos cines son los que se encuentran en la zona más céntrica de la ciudad y son además los más singulares, ya sea por su cartelera menos comercial, su oferta en versión original o la particularidad de sus salas. Por todo esto, mucho me temo que voy a tener que ir haciéndome a la idea de perder cines como este que les muestro abajo, el Cervantes. El único que pervive en tierras sevillanas con sólo una sala y que, como pueden ver, conserva su forma de antiguo teatro. Abrió sus puertas como tal en 1873 y en los años 50 se adaptó para su uso cinematográfico. La película más reciente que vi en esta elegante estancia fue The Artist y espero que no sea la última.





martes, 19 de junio de 2012

Acorralados


No sé si ustedes le dedican algo de tiempo a seguir los vaticinios del señor Krugman en la red. Yo lo hago ocasionalmente, y cuando eso sucede acabo mentando a la madre de este señor no pocas veces. Entiéndanme, yo de economía no tengo ni idea – por lo que no seré yo quien contradiga a la sibila del New York Times– pero esa tendencia suya a pronosticar catástrofes en un terreno, el financiero, donde la confianza es tan esencial y la incertidumbre tan nefasta, a mí me parece que es como presagiar un desastre y ponerse a gritar "¡Fuego!".

Ya habrán escuchado una de las últimas aportaciones del oráculo de occidente (que ya no es Delfos, claro,  para oráculos deben andar por allí): el nobelizado economista hace ya unas semanas vio clara la salida del euro del país heleno, lo que según él generaría cierto pánico en la eurozona, con lo que se provocaría la fuga de capitales de países de capa caída (léase, por ejemplo, el nuestro) que a su vez tendrían que activar ese método corralero que conocen muy bien los argentinos. A partir de ahí, la bola a Krugman se le nublaba, y no sabía si se produciría la inyección de crédito a los bancos para evitar la hecatombe o si directamente el euro pasaría a ser historia, e historia sería igualmente esa Europa que hoy conocemos. Ya ven, un planazo.

Y yo, no sólo no le hago caso a esa vecina que cada vez que me ve cabizbaja no pierde la oportunidad de ofrecerme de nuevo ese libro suyo –al parecer tan reconfortante– llamado "El secreto", sino que encima me regocijo en la cuestión buscando alguna que otra película que vaya bien con el mal presagio.

Las viudas de los jueves le viene a la cuestión como anillo al dedo. Se trata de una coproducción España- Argentina y esto se ve claramente en el reparto, conocido a ambos lados del charco: Ernesto Alterio, Juan Diego Botto, Leonardo Sbaraglia... Un guapo reparto para una idílica vida. Y es que, ambientada en esa Argentina del 2001, cuando aún el término corralito no había sido acuñado pero el desastre se veía ya inminente, los habitantes de una urbanización de vida ostentosa ven que han de abandonar el más alto American way of life y dejar paso a las duras vacas flacas. De sus caídas y sus salidas trata esta película, la cual yo les recomiendo a pesar de ver las notas bajas que le asignan por la red, pues no me ha disgustado en absoluto.




Y curiosamente, en los últimos días se ha estrenado en Buenos Aires otra coproducción España-Argentina igual de corralera que la anterior. Y con el gran Federico Luppi encabezando el reparto. En Acorralados la situación se encuentra más avanzada y podremos ver a Luppi en una sucursal bancaria exigiendo que le devuelvan sus ahorros granada en mano. Deseando estoy que la estrenen por estos lares, o al menos que un alma caritativa la ofrezca a la comunidad en este mar inagotable que es internet.





Pero, por ahora, parece que esas elecciones griegas de resultados proeuro nos han dado una tregua, aunque siga en aumento nuestra prima, que se ve que no entiende de barcos... ni en los del mismísimo Pireo.



domingo, 17 de junio de 2012

No se lo digáis a nadie


Tell no one. Eso es lo que dice su página web, y es que esta tendencia londinense está envuelta en misterio. Lo cierto es que las sorpresas molan, eso es un hecho. A ver a quién no le gusta que le digan "Oye, tú ponte mona (o mono, claro), que esta noche el plan lo organizo yo". Pues esto viene a ser eso, pero en lo cinematográfico.

La cosa funciona así: el interesado se registra en internet, la organización le informa entonces del próximo evento y surge la posibilidad de apuntarse apoquinando dinero, aunque no se sepa muy bien por qué. Lo que se recibe es un correo con una fecha, una hora y un lugar. No hay más. Bueno sí, ciertos requisitos, que la proyección requiere el correspondiente atavío y hay que ir vestido correctamente para la ocasión. Lo demás es dejarse llevar hasta descifrar la incógnita, es lo que tiene el Secret Cinema.

En el punto de reunión comienza la performance. Y las adivinanzas, claro. Actores disfrazados que se mezclan entre el público guían a la manada  hacia un destino que, ya sea un viejo almacén o un palacio,  estará oportunamente engalanado para la ocasión. A partir de aquí las opciones son bastante diversas: a lo mejor le nombran a usted agente secreto y le encargan una misión. Lo mismo se ve en medio de un concierto que en una suculenta degustación gastronómica. En cualquier caso, todo estará debidamente relacionado con la película en cuestión y, cuando se apaguen las luces, la pretendida inmersión habrá hecho efecto y supongo que uno se sentirá como un miembro más del reparto.

Para que se hagan una idea, en el mundo del Secret Cinema esto es lo que viene a ser un Blade Runner





.... y esto un Lawrence de Arabia 




Como pueden ver, los organizadores no escamotean detalles y el resultado es alucinante. Vamos, que yo me echaba con gusto un Secret Cinema mañana mismo. El precio creo que va de 20 a 30 libras, pero desde luego debe ser toda una experiencia, seguramente la forma más moderna de ir al cine. Porque los clásicos serán siempre modernos, o al menos eso dicen.

La verdad es que no sé con que película me quedaría si pudiese elegir (que ya sé que no) una de estas proyecciones. Reconozco que yo siempre he querido encorsetarme cual Escarlata, pero el traje debe valer un pico y no doy un duro porque fuera a encontrar muchos Rhett Butlers. El rollo setentero también me pone y me lo pasaría en grande imitando algún que otro paso de Tony Manero, pero creo que lo más divertido y escalofriante al mismo tiempo debe ser meterse en el mundo de La invasión de los ultracuerpos y escuchar en directo esos gritos que de pequeña me quitaban el sueño.

Y para vosotros... ¿Cuál sería el Secret Cinema perfecto?

jueves, 14 de junio de 2012

Aquellos que no amaban a Richard Wagner


Todo parecía preparado pero la presión sobre la Universidad de Tel Aviv fue demasiada y ésta le cerró sus puertas a la organización. Después se eligió un hotel y no un sitio público para la ocasión pero tampoco el Hilton se vio con fuerzas de hacer frente a las protestas, con lo que el plan se volvió a cancelar. Y ahora mismo, como dice este artículo, se busca en Israel un auditorio dispuesto a albergar esas piezas de Wagner que por lo pronto, ya tienen a casi 100 músicos dispuestos a tocarlas... aunque lo que toca realmente es esperar.

Wagner, ese controvertido músico decimonónico, sigue sin ser bien recibido en Israel. Un tabú en toda regla sin pinta de cambiar, al menos a corto plazo. La verdad es que esta época, muy dada a admirar la figura del artista más allá de su creación –a pesar de que en la mayoría de los casos más allá no haya mucho que rascar– no ayuda a derribar ese antiwagnerismo existente. Pero la obra musical de Wagner es la que es, y no creo que debamos ponernos escrupulosos con el tema pues el antisemitismo el Europa no era nada raro, para qué nos vamos a engañar. Claro, que lo que se le achaca a Wagner no es sólo antisemitismo sino mucho más...

En Ludwig, por ejemplo, Visconti nos mostraba a un Wagner realmente codicioso y manipulador

Trevor Howard (izq) como Wagner, engatusando a Luis II de Baviera


Y aquella serie de Richard Burton se empeñaba en retratar a un Wagner egoísta y arrogante




Dejando a un lado la utilización de sus obras en películas belicosas





Y hasta en televisión, porque en la genial The Wire le metían mano a esa artificial y viciosa zona llamada "Hamsterdam" a golpe de Valquiria...




Pero es que encima entre sus seguidores manifiestos se encuentran los controvertidos y agresivos Rammstein




Menos mal que un judío como Woody Allen se lo toma todo con humor





Y yo, sin ningún ánimo de frivolizar  –no me quiero imaginar lo que debe ser estar en un sitio como Dachau escuchando al maestro Wagner de fondo–  no puedo evitar pensar que si descartara el trabajo de esos músicos que cuando hablan de política me producen cierta vergüenza ajena, de los actores violentos y de mal carácter o de esos escritores claramente misóginos, tendría yo entonces mucho más tiempo libre, la verdad.

Encima lo último de Wagner en el cine parece que es una película francesa bastante satírica llamada Celles qui aimaient Richard Wagner. O lo que viene a ser lo mismo, Aquellos que amaban a Richard Wagner, aunque no parece que le amen muchos, no.

sábado, 9 de junio de 2012

Breaking news


No se me ha ocurrido otro título para un post tan actual como incoherente. Pero presentándolo no lo voy a arreglar, así que ahí va:

  • A estas alturas ya estarán todos enterados, Bradbury nos ha dejado. He de decir que yo leo preferentemente autores muertos, grandes clásicos. La razón principal de esto es que leo bastante poco y cuando lo hago voy a lo seguro. Doy por hecho que Tolstoi o Proust deben ser buenos, de los contemporáneos no me fío tanto y a mí en literatura no me gusta arriesgar. Tampoco disfruto descubriendo escritores desconocidos ni noveles, me valen los de toda la vida. Total, no creo que viva lo suficiente como para poder leerlos a todos. Hace unos días, viendo que me esperaba una larga mañana, decidí llevar encima un libro de bolsillo y prescindir, por comodidad, del libro-tocho en el que me encuentro inmersa estos días. Y así es como empecé a leer Fahrenheit 451, el cual gracias a la ineficacia del sector público, las enormes colas burocráticas y los muchos números de turno seguidos, pude avanzar muchísimo en un solo día. Cosas de la vida, leo pocos autores vivos y cuando lo hago se me mueren. Así no hay manera.
 
Bradbury, descansa en paz

  • Pero yo además estoy de luto por otra cosa, otra desaparición, aunque afortunadamente sólo de los escenarios. Morrissey ha aparecido en la prensa esta semana anunciando su próxima aunque no inmediata retirada. Y es que el que fuera líder de The Smiths se siente mayor y pronostica el fin de su actividad artística en 2014, cuando cuente con unos dignos 55 años. La verdad es que mi historia con Morrissey es una historia de desencuentros, puesto que no pude disfrutar del directo de su banda –que es por cierto mi favorita–  al disolverse ésta cuando yo tenía unos 10 años y ni la conocía,  y ya después todos mis intentos por verle sobre los escenarios en solitario han resultado frustrados. Ahora con este anuncio tengo una presión en el cuerpo que ni la del reloj biológico y me voy haciendo a la idea de que no voy a poder estar cerca de este dandy de magnifica voz y mejores letras. Sniff.
 



  • Y tras el apartado literario y musical, entro de lleno en el cinematográfico, más acorde con el blog. En este caso el notición es un festival que se ha sacado de la manga el amigo David Amorós y que hará las delicias de los fans del cine oriental. El primer festival pirata de cine asiático, como el autor ha decidido llamarlo, parece imprescindible para los cultivados en el tema pero también es bastante recomendable para los no entendidos, entre los que me incluyo. Estaremos atentos a la elaborada selección y no se sorprendan si próximamente hay algún que otro post en maraminiver con protagonistas de ojos rasgados. Dicho festival será el culpable.





miércoles, 6 de junio de 2012

De repente, el próximo verano


O eso pensaba yo esta mañana cuando tuve que hacer un alto en el camino hacia mis clases de inglés y visitar la sección de cremas solares de ese supermercado rey de las marcas blancas: "Como no me eche algo, me frío como un huevo" pensé. Y pasé del dicho al hecho. Cosas de ser de piel lechosa en un lugar que alcanza los 40 grados a la sombra.

Ya en mi destino un jovencísimo aspirante a profesor de la lengua de Shakespeare me comentaba que "hoy es demasiado calor!!", "Y lo que te rondaré morena"  le tuve que contestar al recién llegado de Gales, aunque la cara de éste dejaba claro que no había entendido nada. Ya se enterará, no le va a quedar otra al pobre.

Y es que en Sevilla se alternan los veranos muy malos y los horrorosos, y yo cada vez los distingo menos porque mi tolerancia estival va disminuyendo. Además, con esto de la crisis me espera un duro "Summer in the city", como decía esa famosa canción, y no me podré escapar a ningún sitio donde al caer la noche se haga necesaria la rebeca. Me quedará el cine, no más, para amenizar la estación y no me quejo porque películas veraniegas hay muchas, y la mayoría la mar de apacibles y baratas, oigan.

Entre mis favoritas, esa entrañable  Novio a la vista de Berlanga, donde la muy jovencita –pero ya casadera, al menos para sus padres– Loli  no sólo disfrutaba de un distinguido verano en San Sebastián sino que ella y el resto de la muchachada del lugar pasaron de esa mayor libertad que se disfruta en vacaciones al más absoluto libertinaje y al consecuente enfrentamiento con sus mayores.




Pero a mí de pequeña lo que más me gustaba de esta época era lo de irme de campamento, como hacían aquéllas de Tú a Boston y yo a California. Nunca me encontré en ellos con una hermana extraviada pero aprendí cosas tan superfluas para mi vida actual como el rastreo de señales en el campo o ese código Q que alimenta el lenguaje de los radioaficionados. Lo cierto es que el saber no ocupa lugar, y divertido era un rato.


Las hermanas, como dos gotas de agua


Para muchos el verano trajo también ese primer amor que se caracterizaba normalmente por su intensidad y, en la mayoría de los casos, también por su fugacidad. Aunque a unos les daba más fuerte que a otros y a Hernie, en el Verano del 42, la cosa le dio bastante fuerte.


Aquí Hernie, un pipiolo de manual


Sin embargo, el verano lo mismo traía pasiones que las destruía y eso bien lo pudo comprobar el pobre Guillermo,  aquel protagonista de la parte más rosada de  Del rosa al amarillo,  preciosa película y ópera prima de Summers.


Guillermo y Margarita, en sus tiempos felices.


En cualquier caso, la temporada veraniega solía ser algo apacible –a pesar de sus encuentros y desencuentros– gracias a la mezcla de affairs, sol y tiempo libre. Algo así como lo que se montaron las primas Pauline y Marion en las bonitas playas normandas, y que Rohmer nos contó tan bien.


Las primas con uno de sus acompañantes en "Pauline en la playa"


Pero, ay amigos, el verano en la adultez pierde y el exceso de horas con los amigos, la familia o la pareja tarde o temprano pasan factura. Que se lo digan a Audrey Hepburn y a Albert Finney, expertos en eso de sufrir la implacabilidad del tiempo en Dos en la carretera.




En otras ocasiones lo que uno se encuentra en esta época es un sinfín de responsabilidades, como las que no pudo evadir Gianni Di Gregorio en esas Vacaciones de ferragosto. Y es que Gianni es un hombre fácil de mangonear, por eso antes de ser ninguneado por madre y esposa en Gianni e le donne era presa de los intereses del administrador de su comunidad y acababa ofreciendo asilo a todas esas abuelas apartadas por sus familias durante las vacaciones. Gianni, no aprendes hijo.


Gianni, en su particular residencia.

Y lo peor no es esto. Lo peor es que la cosa no tiene marcha atrás y aunque uno quiera ya no se puede volver a ir de campamento. Se entiende entonces perfectamente que a Dirk Bogarde se le quedara esa cara en las venecianas playas de Lido...

Bogarde, muriendo en Venecia

A mí ya no me gusta el verano, ¿se nota?

viernes, 1 de junio de 2012

We need to talk about Lynne


The Guardian informaba hace unos días en este artículo sobre el futuro proyecto de la directora Lynne Ramsay y la verdad es que la cosa no pinta mal. Ramsay va a pasarse ahora nada más y nada menos que al western,  y su nueva película –que al parecer llevará el nombre de Jane Got a Guncontará con la oscarizada Natalie Portman como protagonista.

Yo ya he mencionado a Lynne Ramsay o a su cine en este blog (aquí y aquí),  pero entonces no conocía yo aún toda la filmografía de esta directora escocesa, cosa a la que he puesto recientemente remedio y de ahí el presente post.


Ramsay, con su premio por "We need to talk about Kevin" en el London Film Festival.


Ramsay nació en Glasgow hace 42 años y tiene una no muy amplia pero sí curiosa filmografía. Tras realizar estudios en cine, televisión y fotografía, se inició en este mundillo con la realización de varios cortos, y no se le dio mal puesto que dos de ellos, Small deathsGasman (este último abajo, por si les pica la curiosidad )  fueron reconocidos por el jurado en Cannes.




En un par de años Ramsay pudo hacer su primer largometraje y así nació la incisiva Ratcatcher (1999).  El título refleja muy bien lo que el espectador va a encontrarse y es que Ratchatcher es un film sucio, arrabalero y a ratos despiadado donde cazar ratas es una de las actividades que llenan la vida de los jóvenes habitantes de un suburbio de Glasgow. Se trata de una película gris en todos los sentidos del término, porque el paisaje que retrata carece de cualquier tipo de atractivo y porque el gris es el tono que predomina durante toda la cinta. En esta película Ramsay vuelve sobre el tema de la infancia, hacia el cual ya había mostrado interés en cortos como el de arriba, y consigue crear empatía con el protagonista, cosa que en los primeros minutos de la cinta el espectador ve como algo imposible.




En el 2002 Ramsay volvió a la carga cambiando la infancia por la juventud y el gris por llamativos colores, aunque el resultado fuera en este caso igual de hiriente. Cuando el espectador comienza a ver Morvern Callar no tarda en apreciar los escasos valores morales de la protagonista (cuyo nombre da título a la película) y su mejor amiga. Esto, sin embargo, no impide que cuándo éstas viajan a tierras almerienses con sus enpaquetadas vacaciones low cost  en busca de un lugar donde hacer el cafre estruendosamente metiéndose en el cuerpo toneladas de alcohol de marca blanca, drogas varias y sexo rápido e indiferente, al final parezca que los incivilizados somos los del sur. La grotesca escena que mezcla en espacio y tiempo  procesiones pintorescas con santos, monigotes ardiendo, farolillos, mantillas negras, sanfermines, toros-cuerda y mujeres con flores y mantones de manila, no ayuda mucho. Pero el que esté libre de prejuicios que tire la primera piedra, y con todo, la película no está tan mal. No obstante, no crean que me tira el patriotismo cuando digo que es la peor de su filmografía, pues coincido con Filmaffinity e imdb.


Movern Callar (Samantha Morton) en la primera escena de la película


Tendríamos que esperar hasta 2011 para volver a ver algo de la escocesa, pero la espera mereció la pena y con We need to talk about Kevin  Lynne llegó al gran público, de nuevo con su habitual lenguaje, pero esta vez mucho más cuidado. La película se paseó por festivales causando buena impresión y la magnífica actuación de Tilda Swinton fue bastante alabada. En Tenemos que hablar de Kevin, como se llama en España, Ramsay sigue la senda que inició con Movern Callar. A ella recuerdan ese rojo angustioso que a veces baña la película, los escasos diálogos y los cambios de ritmo, pero ahora todo está mucho más logrado y el resultado es un acercamiento a la maternidad especialmente inquietante. He leído por ahí que una de las escenas "rojas" de la película es la Tomatina de Buñol, así que por lo que se ve, a la escocesa le gusta pasearse por nuestro país. Estén atentos, que el día menos pensado se cruzan con ella en una esquina.


Aquí la gran Tilda, con el angelito


Y bueno, quizás se hayan dado cuenta ya por este blog de que a mí la música me gusta, y mucho, pero es que musicalmente hablando también tenemos que hablar de Lynne, pues no sólo ha dirigido vídeos musicales como éste  para la banda inglesa Doves...




... sino que además la directora ha demostrado tener un excelente gusto musical en las bandas sonoras de todas sus películas. Así que para despedirme, les dejo como muestra un trocito de la banda sonora de Ratcatcher: La hermosa Cello song del siempre grande Nick Drake.