jueves, 21 de junio de 2012

La crisis de la butaca vacía


La Unión Europea ya pasó un mal trago allá por los 60, cuando a Francia le tocaba presidir el chiringuito (por aquellos entonces llamado CEE) y De Gaulle abandonó a sus socios comunitarios al ver peligrar su derecho de veto en virtud de un sistema de decisión basado en la mayoría. Francia estuvo entonces 6 meses sin reunirse con sus aliados y podemos decir que se salió con la suya en el llamado Compromiso de Luxemburgo, en el que se hacía necesaria la unanimidad para cualquier cosa que afectara un interés nacional (sí, todo bastante ambiguo...). A esto se le llamó La crisis de la silla vacía  y ahora, en el 2012, Europa vuelve a estar en crisis, aunque ya no hay sólo una silla vacía sino muchas, y desperdigadas.

Lo que les comento viene a raíz de este artículo, que indica que países como Italia, Portugal o España han visto descender la ocupación de sus salas de cine en torno a un 11% en lo que va de año. Pero la crisis de la butaca vacía no afecta a todos por igual, como era de esperar, y en Francia, Reino Unido o Alemania el cine aún no se resiente de la que está cayendo. A esto podemos añadir el dato de que las películas españolas han recaudado más fuera de nuestras fronteras que aquí y la cosa parece estar ya del todo clara, nosotros no tenemos dinero para ir al cine.

A todos nos gusta meternos en un cine vacío –o casi– y ver una película en apacible intimidad, pero está claro que ese síntoma refleja una peligrosa enfermedad. Quizás por eso en Sevilla algunos propietarios de cines pidieron (y han obtenido en los tribunales) el cambio de uso establecido en el Plan General de Ordenación Urbana –que condenaba esas salas a usos culturales, ahora mismo poco rentables– por otro que les permitiera traspasar los locales con mayor libertad. Da la casualidad de que esos cines son los que se encuentran en la zona más céntrica de la ciudad y son además los más singulares, ya sea por su cartelera menos comercial, su oferta en versión original o la particularidad de sus salas. Por todo esto, mucho me temo que voy a tener que ir haciéndome a la idea de perder cines como este que les muestro abajo, el Cervantes. El único que pervive en tierras sevillanas con sólo una sala y que, como pueden ver, conserva su forma de antiguo teatro. Abrió sus puertas como tal en 1873 y en los años 50 se adaptó para su uso cinematográfico. La película más reciente que vi en esta elegante estancia fue The Artist y espero que no sea la última.





14 comentarios:

  1. Cines de una sola sala, una vieja especie en vías de extinción.

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  2. Es una verdadera pena el asunto Mara, y eso no sucede solo en Europa, aca en Sudamerica tambien pasa y mucho... Como has dicho es "lindo" entrar a una sala vacia, te sientes el ùnico, pero obviamente no es un buen sintoma del cómo estan las cosas.

    Genial tu comentario. Un abrazo.

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    1. Vaya, veo que la cosa es más global de lo que parece... Sí que da pena y, aunque los tiempos mandan, siempre me pregunto si no se podría hacer algo para que este tipo de salas fueran más rentables. En fin, gracias por comentar, un abrazo.

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  3. En contraste con la "crisis de la butaca vacía" está el dato de que jamás se ha visto tanto cine como hoy, por los medios más variados e inverosímiles. Y eso para mí es lo importante. La nostalgia barata, las subvenciones caras y la "excepción cultural" (modelo Francia) favorecen a algunos, pero perjudican a muchos.

    No se olvide, por ejemplo, que, la mayoría de las veces, los directores ven la película que ruedan en la sala de montaje y poco más. Y eso si tienen, por contrato, la posibilidad de controlar esa fase de la producción. Si acuden a los estrenos de masas (o menos masas) no es precisamente por razones cinematográficas. Distingamos, entonces, entre cine, política, ecos de sociedad y costumbres.

    Salucines

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    1. Cierto es Fernando. Afortunadamente hoy hay otras maneras de ver cine, maneras que además se escapan de esos circuitos establecidos que se supone deben seguir las películas. Y eso para mi es indudablemente bueno.

      Sin embargo, a mí me encanta ir al cine e iría mucho más si pudiera, y es que los precios son demasiado altos para los tiempos que corren. Desconozco el funcionamiento de esta industria, pero creo que es poco flexible, todas las películas valen lo mismo, ni siquiera existen diferencias notables entre salas muy diferentes. Yo no estoy a favor de las subvenciones, ni siquiera de esas "protecciones" por parte de políticos que no hacen más que postergar lo que se muestra ya inviable, pero me llama la atención que con este panorama las salas de cine no muestren ningún cambio y simplemente echen el cierre. ¿No se les ocurre innovar o no pueden hacerlo? Resumiendo, que seguro que al cine no le hacen falta subvenciones, intermediarios y parafernalia, pero tampoco espectadores potenciales, que de eso yo creo que hay de sobra. Algo se está haciendo mal.

      Lo de la nostalgia no lo puedo evitar. Demasiadas películas he visto en el cine de arriba...y desde que era una niña. Inevitable :(

      Un saludo

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  4. Querida Miss Miniver; interesante artículo donde estableces el paralelismo de Monsieur de Gaulle—el general—con una elíptica, Frau Merkel en un escenario de recortes y ahorro asfixiante al desparrame de los últimos años, que contó con la autocomplacencia de todos los que habitamos la utopía Europa. Lo del cine español sigue siendo de psicoanálisis y pienso que el caso Almodóvar o el gore o terror catalán facturan, evidente, pero sigue siendo un misterio eso del cine Made in Spain. Pasará este nubarrón como la crisis de los 50 en EE.UU y la TV; la gente volverá a esos divinos espacios. Tiempo al tiempo. Gran propuesta la recuperación de espacios insignes del patrimonio cultural de nuestro país. El Cervantes es un lugar muy hermoso y espero que siga proyectando buen cine. Reciba un abrazo

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    1. Bienvenido JC. Efectivamente, lo del cine español es una cosa rara, ya veremos por donde sale. Por lo pronto David Trueba ha rodado su última película sin ayudas y proyectando sólo en un par de salas, lo de la crisis puede que nos cambie el panorama.

      El futuro del Cervantes parece incierto pero se merece una larga vida, si no como cine, como algo que le permita conservar su identidad, con sus palcos y su patio de butacas. Es muy bonito, a ver qué pasa. Y reciba usted un abrazo igualmente ;)

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  5. Pero si es que se veía venir.

    El cine entró hace unos cuantos años en una dinámica de consumo muy peligrosa.
    Los cines se cambiaron por los multicines. Esos odiosos lugares, normalmente ubicados en centros comerciales, donde se dan casos en que la película es lo de menos. Palomitas por doquier (y no creo que sean baratas), mensajes de movil, bebidas, bocatas,... hasta yo he visto enseñar lo que se habían comprado en Zara!!! , por Dios!!.

    Que ha pasado, que las entradas son muuuucho más caras, y ahora a cualquiera le sale una pasta ir al cine y más con niños.

    El Dvd, la mula y artilugios similares son los que se estan aprovechando de esto.

    Y como no! a todo esto hay que añadir un aspecto importantísimo, cada vez son peores los estrenos. En lo que llevamos de año, con los dedos de la mano se cuentan los buenos.

    De Francia y Reino Unido, yo tengo envidia. Llenan (sobre todo los primeros) las salas con producciones de su propio pais, cosa que aquí no ocurre. O cambia la dinámica o mal vamos.

    Con lo maravilloso que es ir al cine, sí, al cine, no a ver una película en la sala 17.
    En mi ciudad ya no hay cines... hay negocios.

    Un abrazo

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    1. Jajaja, Noodles eres un auténtico purista del cine, eh?

      Yo no tengo nada en contra de los centros comerciales, son prácticos y por lo tanto veo normal que resulten atractivos y exitosos, pero me choca la poca diferencia de precios que hay entre un cine pequeño y humilde y el megacentro. No sé cual es el problema para que pase eso ¿lo más caro es proyectar la película y no la infraestructura? ¿No son lo suficientemente competitivos o es que no les permiten serlo?

      El cine francés tiene un sistema de cupos y un proteccionismo en el que yo me pierdo, y aunque no me parezca el mejor sistema es innegable que llevan un año de lo más exitoso, las cosas como son. Los ingleses, como dije en esta entrada hace poco http://maraminiver.blogspot.com.es/2012/06/no-se-lo-digais-nadie.html
      no dejan de innovar. Pero lo de los ingleses es otra liga.

      En fin, que a mí también me gusta ir al cine, cine, como tú dices, aunque a veces compro palomitas, no te voy a engañar ;)

      Un abrazo

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  6. Me dan una gran nostalgia estos cines. Todo evoluciona, para bien o para mal. Pareciera que uno cada vez se va volviendo más romántico según pasan los años.

    La crisis, por otro lado, afecto a todo. A este paso llegará incluso a la todopoderosa Alemania. Creo que esto va para largo y que va a peor. Llámame pesimista, pero es lo que creo sinceramente. Estaría bien que me equivocase.

    Un saludo, Mara.

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    1. Sí, Javier, la nostalgia es un claro síntoma de que uno va cumpliendo años :( y ahora con más motivo, pues con el panorama que hay parece que cualquier tiempo pasado sí que fue mejor...

      Bueno, supongo que la esperanza es lo último que se pierde, pero tampoco es que sea muy positiva yo, no. Ojalá nos equivoquemos los dos.

      Un saludo

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  7. Estoy leyendo los comentarios y todos tienen parte de razón; pero yo creo que toda la culpa no la tiene la crisis; porque siguen pagándose precios desorbitados por una entrada de futbol, un concierto de Lady Gaga(por poner un ejemplo), o cualquier otro espectáculo de moda...y comparado con el precio de una entrada de cine, no hay color. En cuanto a sala de cine de las de antes (preciosa laque has puesto), o multisalas, yo prefiero las de antes siempre que sea posible, pero acudo con frecuencia a las otras también. Lo de las palomitas es una cuestión de educación, tomarlas discretamente sin molestar. Yo las tomaba cuando era jovencita y ahora, percibir el olor de las palomitas cuando me acerco al cine, forma parte de mi ritual; pero hay un momento para cada cosa; no es lo mismo ver una película de acción o entretenimiento, que una de Bergman o Tarkovski, claro está.
    Una entrada muy interesante, Mara.
    Un abrazo

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    1. Tienes razón Selegna, hay unas películas para palomitas y otras que no, que en más de una película se te pueden atragantar... Y sí, la crisis no golpea a todos por igual, pero ahora por ejemplo hay muchos conciertos, los músicos ya no pueden vivir de los discos solamente y eso se nota. Lo de las entradas pues hay de todo, pero creo que tampoco son buenos tiempos aunque los grandes nombres se pueden permitir sus precios (que me quedé sin ir a Bruce Springsteen en Sevilla porque no veas el hombre como se cotiza... sniff)

      En fin, veremos como termina la cosa, esperemos que el hambre avive el ingenio y este tipo de salas permanezcan.

      Un abrazo

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