jueves, 8 de marzo de 2012

ATCHÍS!!

Esta mañana me he levantado después de haber estado postrada en la cama un par de días. Han sido días de zumos y frenadol, de toser, comer, dormir y no hacer nada que requiriera un mínimo esfuerzo mental. Para no perder el tiempo, y como única opción en un fatigoso estado horizontal, me he hartado de ver pelis.


Combiné aquéllas a las que les tenía ganas desde hacía tiempo, como Stromboli,  o Amanecer, con otras que me iba encontrando por internet,  como la nefasta Klimt o la curiosa Muerte de un burócrata.








Pero lo mejor del resfriado ha sido que en un momento dado, y kleenex en mano, me dio por acercarme a esa estantería con películas que rapiñé hace tiempo de algún que otro periódico y que no suelo ver por la sencilla razón de que sé que están ahí y no se pueden ir a ningún otro sitio. Así cogí unos cuantos DVD, sin el menor criterio, y me volví al lecho sin saber que llevaba encima una película que me encantaba en mi infancia y de la que recordaba bastante poco.


La pequeña princesa (que así se llama la película en cuestión) era una película que nos volvía locas a mi abuela y a mí cuando yo era pequeña y que siempre nos encogía el corazón sin importar lo repetidas que tuviéramos ya sus escenas. Sus ingredientes eran tradicionales: niña monísima de tirabuzones rubios más orfanato más persona mala malísima a la que está a cargo. Esto no le impide a la muchacha hacer un millón de amigos y cantar y bailar con soltura, tal que así:








Los años no han pasado por Shirley Temple en la pantalla, claro está, y sigue siendo esa niña de encantadores tirabuzones mezcla de graciosa y redicha que ha sido siempre y yo, por esto de ser ya mayor, me he preguntado por primera vez qué habría sido de ella en la vida real, dando por seguro que esa mezcla de fama e infancia le habrían pasado factura, que le habrían arrojado a las drogas y al alcohol y que, a su vez, éstas le habrían llevado a una muerte joven a lo Judy Garland o Natalie Wood. O quizás, peor aún,  llevaría una vida amargada y oscura, propia de una Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane?. Pues no, resulta que no, que me equivoco.


Shirley Temple continuó haciendo papeles en el cine como secundaria, hizo sus pinitos en política y está hoy vivita y coleando a la edad de 83 años. Además me he enterado de que, aparte de sus películas y del extenso "merchandising" que generó en su época, tiene un cocktail en su honor –apto para todos los públicos, of course– con lima-limón y granadina y decorado con una bonita guinda. Y con una versión "dirty" para los que gusten del alcohol, como yo, que me tomaría ahora uno con mucho gusto si no estuviera aún un poco convaleciente.



5 comentarios:

  1. Lo siento Mara, pero no he visto esta cinta, por supuesto sé quien es La Temple, una criatura que triunfo de niña y de mayor no lo pudo hacer...lastima.

    un abrazo.

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  2. Me apunto el cocktail y este finde me lo preparo
    que ahora es un poco tarde.

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  3. Pues me temo que "La pequeña princesa" a ciertas edades ya no impacta igual, pero unos cuantos "dirty Shirley", con sus chorritos de vodka, seguirán entonando lo mismo. Habrá que probarlo. Un beso Susan.

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  4. Con Amanecer me quito ese sombrero imaginario que todos llevamos y le doy unas cuantas volteretas circenses. Con Stromboli me mantengo con el sombrero quitado.
    Del resto no se no comento, aunque me alegro de que la Temple sea una abuelita dulce (no me la imagino de otro modo).
    !que sea dirty please!

    Me alegro que te estes recuperando..

    Saludos

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  5. Me ha hecho gracia lo del sombrero, me ha recordado a Hans Castorp en La montaña mágica, cuando dice que el sombrero "hay que llevarlo para que uno pueda descubrirse en las circunstancias adecuadas"...

    Yo le echaría un vistazo a "Muerte de un burócrata", está colgada en You tube y tiene su gracia, claro que a mí me pierden los argumentos kafkianos y las distopías.

    Y ya estoy recuperada del todo, así que a ver si mañana me ponen el dirty Shirley en el bar de siempre... Un saludo

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