lunes, 11 de mayo de 2015

Finding Vivian Maier

Fue hace un par de años cuando yo me aficioné (o mejor dicho, me enganché) a esa cosa llamada Pinterest. Iba entonces en autobús al trabajo sin levantar los ojos del móvil y pineando fotos de las disciplinas más insospechadas. El viaje se hacía más corto y sacaba no pocos descubrimientos cada día: insólitas recetas de cocina, laboriosas manualidades o el que hoy traigo por aquí, ni más ni menos que las fotografías de Vivian Maier.



Y es que nada sabía yo de la autodidacta autora hasta que empecé a cruzarme día tras día con sus fotos. Algunas en color, la mayoría en blanco y negro, y todas originales y expresivas. Tardé en rascar más allá de la superficie, pero cuando me puse a buscar información sobre la genial fotógrafa me costó creer lo que google arrojaba: que nunca había sido profesional, que su medio de vida era cuidar niños y que la cantidad de carretes que había dejado a su muerte significaba probablemente que le otorgó a la fotografía una exclusividad  incompatible con la familia, la pareja o cualquier aspiración laboral.



Con su cámara siempre al cuello, Maier retrató las ciudades de Nueva York y Chicago con esmero, convirtiéndose en la actualidad en valiosos testimonios que abarcan esencialmente la segunda mitad del s. XX. En 2007 sus negativos fueron a parar por casualidad a manos de John Maloof, un joven que los adquirió en una subasta buscando información sobre Chicago. Maloof encontró en ellos no sólo información relevante para su estudio, sino también un material que le empujó hacia la fotografía y la investigación sobre la autora.



Al parecer Maier nunca tuvo la intención de exponer sus fotografías, aunque John Maloof las hizo virales mediante un blog. Después, comenzó a trabajar en el documental que nos ocupa: Finding Vivian Maier. El encuentro con ésta fue imposible, pues falleció en el 2009, pero la búsqueda no fue infructuosa: el documental estuvo nominado este año a los Oscars y, aunque la estatuilla no se la llevó, arroja algo de luz sobre la ignorada artista. Nunca es tarde si la foto es buena.



viernes, 13 de marzo de 2015

La etapa sin Philip


El canal TCM le rinde homenaje estos días a Paul Thomas Anderson con motivo del estreno de Puro Vicio. En su honor se emiten Punch Drunk Love, Magnolia y Boogie Nights, película –esta última– que me viene a la cabeza tras ver el cartel de la última cinta del director. Puede que sea sólo por el entorno setentero y por el colorido, aunque el título también promete otros paralelismos, quién sabe.




Mientras miro los horarios de su última película en la cartelera pienso en la pereza que me da estos días meterme en los cines con un solito primaveral sevillano que cada vez es más duradero y que invita más a la cerveza al aire libre que al celuloide. La pereza aumenta al ver el escaso 6,2 que le otorgan los espectadores en Filmaffinity. Creo que es su nota más baja junto con The Master, la cual ya se me hizo bastante larga y tediosa en su momento. El tercer pilar de la pereza infinita que me provoca Puro Vicio no tiene nada que ver con la meteorología o las referencias, es más bien una ausencia: Philip Seymour Hoffman. Poco se sabía del actor neoyorkino hasta que Paul nos lo presentó y de su unión salieron dos prósperas carreras. Del amor hacia su actor predilecto ha hablado el director en más de una ocasión (aquí el enlace de la prueba) y salvo en Pozos de Ambición,  nos tenía acostumbrados a traérselo a la sala de cine. Ahora se hace raro. Creo que me resistiré unas semanas más a la película, aunque sólo sea para hacerme a la idea de que Puro Vicio inaugura otra etapa en la filmografía del director. La etapa sin Philip.





sábado, 21 de febrero de 2015

Esto ya no es lo que era


Los Oscars están al caer y las quinielas en estos momentos echan humo. Este año el evento ofrece muchos de sus factores recurrentes –como la interpretación forjada a golpe de transformación física de Eddie Redmayne o la cuestión racial de Selma–  junto a otros menos frecuentes pero igualmente vistos, como el rescate de antiguos nombres. A veces la industria ofrece una segunda oportunidad a caras que abandonaron la primera división, y ahí está el respetado Bill Murray para recordarnos que del otro lado también es posible volver. Este año el repescado es Michael Keaton, quien lleva ya unas semanas con el esmoquin puesto gracias a su papel en Birdman, la última película de Alejandro González Iñárritu.




El trabajo le viene a Keaton como anillo al dedo. Da vida a Riggan Thomson, una vieja gloria relegada a papeles intrascendentes que hace un último esfuerzo por resucitar. Quizás la dureza de la farándula tenga la cara de las actuales Meg Ryan o Renée Zellweger, pero hay retratos mejores de la debacle artística. Por ejemplo el que hacía Billy Wilder en 1950 en El crepúsculo de los dioses, donde Gloria Swanson también se remedaba un poco a ella misma haciendo de la gran Norma Desmond, o la miseria de las bambalinas de Eva al desnudo.


Gloria Swanson en Sunset Boulevard


Y es que salvo algunos incombustibles (¡larga vida a Meryl Streep!), las caras viejas se van para dejar paso a las nuevas,  para que nos aprendamos nombres que vuelven a poner a prueba la prosodia de cualquiera, como, por ejemplo, el de la benjamina Quvenzhané Wallis o el de Lupita Nyong'o, quien bromeaba en este video sobre el tema.


Buster Keaton y Charlie Chaplin en Candilejas


"La fascinacion de las candilejas de que la vejez ha de retirarse para dar paso a la juventud" era lo que mostraba Chaplin en 1952 con su película Candilejas. Artista e hijo de artistas, supongo que a Charlie el tema no le dejaba indiferente. Su personaje, Charlot, había dejado de vagabundear y con sus últimas películas el inglés no andaba con buena prensa. Su humor ya  había hecho mofa de la industrialización o los totalitarismos pero pinchó con el Comité de Actividades Norteamericanas tras rodar Monsieur Verdoux, una película difícil de encajar en los tiempos del macarthismo. Candilejas es considerada la despedida de Chaplin y para irse a lo grande contó con su colega Buster Keaton, a quién ofreció un pequeño papel. Keaton había tenido una década de los 20 fructífera y exitosa, pero poco quedaba de eso cuando reapareció a principios de los 50 y se le pudo volver a ver en escena con pequeñas intervenciones en películas como Candilejas o en la anteriormente mencionada El Crepúsculo de los dioses. Sí, todo muy irónico. Por cierto, que Michael Keaton se apellidaba Douglas, pero para no confundir al personal con el vástago del gran Kirk, Michael eligió Keaton por admiración a Buster. A Buster el relanzamiento de su carrera le sirvió para llevarse a casa el óscar honorífico en 1960, Michael podría tener la estatuilla en casa en cuestión de horas. Y es que, más allá de su labor interpretativa (sin objeciones, estupenda), cuenta el actor con unos colegas muy dados a valorar este tipo de historias. Birdman no es desde luego el El crepusculo de los dioses ni Candilejas, pero sin duda llegará al corazoncito de los que se sienten mañana en el Dolby Theater. Normal.